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llorar cuando hay que llorar no es de cobardes. Uno se desahoga muchas veces llorando, y para nosotros querido Alberto, hay una promesa preciosa de que nuestro llanto se convertira en gozo, y tenemos que aferrarnos a ella con todas nuestras fuerzas. El es fiel, y como tu mismo has dicho, Dios es bueno.
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