Sabiduría y entendimiento

Cuando sentí el llamado de Dios al ministerio pastoral en 1960 ya predicaba en misiones de mi iglesia y lideraba el departamento juvenil. Aún recuerdo nuestros retiros espirituales a la orilla del mar que concluíamos contemplando la caída del sol. Después y alrededor de una fogata, conversábamos y cantábamos. Nuestro grupo era tan ingenuo y entusiasta que nos reíamos cuando en la escuela presbiteriana donde estudiábamos (La Progresiva de Cárdenas), maestros y pastores nos advertían en los cultos matutinos que estaba por terminar una etapa de nuestras vidas tras la cual todo sería diferente.  

—¡Qué trágicos se ponen —decíamos—, ¡no hay que exagerar!

Y así terminan mis recuerdos felices de juventud porque… ¡ellos fueron profetas!

¿Qué sucedió con los jóvenes cristianos con quienes compartí aquella etapa de mi vida? Algunos emigraron al poco tiempo y otros lograron ser profesionales exitosos en el país. Entre quienes permanecimos en Cuba, muchos abandonaron u ocultaron su fe cristiana pues la entonces llamada lucha ideológica incluyó una fuerte campaña nacional contra “prejuicios y tabúes religiosos” que atrajo a muchos.    

Aunque parecía imposible que jóvenes educados en escuelas e iglesias cristianas en Cuba aprendiendo principios y valores bíblicos aceptaran el ateísmo científico propagado después con insistencia en el país, gran parte de ellos cedió ante la corriente avasalladora y abandonaron las iglesias. Algunos alegaban mantener su fe en privado, pero tal decisión les apartó cada día más. Conozco historias tristes de quienes impulsados por la corriente vivieron mucho tiempo lejos de Dios. No obstante, cuando décadas después decidieron regresar a la fe como hijos pródigos, las iglesias los recibieron con alegría. También hubo gozo en los cielos.

 Aquellos que permanecieron fieles a Dios y a sus iglesias durante un período muy largo y difícil sufrieron en demasía, pero fueron bendecidos y fortalecidos en la fe. Comparar la vida de quienes regresaron después de tantos años con los que fueron fieles contra viento y marea, arroja un saldo positivo para los segundos. Al regresar a las iglesias muchos confesaban lo mismo: la etapa más feliz de sus vidas terminó al negar u ocultar su fe y ceder a las presiones del momento. Lógicamente, permanecer fieles a las enseñanzas de la Palabra de Dios ofrece al creyente una zona de seguridad y bienestar donde la voluntad de Dios es agradable y perfecta. 

No obstante, los peligros que enfrentó la juventud de mi época hoy son mayores, más sutiles y atractivos. Por lo tanto, Dios sigue llamando a quienes le siguen a no claudicar. Ante el deterioro moral contemporáneo debemos utilizar el don divino que la Biblia llama entendimiento, palabra que es traducción de un vocablo griego (νοῦς) que significa, mente, pensamiento, actitud, intención, propósito, discernimiento. Me maravilla que en el Diccionario de la RAE, la palabra entendimiento sea definida como potencia del alma, en virtud de la cual el ser humano concibe las cosas, las compara, las juzga, e induce y deduce otras de las que ya conoce. ¡Qué importante definición! Dios nos capacita para analizar, juzgar y deducir cual es el comportamiento que más nos favorece. También contamos con la ayuda del Espíritu Santo: el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad (Juan 16:13).

Entonces, ¿por qué a veces asumimos conductas que solo con un poco de sensatez no caeríamos en ellas? Muchos personajes bíblicos —sometidos a presiones e injusticias increíbles—, lograron obedecer a Dios enfrentando las terribles circunstancias que a su alrededor intentaron dañarles. Entre otros, Moisés, José y Daniel demostraron que se puede vivir contra la corriente y tomar decisiones sabias inmersos en ambientes amenazantes y contradictorios. 

Una y otra vez la vida nos demuestra que si aunque suframos, si estamos dispuestos a no claudicar podremos experimentar victorias inimaginables. Cuando seamos tentados a contemporizar porque el ambiente que nos rodea sea tan influyente que pueda arrastrarnos, aferrémonos a una verdad incuestionable: Cueste lo que cueste, ser fieles a Dios siempre será una decisión sabia.

Aunque Satanás se nos presente como ángel de luz, la Biblia insiste: No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar (1 Corintios 10:13).

Nunca estamos obligados a ceder al pecado y la corrupción. No permitamos que las circunstancias nos manejen a su antojo, ni tampoco cedamos a quienes intenten convencernos incitándonos a abandonar el camino. Dios sí es omnipotente y fortalece a los suyos en la lucha contra el mal. Él nos ha provisto de entendimiento para juzgar y comprender que ser fieles nos ofrece la mejor recompensa. ¿Y qué decir del Espíritu Santo quien nos guiará a toda verdad (Juan 16:13)?

No dejarse llevar por la corriente corruptora, siempre será una decisión inteligente.

Una demostración de sabiduría.


¡Atención! Este artículo es un resumen del capítulo 4 del libro: “Vivir contracorriente”.Quienes deseen recibir el libro completo en formato digital, pueden solicitarlo a: aigm1943@gmail.com

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