Venciendo la amargura

Leyendo el Salmo 73 vemos que el escritor se inquieta al analizar que quienes menos lo merecen a veces logran con creces los antojos de su corazón. ¿Alguna vez has sentido lo mismo? ¿Será inútil el esfuerzo sincero de invertir nuestra vida en el servicio a Dios y el bien de los demás, si al parecer la soberbia y la arrogancia humanas logran buenos frutos en este mundo? El autor del salmo —tras enumerar sus muchas experiencias negativas—, declara: Se llenó de amargura mi alma y mi corazón sentía punzadas, tan torpe era yo, que no entendía (Vs. 21,22). ¿Has sentido lo mismo viendo que personas malvadas viven mejor mientras tú enfrentas grandes sufrimientos? Constatar tal realidad es frustrante.

Sin embargo, el aparente triunfo de la maldad humana no debiera ofuscarnos ni dañar nuestra fe. El salmista, tras describir sus padecimientos mientras los malvados prosperan, declara: Hasta que entrando en el santuario de Dios comprendí el fin de ellos (Salmo 73:17). Cuando las tragedias, acontecimientos dolorosos o injusticias de la vida comiencen a causarte amargura, no dudes en acercarte a Dios buscando la ayuda que solo una profunda relación con él puede ofrecerte.    

¿Por qué abrumarnos ante el dolor aparentemente inconsolable? ¿Qué ganamos con elaborar una agobiante lista de frustraciones y desencantos? El salmista nos ofrece el remedio para liberarnos de las garras de la amargura cuando nuestro dolor sea lascerante: Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien; he puesto en Jehová el Señor mi esperanza, para contar todas tus obras (Salmo 73:28).

Si sientes que la angustia corroe tu alma debido a injusticias o acontecimientos incomprensibles, atrévete a enumerar todo lo bueno que por la gracia de Dios disfrutaste anteriormente. Recuerda su amor infinito y la insondable misericordia divina que te cubrió en otras situaciones difíciles. Un hermosísimo himno antiguo nos recordaba: ¿Andas agobiado por algún pesar? ¿Duro te parece esa cruz llevar? Cuenta las promesas del Señor Jesús y de las tinieblas nacerá la luz. Bendiciones, ¿cuántas tienes ya? Bendiciones, ¡Dios te manda más! Bendiciones, ¡te sorprenderás cuando veas lo que Dios por ti hará!

Si tus circunstancias actuales son dolorosas e incomprensibles, no dudes en acercarte a Dios y derramar ante él tu corazón. Él es el Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación… (1 Corintios 1:3).  Como dice el himno antes citado: ¡Te sorprenderás!

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