
Actualmente muchas personas rigen su vida siguiendo exclusivamente los dictados de sus propios deseos, la conveniencia, sus sentimientos o en dependencia de las circunstancias. Si en determinadas ocasiones tales motivos pudieran darnos justa razón para actuar, en otras será obvio que aquello aparentemente provechoso no será legítimo, que lo que deseamos no siempre es viable y lo que sentimos pudiera estar en contradicción con lo que en realidad debiéramos hacer o asumir, incluso, por el bien de otros. ¿Entonces?
Vivir con dignidad siempre será costoso y como la vida cristiana se rige por principios y convicciones claramente definidos en la Palabra de Dios, no te extrañes si a veces tu deber será renunciar a lo más fácil y conveniente para hacer aquello que a Dios le agrada. Si así haces, habrás escogido el camino de la verdadera libertad.
Lo demás es puro cuento… ¡Y la propia vida se encarga de cobrarlo caro!
