Hermanos y hermanas, les escribo hoy compartiendo una reflexión que espero toque sus corazones.
Existe un refrán que dice: «la esperanza es lo último que se pierde». Pero quiero compartir una verdad más profunda: cuando todo parece perdido, la esperanza verdadera nace. Y esta esperanza solo es posible por la obra redentora de Cristo en la cruz.
El Fundamento de Nuestra Esperanza
Quiero invitarles a reflexionar sobre las palabras del apóstol Pedro en 1 Pedro 1:3-5. En este pasaje, Pedro nos abre el corazón y nos invita a contemplar la herencia increíble que hemos recibido en Cristo y la esperanza viva que sostiene nuestros días.
Pedro comienza: «Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo». ¿Por qué bendice a Dios? Porque en su gran misericordia, nos ha regalado algo que ninguna circunstancia puede quitarnos: una nueva vida a través de la resurrección de Jesucristo.
Esta nueva vida no es un parche temporal. Es un renacimiento completo que nos lleva a una esperanza viva y verdadera. Lo hermoso es que esta esperanza no depende de las circunstancias que cambian cada día. No está sujeta al desempleo, la enfermedad, las decepciones o las pérdidas. Nuestra esperanza está anclada en la victoria eterna de Cristo sobre la muerte.
Cuando enfrentes dificultades—y todos las enfrentaremos—recuerda este fundamento: tu esperanza está enraizada en la resurrección de Jesús. Esta es la garantía de tu futuro glorioso.
Una Herencia que Nunca Perderemos
Pedro continúa describiendo nuestra herencia como «incorruptible, incontaminada e inmarcesible», reservada en los cielos para nosotros.
En este mundo, todo tiene límite. Las riquezas se esfuman, los bienes se deterioran, lo que hoy parece eterno mañana desaparece. Pero nuestra herencia en Cristo es diferente. Es eterna. Es segura. Es inalterable.
En un mundo donde todo parece incierto, esta promesa nos ofrece una base firme. No importa lo que pierdas en esta tierra. No importa cuáles sean tus circunstancias presentes. Tu herencia en Cristo está garantizada. Nada ni nadie puede mancharla.
Cuando la vida se vuelve turbulenta, cuando te sientas abrumado, puedes levantar tus ojos y recordar: tengo una herencia que me espera en los cielos.
Guardados por el Poder de Dios
Pero hay más. Pedro nos asegura que «estamos siendo guardados por el poder de Dios mediante la fe» hasta que recibamos la salvación.
Esto no es una promesa lejana. Es una promesa presente. Ahora mismo, el poder infinito de Dios está obrando en tu vida. No solo se nos ha dado una herencia eterna, sino que somos guardados, protegidos, sostenidos por el Dios todopoderoso.
¡Qué consuelo profundo saber que no estamos solos! Mientras caminamos en fe, Dios está aquí protegiéndote en la incertidumbre, sosteniéndote en la debilidad, guiándote hacia su propósito eterno.
En los momentos en que la duda nos acecha y el temor intenta dominarnos, podemos confiar: estoy siendo guardado por el poder de Dios.
La Importancia de Confiar en Cristo
Hermanos, la esperanza viva que Pedro describe no es accidente del destino. Es la obra intencional, amorosa y redentora de Dios a través de Cristo.
Solo Dios puede traer verdadera esperanza al corazón afligido. Pero debemos abrirle la puerta. Debemos abrazar el sacrificio de Cristo por la fe. La fe no es ciega; es el acto deliberado de confiar en quien ha demostrado ser digno de confianza: Jesús, quien murió y resucitó por nosotros.
Cuando confías en Cristo, no evades la realidad de tus circunstancias. Reconoces simplemente que hay alguien más grande, más poderoso y más sabio. Depositas tu confianza en sus manos. Dices: «No entiendo por qué estoy pasando por esto, pero confío en que Dios tiene un propósito y me sostendrá».
Esta confianza es liberadora. Es la paz que Cristo promete—no la paz del mundo, sino la paz que guarda nuestros corazones en Él.
Una Invitación a la Esperanza
Queridos hermanos y hermanas, sin importar el desafío que hoy enfrentes, recuerda esta verdad fundamental: tienes una esperanza viva en Cristo. No es débil ni frágil. Es viva. Es robusta. Es eterna.
Esta esperanza descansa en el Cristo vivo—no en un ideal o filosofía, sino en una persona que está viva, que reina, que cuida de ti.
En cualquier circunstancia, recuerda: estás siendo guardado por el poder de Dios. Tu herencia celestial está segura. El Cristo resucitado está a tu lado, ahora, en este mismo momento.
Por eso, hoy te invito a confiar. A permitir que esta esperanza viva transforme tu corazón y guíe tus pasos. Pero si aún no has entregado tu corazón a Jesús, hoy puede ser el día en que dejes de aferrarte a tus soluciones humanas para dejar
Que Dios te bendiga abundantemente.
Con amor pastoral, Moises Pérez
