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¿Es aburrida la santidad?

Cuando se habla de santidad muchas personas se asustan. Si bien Dios quiere que sus hijos vivan apartados de la corrupción y el ambiente falso y frívolo que caracteriza al mundo contemporáneo, ello no quiere decir que debamos abstenernos de todo disfrute o bienestar. La santidad no es un castigo ni un impedimento para disfrutar la vida. ¡Todo lo contrario! Más bien es un tesoro que nos libera de cargas, costumbres y decisiones que sí pueden desgraciarnos…  

El programa Mensajes de Fe y Esperanza se transmite de lunes a viernes a las 7:55 por los 800 AM (Onda Media)

¿Iglesias perfectas?

¿Asistes o perteneces a alguna iglesia esperando encontrar allí personas perfectas? De seguro sufrirás decepciones más temprano que tarde. ¡No hay seres humanos perfectos en ninguna parte! ¿Lo sabías? Uno de mis profesores en el seminario siempre contaba de una mujer que una vez le dijo:

-Creo en Dios pero no voy a la iglesia porque allí hay mucha gente hipócrita y no resisto a la gente hipócrita.

A lo cual él contestó:

-¿Entonces a donde irás, hija? No puedes ir a las tiendas, ni al cine, ni a una fiesta, ni montar un ómnibus, ir al parque, la bodega o a la playa… Y si te enfermas no se te ocurra ir a un hospital. ¿Dónde vas a meterte? ¿No habrá hipócritas entre tus familiares también? ¡Los hay en todas partes! De paso, ocúpate de que cuando te mueras no te entierren en un cementerio porque de seguro allí habrá también hipócritas sepultados. 

Ignoro que contestó la mujer. Lo cierto es que donde quiera que haya seres humanos habrá errores e imperfecciones, incluso en las iglesias… 

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Huyendo de la razón

El título de esta publicación lo tomo de un libro del Dr. Francis Schaeffer —teólogo evangélico, filósofo y pastor presbiteriano estadounidense ya fallecido—, porque lo recordé inmediatamente tras leer un artículo periodístico que compartí hace poco en mi página de Facebook, donde el autor asegura que en los últimos cuarenta años, el campo individual supera al colectivo y la emoción a la razón.

Opino que las conductas irracionales, las emociones negativas y el egoísmo proliferan cada día más. Observo tantas actitudes, prácticas y costumbres que mi cosmovisión cristiana considera ilógicas e insensatas —además de anti bíblicas—, que me pregunto si una locura viral y altamente contagiosa también se ha esparcido por el mundo. Por lo tanto, no me extrañó leer que un grupo de científicos declarara que durante los últimos cuarenta años, el interés público ha experimentado un cambio acelerado de lo colectivo a lo individual, y de la racionalidad a la emoción. Además, el periodista insiste en que los especialistas descubrieron que el cambio de la racionalidad a la emoción en el lenguaje se aceleró alrededor del 2007, coincidiendo con el auge de las redes sociales. ¿Leíste bien? ¡Las redes sociales!

Nadie se asuste que no acusaré de demoníacas a tales redes, pues son un instrumento poderoso con posibilidades infinitas para beneficiarnos si las usamos con racionalidad, sensibilidad humana y dominio propio. Entre otras virtudes, pueden añadir sentido, belleza y alegría a nuestras vidas manteniéndonos en contacto con nuestros familiares y la gente que amamos esparcida por el mundo. ¿Cómo pudiéramos vivir sin ellas? Más cuando sin el menor recato las usamos para volcar en ellas nuestras frustraciones y emociones exaltadas —menoscabando el prestigio ajeno, propagando noticias sin comprobar que son ciertas, o si creemos ciegamente lo que vemos y oímos en ellas sin investigar—, pueden transformarse en un instrumento destructivo que nos desvalora y denigra a todos. A ello se debe la declaración de que el auge de las redes sociales coincidió con el proceso mediante el cual el lenguaje humano perdió racionalidad enfocándose más en las emociones.

