Reflexiones sobre la adoración

Muchas iglesias acostumbran ahora a usar música estridente y con derroche de emociones, concebida como la adoración atractiva y disfrutable que precede a la exposición de la Palabra, lo cual podría —si nos descuidamos—, trasmitir un mensaje equivocado. Si nuestras alabanzas no provocan un interés profundo y sincero por la exposición de la Biblia, noSigue leyendo «Reflexiones sobre la adoración»

Somos polvo

La palabra orgullo tiene varias acepciones. Puede ser un sentimiento sano de satisfacción y gozo por logros personales o bendiciones recibidas —¿quién no se alegra y alienta con tales sucesos?—, pero cuando de una manera arrogante consideramos nuestro valor, virtudes o incluso conocimientos desmedidamente, es muy peligroso para nosotros mismos.
Cuando la Biblia advierte que «nadie debe tener un concepto más alto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura (Romanos 12:3)»; nos llama a no permitir jamás que un orgullo insano nos domine. Por ello y desde la fe, también resulta necesario buscar y cultivar la humildad, que es un arma muy eficiente no solo para buscar y conocer de Dios, sino para acercarnos a los demás, bendecirles y ayudarles de la mejor manera…

Contar nuestros días

Job, el personaje bíblico de quien se dice que era perfecto, recto y apartado del mal, se preguntó en sus discursos durante su enfermedad y todas las calamidades que sufrió: Más dónde se hallará la sabiduría? ¿Dónde está el lugar de la inteligencia? No conoce su valor el hombre, ni se halla en la tierra de los vivientes (Job 28:12). Aunque parezcan pesimistas sus declaraciones, es cierto que muchas veces el proceder humano demuestra poca sabiduría y aun los mejores intencionados podemos confundirnos. Por lo tanto, es necesario buscarla en quien es su misma fuente, Dios, y debemos hacerlo con urgencia, entre otras razones, por la propia brevedad de la vida…
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La adoración (9)

Aunque algunas personas no quieran reconocerlo, adorar es una necesidad humana tan vital como cualquier otra. Por lo tanto, hasta los seres humanos que se manifiesten más incrédulos, de alguna manera adorarán a algo o a alguien. El Diccionario de la RAE defina la palabra adoración como: “Reverenciar o rendir culto a un ser que se considera de naturaleza divina o rendir culto a personas o cosas consideradas sagradas o santas, sentir estima o afecto en grado sumo por alguien, gustar de algo extremadamente”. Nunca te avergüences de creer y adorar a Dios tal como la Biblia enseña. En realidad, hasta los que declaran ser más incrédulos, jamás lo son del todo. ¡Podemos estar seguros de ello..!

La violencia

En la publicación anterior hablábamos de que los creyentes en Cristo podemos afrontar multitud de circunstancias, pero hay una que jamás llegará a nuestra vida: Dios nunca nos olvidará ni nos abandonará. La Biblia dice que “Si fuéremos infieles, él permanece fiel. Él no puede negarse a sí mismo (2 Timoteo 2:13)”. Es común, no obstante, que a veces experimentemos que otras personas se olviden de nosotros o no reconozcan nuestras buenas acciones, pues ocupados en sus propios asuntos no encuentran tiempo aunque sea para animarnos cuando nos desempeñemos correctamente. ¡Seguramente nosotros mismos hemos actuado de esa misma manera para con otros en alguna ocasión! Pero Dios no es así. La Biblia enseña que él no olvida el trabajo de amor que hacemos a su nombre ni ignora nuestras aflicciones o lamentos, y mucho menos cuando somos víctimas de cualquier tipo de violencia…

Año nuevo, ¿vida nueva?

Apenas hemos comenzado a vivir un nuevo año y a muchos nos resulta preocupante qué sucederá en él. Además de las circunstancias específicas que nos rodean y las condiciones económicas y sociales que afecten positiva o negativamente a cada cual, sabemos que nuestro bienestar dependerá de sucesos que no siempre podremos controlar ni responderán a las mejores aspiraciones que tengamos. Por ello la llegada de un año nuevo año suele provocarnos interrogantes. Nos corresponde entonces, a los creyentes, decir como el salmista: Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien… (Salmo 74:28).

¡Guarden los clavos!

Hace cerca de treinta años encontré la canción que podrás escuchar si tocas la imagen debajo. Interpretada por un grupo musical español, su mensaje me pareció pertinente a los tiempos tan difíciles que entonces sufríamos en nuestro país. Por lo tanto —aunque no era un himno tradicional de Navidad ni su enseñanza se apegaba del todo a la Biblia—, me atreví a incorporarla a los programas especiales que hacíamos durante el mes de diciembre e intentar algo que asustó a algunos cuando les compartí mis planes: ¡Tomados de las manos, sacaríamos del local a todos los asistentes a los programas navideños y formaríamos una gran ronda! Así escucharíamos y cantaríamos la canción mientras desfilábamos dando vueltas por entre todos los bancos del templo, el patio y el edificio educacional, mientras admirábamos las luces, los adornos y las escenas navideñas que acostumbrábamos desplegar por todas partes, mientras nos saludábamos y felicitábamos los unos a los otros. Aquello, sin duda, resultó un éxito rotundo. ¡Nunca imaginamos la cantidad de personas que vendrían a ver tales programas y disfrutar de la ronda, muchos de los cuales decidieron convertirse en seguidores de Cristo! Hoy, sé que escucharla de nuevo será un dulce recuerdo para quienes vivimos aquella época. Además, espero que para quienes la escuchen por primera vez, también les haga sentir las mismas emociones que nosotros entonces disfrutamos. ¡Muy feliz Navidad y Año Nuevo para todos!

No hay creyentes perfectos

Hace poco alguien me aseguró que cierta congregación cristiana en la comunidad donde vivía era la mejor del mundo. Le pregunté si conocía perfectamente a todas las personas de dicha congregación como para afirmar algo semejante y me contestó que de todas formas, estaba convencido de que esa iglesia era la mejor. Aunque creo que todos los creyentes se esfuerzan en ser fieles y obedientes al Señor, que una congregación se precie de ser la mejor de todas es un error colosal. Quienes deciden seguir a Jesucristo y forman parte de las iglesias comienzan un largo camino de transformación espiritual, por lo tanto, necesitan aprender mucho guiados por el Espíritu de Dios y todos no progresamos ni asimilamos las enseñanzas bíblicas con la misma facilidad…

Libres en Cristo

Parece que la conducta humana se inclina cada vez más a reconocer el propio interés o deseo personal como el único patrón determinante para legitimar cualquier acción. Hace muchos años, vi a una madre reprender a su hijo de seis años que hacía algo muy peligroso por lo cual podía herirse. Ante los reclamos de su progenitora insistiéndole que se detuviera, el niño replicó ofendido:
—¿Por qué no? ¡Quiero hacerlo! ¡Quiero hacerlo!
Hay conductas que la Biblia señala como pecaminosas y muchos actuamos como aquel niño, pues reprimir nuestros deseos —cualesquiera que sean— hoy suele considerarse una afrenta inconcebible a nuestra irrenunciable y soberana libertad personal. ¿Hasta dónde vamos a llegar? Dios, quien tanto nos ama y desea lo mejor para nosotros, nos advierte sobre conductas de las cuales debiéramos apartarnos, precisamente, no solo para nuestra salvación eterna, sino para alcanzar una más placentera y bendecida vida terrenal…