
Considerado un sumario de profundas enseñanzas de Jesús, el “Sermón de la Montaña” tal como lo presenta el evangelio de Mateo es una porción del Nuevo Testamento muy importante. ¿Sabías que en Israel existe un lugar llamado “Monte de las Bienaventuranzas” que asegura ser el sitio donde tal sermón fue expresado? Situado junto al Mar de Galilea y rodeado de un hermosísimo paisaje, sus jardines y edificaciones rememoran hermosa y apelativamente las verdades expuestas por Jesús en aquella ocasión. ¡Es delicioso estar allí por la atmósfera inspiradora y vivificante que se disfruta! ¿Cómo serían nuestras vidas y su impacto en los demás si aplicáramos honesta y completamente los principios espirituales y éticos de capítulos del 5 al 7 del evangelio de Mateo?
Otro pasaje bíblico que alude a tal evento —(Lucas 6:17- 46)—, refiere la presencia de una multitud, pero igual que el relato de Mateo, enfatiza que el Señor se dirigió especialmente a sus discípulos: Entonces Jesús se volvió a sus discípulos y les dijo… (6:20). ¿Será que, tanto antes como ahora muchos se congregan dispuestos para adorar y escuchar un mensaje inspirador, pero después se permiten ciertas libertades en su conducta porque creen que obedecer todas las demandas del evangelio de Cristo resulta humanamente imposible? Hay mucha diferencia entre ser un oyente de las enseñanzas cristianas y esforzarnos por ponerlas constantemente en práctica.
Jamás olvidaré cuando presidía el departamento de jóvenes en mi iglesia (¡hace más de 60 años!) a un joven que se unió a nuestro grupo al parecer muy interesado y creciendo en su fe. No obstante, un día se me acercó muy compungido manifestándome lo que nunca esperé:
—Lo siento. Creí que podía y lo intenté… ¡pero es demasiado para mí! Me agrada la iglesia y disfruto mucho en nuestras reuniones, pero tengo costumbres que no puedo ni quiero abandonar.
Por mi inexperiencia entonces no supe que decirle, pero una decisión verdadera de seguir a Cristo siempre impondrá transformaciones radicales en la conducta de quien la tome, las cuales a su vez afirmarán la fe del nuevo creyente determinando su conducta y las decisiones que tomará ante las inevitables dificultades y situaciones que enfrente en su vida. Por ello resulta esclarecedor que terminando sus enseñanzas en el Sermón de la Montaña Jesús advierta: Cualquiera pues que oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca (Mateo 7:24-25).
Los creyentes en Cristo necesitamos estar comprometidos con nuestra fe de tal manera que — con la ayuda y el poder del Espíritu Santo—, seamos capaces de rechazar la feroz corriente corruptora de la cultura contemporánea. Jamás debiéramos ser “fervientes adoradores” que después se permitan olvidar los reclamos éticos y espirituales que Jesús expuso claramente en el Sermón de la Montaña. Adorar no es solo reconocer la majestad de Dios y proclamar cuánto le amamos cada vez que llenos de entusiasmo participamos en un culto ferviente. ¡Adorar es vivir como Dios manda!
Por lo tanto, es imprescindible y provechoso sumergirnos en un estudio detallado del Sermón de la Montaña. Por ello me propongo en siguientes publicaciones profundizar exhaustivamente en sus enseñanzas. No será fácil, pero sí beneficioso. Dios nos ayude a ti y a mi a ser capaces de entender y poner en práctica todo lo que esa porción maravillosa de la Biblia enseña.
¡Solo así seremos verdaderos adoradores!