Las emociones son procesos psicofisiológicos que experimentamos al responder a estímulos externos y determinadas vivencias. Como podrán ser positivas o negativas dependiendo de las reacciones que generen, ante esta disyuntiva nuestro gran reto es lograr un equilibrio sano entre las emociones y la razón —lo que algunos llaman inteligencia emocional—, pues aunque experimentamos emociones y sentimientos somos seres con capacidad de razonar, discernir, evaluar, delimitar, elegir o rechazar. Por ello la Biblia enseña que debemos ofrecer a Dios un culto racional (Romanos 12:1). ¿Será que hasta en la adoración cristiana actual predomina más la emoción y el sentimentalismo —ambos con frecuencia tan volátiles—, que el desempeño de un culto racional con todo lo que ello significa?

Hay un antiguo consejo paulino que nos conmina a no reaccionar solo emocionalmente ante cualquier suceso sino a usar el raciocinio, ese don precioso e inigualable que Dios concedió en exclusiva a la raza humana: Concéntrese en todo lo que es verdadero, todo lo honorable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo bello y todo lo admirable. Piensen en cosas excelentes y dignas de alabanza. No dejen de poner en práctica todo lo que aprendieron y recibieron de mí, todo lo que oyeron de mis labios y vieron que hice. Entonces el Dios de paz estará con ustedes (Filipenses 4:8. NTV). También el apóstol hizo una declaración sorprendente: más nosotros tenemos la mente de Cristo (1 Corintios 2:16). Por lo tanto, en cualquier circunstancia —incluyendo nuestro aporte a las redes sociales— debe dominarnos el espíritu de Cristo y no la frivolidad, la falta de pudor e irracionalidad cada vez más presente en el mundo luchando por conquistar la mente y la aprobación de todos.

Es innegable que al observar muchas conductas humanas a veces pereciera que hemos dejado de ser seres racionales. Dios nos ayude a quienes pretendemos seguirle a no ser llevados por tal corriente avasalladora y aportemos con nuestra conducta, decisiones y actitudes todo lo hermoso, digno y esperanzador que el evangelio de Cristo puede ofrecer a la humanidad. Aun en los momentos más difíciles y frustrantes, animémonos recordando que todo aquello que es nacido de Dios vence al mundo: y esta es la victoria que vence al mundo, nuestra fe (1 Juan 5:4).

Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado, pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, prosigo al blanco, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús (Filipenses 3:13)

La depresión (3)

Algunas personas se resisten a aceptar que están deprimidos y lo niegan rotundamente. ¿Será que piensan que es falta de fe o un mal testimonio cristiano? ¿Quién ha dicho que los creyentes en Cristo no pueden caer en depresión? Afirmar tal cosa es desconocer las Escrituras.

Si bien la fe es una ayuda inigualable para poder enfrentarnos de manera satisfactoria a los múltiples retos y problemas de la vida, son muchos los factores que pueden provocar que cualquier humano —con independencia de que sea creyente o no— caiga en depresión. La Biblia es clara con respecto a ello y en el libro de los Salmos se muestran claramente las angustias y sentimientos depresivos que los creyentes pueden experimentar.

¡No en balde es uno de los libros bíblicos más leídos y amados por los creyentes!

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¿Apariencia o realidad?

No todo lo que brilla es oro, declara un refrán muy conocido que nos revela una gran verdad: a veces las apariencias pueden engañarnos. ¿Sucederá lo mismo con el cristianismo que vivimos algunos de nosotros? Todo lo que decimos creer, ¿coincidirá siempre con lo que otros ven cuando nos miran actuar ante las disímiles situaciones que a veces se nos presentan?

Cierto es que nadie es perfecto, pero debiéramos ser muy cuidadosos. Si reaccionamos de manera errada a cualquier circunstancia fortuita, pudiéramos provocar que otros duden sobre la sinceridad de nuestra fe.

Cuando eso sucede, en vez de inspirarles a creer en lo que predicamos, les hace pensar que todo es falso, inoperante, ridículo, y nos convertimos en un obstáculo para que otros abracen la fe que predicamos…

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Dios no se fue de Cuba

Abrumado por los sucesos del año pasado —recrudecimiento de la pandemia, aislamientos, terrible crisis económica y carencias frustrantes, controversias políticas, incertidumbres y malos presagios, nuevo incremento de la emigración— decidí leer de nuevo mi libro Y vimos su gloria, publicado en el 2007 sobre la historia de la Convención Bautista de Cuba Occidental desde 1959 hasta entonces. Factores circunstanciales impidieron una publicación amplia, por lo cual quince años después es desconocido por muchos. Ello me entristece porque para escribirlo realicé un estudio detallado y profundo por varios años.

Según releía mi propia obra, percibí coincidencias actuales con las experiencias que vivimos los cristianos cuando el marxismo y el ateísmo científico se implantó como ideología oficial del país. En poco tiempo mucha gente se declaró decididamente atea y las iglesias enfrentaron grandes dificultades. Muchos cristianos emigraron y no pocos miembros y asistentes negaron su fe atraídos por las nuevas ideas.

Tales vivencias hoy son ignoradas por la multitud de nuevos creyentes que en las últimas tres décadas abrazó la fe cristiana llenando y multiplicando las iglesias. Además, al releer todo lo ocurrido me impresionó un fragmento del libro que bajo el mismo título de este artículo, transcribo a continuación.

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¡Ésta es la gran noticia!: Dios fue echado de Cuba pero no se marchó. Su omnipresencia no abandonó la isla aunque se declaró atea, porque él es el Señor del universo, Dios de la creación, quien no habita en templos hechos de manos más lo hace en los corazones de sus hijos. Seríamos acusados de locos creyendo que Dios mora en nosotros si la Biblia no dijera: ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? (1 Corintios 6:19). Podemos carecer de todo menos de compañía divina.

Los cristianos cubanos vimos partir a mucha gente amada por causas políticas o económicas y por rechazar la ideología ateísta que anunciaba el inevitable fin de la religión. Emigraron muchos pastores, miembros y líderes de iglesias. Era desgarrador despedir en el aeropuerto a quienes emigraban en los años sesenta y principios de los setenta del pasado siglo. Como se marchaban catalogados como apátridas, era un viaje sin regreso, un adiós definitivo.

La angustia era intensa en cualquier corazón, ya fuera que viajara en el avión o lo observara levantar el vuelo. Unos lloraban lo que dejaban por detrás, otros lo que tendrían por delante. Los primeros tenían la esperanza de una vida nueva a pesar del desarraigo y la lejanía. Los segundos, lloraban por la separación y la partida de personas amadas sin más esperanza que acostumbrarse a su ausencia. Los viajeros conquistaron un deseo añorado, lo cual reconforta mucho aunque no evite la sensación de pérdida. Quienes les despedían aumentaron a sus luchas diarias el dolor de ver las casas vacías, los muebles y las pertenencias de quienes se perdieron en el cielo en un pájaro de hierro. Después, cuando el gobierno cubano decidió permitir que los emigrados regresaran a visitarles, las despedidas ya no tenían el signo del nunca jamás, pero permaneció el dolor latente a ambos lados del estrecho de la Florida.

A veces los que quedamos no comprendemos la aflicción de los que se fueron. Una gran amiga, quien realizó la primera edición de este libro —la Dra. Ana María García Alvarado, exiliada desde 1960 y jamás ha vuelto a Cuba—, un día me escribió: si el río Hudson en el área de West New York, que tú has visto, pudiera hablar, mencionaría las millones de lágrimas que recibió cuando el despegue rasgó la vida. Las mías, en profusión, están todavía por ahí. Engrandecí al Atlántico.

Muchas iglesias cubanas vieron partir a sus pastores, sus mejores líderes y los miembros más fieles. Maestros de escuelas dominicales, directores de coro, predicadores laicos, pianistas, coristas, diáconos y personas muy valiosas de sus congregaciones. El esfuerzo de años en preparación de líderes y formación cristiana, se perdía de un domingo para otro. Los bancos vacíos eran un cruel presagio que reforzaba el augurio marxista del fin de la religión. El piano cerrado en algunas iglesias era un recordatorio constante de la ausencia de alguien imprescindible a la hora del culto. Muchos se marcharon tras aquellos que emigraron primero; era una fiebre contagiosa que se esparcía con rapidez.

Dios no se contagió. Aunque pudiera ser que algunos pretendieran llevárselo en exclusiva.

—¡Nos vamos! Esta isla maldita ha perdido la bendición de Dios—escuché decir a un pastor.

Dios hizo lo que solo él podía hacer: acompañó, animó, confortó, enjugó las lágrimas y fortaleció  a los que se marcharon, haciendo lo mismo con quienes se quedaron. Donde quede un hijo suyo Dios  permanece. Donde marche otro, él le acompaña. Nadie impide una cosa ni la otra. A él no se le puede encerrar en una maleta ni obligarlo a cruzar una frontera. Por eso y para eso, es Dios. Su poder es infinito y su amor abarca a todos.

Tras la marcha de feligreses en aquellos años, sucedió el milagro: las iglesias de pronto empequeñecidas —tanto por quienes se iban del país como por quienes renegaban de la fe—, resultaron ser una fuente inagotable de nuevos líderes. La ausencia de muchos provocó el desarrollo necesario de otros. Y no faltaron maestros, pianistas, obreros, coristas, diáconos ni predicadores. Los fieles acostumbrados a estar sentados en los bancos, comenzaron a ocupar temerosos y sin brillo los puestos vacantes de las lumbreras idas y al poco tiempo comenzaron a brillar. Al pasar los años, cuando ocurría una nueva oleada migratoria, había líderes listos para marchar en un proceso que ha sido constante durante mucho tiempo. Como la historia bíblica del aceite de la viuda pobre que jamás se termina.

Cuando llegamos a la iglesia bautista de Pinar del Río en 1974, recién había emigrado la generación que impulsó la vida de la congregación por muchos años. Se hablaba de ellos como si aún estuvieran mencionándoles a diario. Años después hallamos una foto del coro que todos recordaban con nostalgia, incluyendo a la pianista y directora, la profesora María Amparo Vázquez. Al ver el número de miembros del coro anterior, me sorprendió constatar que el nuestro era mayor que aquel. También encontré programas impresos de los conciertos de Navidad que antes se realizaban —y salvo la ausencia de papel para imprimirlos— no tenían nada que envidiar a los que ya hacíamos cantando incluso el mismo repertorio.

Habíamos superado la partida de los líderes históricos pero la añoranza nos impedía darnos cuenta de bendiciones recibidas, las cuales nos demostraban que nadie era imprescindible en la viña del Señor. Como Dios da dones a sus hijos, se encargó de suplir y capacitar el relevo siempre que otros partían en oleadas constantes.

Las iglesias cubanas sintieron la emigración de sus mejores miembros como una pérdida sin comprender que podía ser un plan divino. ¿Cuántos líderes y pastores fueron a engrosar las filas de las iglesias hispanas en Estados Unidos? Al emigrar tantos cristianos cubanos, de algún modo repetían la historia del libro de los Hechos: Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes predicando el Evangelio (Hechos 8:4).

La contribución cubana a la obra evangélica hispana en Norteamérica es imposible de cuantificar. Las iglesias en Cuba parecían estar muriendo pero se renovaban constantemente, capacitando líderes con conocimiento bíblico y fidelidad al Señor. Entonces comprendimos lo que escribió Pablo a los corintios: como desconocidos, pero bien conocidos, como moribundos,más he aquí vivimos; como castigados, más no muertos; como entristecidos, más siempre gozosos, como pobres, más enriqueciendo a muchos, como no teniendo nada, más poseyéndolo todo (2 Corintios 6:9-10). Las iglesias que en apariencia languidecían, tenían mucho para dar y no percibíamos la maravilla. Después nos llegaban fotos en colores de los hermanos emigrados sirviendo en sus iglesias y nosotros les enviábamos las nuestras —en caso de lograr hacerlas— en blanco y negro. Recibir fotos hermosas de allá era común. Acá todo era milagroso, hasta sobrevivir.

Dios nunca se fue de Cuba aunque algunos aseguraron que sí. Él comenzó a demostrarnos que todo puede suceder, hasta lo inimaginable. Todo faltar, hasta la esperanza. Todos se pueden ir, hasta los más amados y capacitados. Todo se puede sufrir, hasta decir adiós más de lo que cree tolerar el corazón. Baste con que Dios se quede y su presencia sea real en una isla hermosísima pero que para muchos está condenada. Si Dios permanece en ella sucederá lo inconcebible. Solo es cuestión de tiempo. ¿Quién puede impedir que él se manifieste?

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Hasta aquí el fragmento nombrado Dios no se fue de Cuba del libro Y vimos su gloria. ¿Te preguntas por qué lo cito ahora? Hoy muchos creyentes del país percibimos que conceptos totalmente ajenos a los principios bíblicos que sustentamos luchan por imponerse en la sociedad cubana al amparo de una nueva Constitución de la República. En algunos aspectos, ello crea un escenario semejante para las iglesias como el que sufrimos a mediados de la década de los años sesenta y la posterior. Reiteradamente escuchamos declaraciones en los medios oficiales de comunicación tildándonos como retrógrados y  fundamentalistas que sostenemos doctrinas arcaicas y discriminatorias. Sin embargo, no hay oportunidad en los mismos medios para explicar las razones de nuestra fe y los principios que sustentamos con la misma libertad que disfrutan los que así nos catalogan. Aunque las autoridades han invitado a algunos líderes religiosos a distintas reuniones donde han expuesto sus opiniones en un ambiente de distención y respeto, no todos esos encuentros se han reportado en dichos medios.

Conocemos que tales conceptos no son exclusivos de nuestro país. Se propagan incluso en aquellos que se precian de una profunda herencia cristiana en los orígenes de la nación, un total contrasentido que nos confirma aún más la veracidad de las declaraciones bíblicas sobre el proceder humano en los postreros tiempos. ¿Acaso todo lo que ocurre puede resultar extraño para quienes conocen y creen las enseñanzas bíblicas?  

Nuestro gran reto será actuar sabiamente y estar siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia de la esperanza que hay en vosotros (1 Pedro 3:13). Nuestra mayor y sublime misión es ser embajadores en nombre de Cristo e insistir a las personas que se reconcilien con Dios. Como por la gracia divina cualquier ser humano puede abrazar la fe salvadora, recordemos que muchísimos niños y jóvenes que en décadas anteriores escucharon en sus aulas o en sus casas hablar despectivamente sobre las iglesias y la fe en Dios —o ellos discriminaron a sus amigos creyentes—, son los mismos jóvenes y adultos que inundaron las iglesias cubanas en los últimos treinta años, produciendo el crecimiento jamás antes visto en la historia del cristianismo cubano. ¿Entonces? El evangelio de Cristo sigue siendo poder de Dios para salvación a todo aquel que cree (Romanos 1:16).

No nos asustemos. Cierto es que no podemos discriminar ni despreciar a nadie, viva como viva, haga lo que haga o piense como piense. Seguimos a aquél que cuando le trajeron a una mujer adúltera preguntándole si según la ley podrían apedrearla, advirtió a sus acusadores que solo podían hacerlo quienes jamás hubieran pecado. ¡Y las piedras rodaron todas al piso sin rozar siquiera a la mujer! No es nuestra misión juzgar a nadie. Nuestro deber es mostrar a todos el amor de Dios en Cristo porque sabemos que cualquiera puede ser perdonado y transformado por el poder divino. ¿O es que ya dejamos de creerlo?

Sigo trabajando en “Y vimos Su Gloria”, actualizando datos históricos y subsanando lamentables omisiones. Lo ofreceré gratuitamente en formato digital a quien desee obtenerlo. En tiempos como este, su lectura es necesaria porque nos recuerda que Dios no se fue de Cuba ni se irá. ¡Él es Dios!

Urge que confiemos en él y continuemos sembrando el evangelio con amor y esperanza.

La depresión (2)

Algunas veces la causa de nuestra depresión tendrá que ver más con nosotros mismos que con los acontecimientos que nos desconciertan. ¿Te parece extraña esta afirmación? Eso se debe a que la manera en que reaccionamos a los problemas, las aflicciones o los retos de la vida depende más de nuestra condición espiritual que de la intensidad de los sucesos que nos aflijan.

Cuando no estamos en verdadera comunión con Dios y dispuestos a obedecerle confiando en que él sabe lo que hace, podemos atribularnos hasta en los momentos en que en realidad debiéramos estar felices y agradecidos. Siempre que ello suceda se deberá a que la desobediencia y la culpa pueden conducirnos con mucha facilidad a un proceso depresivo profundo y pecaminoso, tal como veremos en el programa de hoy…

(El programa Nuestro Hogar se trasmite todos viernes a las 10:00 PM por los 800 AM)

La gloria de Dios

¿Tienes una idea de lo que significa ver la gloria de Dios? Algunos la ven al contemplar la belleza de un amanecer o un atardecer y tienen razón, porque la Biblia enseña que los cielos cuentan la gloria de Dios y la expansión denuncia la obra de sus manos (Salmo 19:1). Otros la ven al experimentar un milagro de sanidad, o al recibir respuesta a sus oraciones pidiendo la solución de sus problemas y cuando ven cumplidos sus deseos largamente añorados. No obstante, la Biblia también enseña que toda la tierra está llena de su gloria (Isaías 6:3), lo que indica que podemos encontrarla dondequiera y en cualquier momento. ¿Será posible?

Cuando miramos a nuestro alrededor vemos con frecuencia problemas cada vez mayores: desamor, desvergüenza, constantes desatinos en la conducta humana. Con ese escenario que nos circunda ¿cómo lograremos ver la gloria de Dios?

A pesar de todos los problemas y frustraciones que experimentamos durante nuestra vida, podremos encontrarla dentro de nosotros mismos si le obedecemos y servimos con todo nuestro corazón. Entonces todo cambia y podemos decir como el salmista: En Dios está mi salvación y mi gloria, en Dios está la roca de mi fortaleza y mi refugio (Salmo 62:7)

El programa Mensajes de Fe y Esperanza se transmite de lunes a viernes a las 7:55 pm por los 800 AM (Onda Media)

Vivir con dignidad

Actualmente muchas personas rigen su vida siguiendo exclusivamente los dictados de sus propios deseos, la conveniencia, sus sentimientos o en dependencia de las circunstancias. Si en determinadas ocasiones tales motivos pudieran darnos justa razón para actuar, en otras será obvio que aquello aparentemente provechoso no será legítimo, que lo que deseamos no siempre es viable y lo que sentimos pudiera estar en contradicción con lo que en realidad debiéramos hacer o asumir, incluso, por el bien de otros. ¿Entonces?

Vivir con dignidad siempre será costoso y como la vida cristiana se rige por principios y convicciones claramente definidos en la Palabra de Dios, no te extrañes si a veces tu deber será renunciar a lo más fácil y conveniente para hacer aquello que a Dios le agrada. Si así haces, habrás escogido el camino de la verdadera libertad.

Lo demás es puro cuento… ¡Y la propia vida se encarga de cobrarlo caro!

El programa Mensajes de Fe y Esperanza se transmite de lunes a viernes a las 7:55 PM por los 800 AM (Onda Media)

La depresión (1)

Algunos piensan que los creyentes están libres de sufrir el acoso de la depresión, uno de los males más comunes en el mundo contemporáneo, pero en realidad no es así. Casi todos nosotros hemos sentido en ocasiones una inmensa tristeza lo cual es absolutamente normal si hay causas reales que la provocan.

Pero si nuestra tristeza se alarga y profundiza convirtiéndose en una melancolía permanente, ya pudiera ser depresión y debemos buscar ayuda…

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Ante las puertas de un nuevo año

Mantén tu Fuego Ardiendo (Poema de Francisco E. Estrello)

La senda se va haciendo impenetrable,
Es un velo de sombras el camino;
A tientas va el viajero persiguiendo
La ilusión que se fue y ya no vino.
¡Mantén tu fuego ardiendo!

La noche se echa ya por las veredas,
El silencio se tiende en los caminos,
Y hay todavía esperanzas rezagadas
Que en carrera agitada van volviendo.
¡Mantén tu fuego ardiendo!

Hay tempestad arriba, ni una estrella. Los senderos están resbaladizos;
No se distingue nada, ni una huella,
Y un viajero perdido va cayendo…
¡Mantén tu fuego ardiendo!

Mira cómo el ideal padece frío,
La vida se ha enfermado de tinieblas;
Y ese mal de las sombras va envolviendo
Todo lo que es más bello, hermano mío …
¡Mantén tu fuego ardiendo!

No te asuste la noche,
La mañana vestirá luminosa en su alegría;
Pero en tanto la luz va esclareciendo,
¡Mantén tu fuego ardiendo!

Mantén tu fuego ardiendo …
Defiéndelo del viento, ¡te lo apaga!
Cúbrelo de la lluvia, ¡te lo ahoga!
Y mientras cuesta arriba vas subiendo
O cuesta abajo ya vas descendiendo,
¡Mantén, siempre mantén, tu fuego ardiendo!

Vi un ángel parado a la entrada del año y le rogué:

-Dame tu mano para entrar a lo desconocido.

Y él me respondió:

-Pon tu mano en la mano de Dios. Ello será suficiente para ser feliz y sabio en la abundancia y mas fuerte y sensato en la adversidad. De todas formas, espera lo mejor. ¡De la mano de Dios siempre tendrás fe, esperanza y amor!

(Autor desconocido)