Este mundo nuestro (1)

Imposible olvidar un filme que vi hace años en el cual la protagonista principal, una joven negra de 16 años, era analfabeta, obesa, sin el menor atractivo, incapaz de manifestar sentimientos y con una pequeña hija síndrome de Down. Irónicamente, se llamaba Preciosa. Embarazada de nuevo, una asistente social quiere hablar con su madre, pero la joven le advierte:  

─Yo usted no lo haría.  

Las escenas eran desgarradoras pues Preciosa sufría maltratos diarios. El padre abusaba sexualmente de ella y la madre la odiaba. El origen del conflicto solo se conoce al final cuando la madre, considerándose víctima de todo, cuenta a otra asistente social delante de su hija, la historia terrible que Preciosa ignoraba sobre su propia infancia.  

La madre acostumbraba amamantar a la hija mientras hacía el amor con el padre, quien a su vez acariciaba los genitales de la niña. A los tres años él la violó, tras lo cual prefirió mantener relaciones sexuales con la hija, a quien la madre consideró su rival. Por ello la agrede y atiborra de comida para engordarla y desfigurar su cuerpo. No obstante, el padre siguió prefiriendo a la joven a quien contagió de VIH cuando engendró la segunda hija, muriendo poco después. ¡Qué trama horrenda! La madre odia a Preciosa y sin la menor compasión la acusa de ser culpable de todo. Ella escucha imperturbable todo el relato y al terminar, se levanta, toma a sus dos hijas y antes de irse a enfrentar la vida por sí sola, le dice:  

—No quiero volver a verte nunca más.

Así termina el filme más crudo que he visto en mi vida, y aparecen las palabras: Dedicada a todas las Preciosas que hay en el mundo. A pesar de la dureza y crueldad de la historia, agradezco haberlo visto. ¿Cómo es posible que cosas semejantes ocurran? Cuando la sexualidad se corrompe, causa tragedias indescriptibles por doquier.

Otra de las tragedias actuales es la desconfianza que muchas personas, saturadas de información, muestran hacia las estadísticas a pesar de que son imprescindibles para conocer qué realmente acontece en cualquier esfera de la vida. ¿No ha ocurrido así, por ejemplo, con la pandemia? Como la verdad puede ocultarse o alterarse por intereses económicos, políticos, de seguridad, etc, muchos dudan de las estadísticas. De modo que lo mismo encontraremos quienes nieguen que los muertos por la Covid-19 no son tantos como refieren, como quienes afirmen que hay muchísimos más. ¿A quién creer? Si algo está en crisis hace rato es la credibilidad de las instituciones humanas. Y probablemente todos tengamos culpa de eso.

No obstante, si usted quiere tener al menos una idea, escriba en cualquier buscador de Internet: estadísticas sobre abuso sexual, violaciones, trata de personas y pornografía y prepárese a ver números atroces. Como estos artículos que ahora publicamos en este sitio provienen del libro Vivir la Sexualidad que próximamente estará a disposición en formato PDF ─donde sí aparecen estadísticas─, no llenaremos estas páginas con datos que pueden encontrar actualizados en Internet. No podemos dudarlo: una sexualidad descontrolada provoca demasiadas experiencias traumáticas. Basta con ver noticieros, películas y las omnipresentes series policíacas televisivas. Estas últimas, alardes de eficacia en investigaciones criminalísticas y necrológicas, detallan historias donde los excesos sexuales junto al alcohol y las drogas son las causas principales de muchas tragedias.

¡Menos mal que vivimos en un mundo civilizado! Las generaciones actuales no imaginan la vida antes de que la trasmisión de imágenes en movimiento se convirtiera en un hecho cotidiano. Fue en 1927 que la BBC de Londres inició la emisión de programas televisivos, aunque el primer servicio público se realizó diez años después. Solo posteriormente a la Segunda Guerra Mundial la televisión se adueñó de los hogares del mundo. A mediados de la década de 1950 mi padre compró un televisor. Al ser el primero en nuestro barrio, la casa se llenaba de vecinos curiosos y emocionados cada noche. Aunque la imagen se veía llena de distorsiones e interferencias, todos la mirábamos con arrobamiento.

    Ya imprescindible en la década de 1960, la televisión facilitó el acceso a la información, la cultura y el conocimiento como nunca antes. Después llegaron las computadoras, los satélites, el Internet y la incontable variedad de equipos electrónicos que hoy poseemos. ¿No has visto fotos de indígenas en lugares apartados usando teléfonos celulares? Aunque existe una brecha tecnológica entre los países ricos y los más pobres, es innegable el tráfico global de información en el que casi todos participamos.  

En alas del desarrollo tecnológico vuela un interactuar constante de culturas, puntos de vista distintos y conocimientos que han influido radicalmente en el comportamiento humano. ¿Cómo es posible que se hayan perdido tantos valores éticos? ¿Vivimos en un mundo mejor y más seguro?

Aunque tenemos más información, ¿seremos más civilizados tambien en materia de sexualidad? Así debiera esperarse después de que en la segunda mitad del Siglo XX se iniciara la llamada Revolución Sexual. Aunque como toda corriente de pensamiento tuvo antecedentes en épocas anteriores, fue entonces que muchas personas, conscientes de la hipocresía imperante en la moralidad que se proclamaba —distinta a la que se mostraba en la vida real—, propusieron cambiar el mundo mediante una liberación de la represión sexual.

Tal como dice un conocido refrán, es posible que tal esfuerzo «botó al niño junto con el agua sucia de la bañera». Se cambiaron los patrones embusteros que permitían a algunos vivir una doble vida, por otros también anti bíblicos que propiciaron una cultura de permisividad tan desastrosa como la anterior. A mi entender, era necesario cambiar una moralidad hipócrita y falsa por integridad y responsabilidad, no por laxitud y desfachatez. No te dejes engañar, ¡sí que estaban mal las cosas antes, pero ahora tampoco van mejor!

Me acerco al tema con el mayor respeto para las diferentes opiniones, consciente que detrás de la controversia actual sobre conductas sexuales hay ofensas sentidas por todas las partes, malentendidos y dolor acumulado. Muchas personas han sufrido hasta la saciedad el desprecio y un trato injusto mientras la propia sociedad que les condena, se hacía de la vista gorda —o incluso ponderaba—, otras conductas sexuales también condenadas en la misma Palabra de Dios.

Según la enseñanza bíblica, Adán y Eva no fueron condenados por pecados sexuales, sino por desobedecer a un diseño divino que incluía mucho más que la sexualidad. Lo sabemos, ¿verdad? No son únicamente algunos pecados sexuales los que ofenden al Creador y deben ser rechazados por quienes pretenden vivir de acuerdo al diseño divino. Basta leer las listas bíblicas sobre pecados de los cuales debemos apartarnos, para comprender que en ellas aparecen algunos que a veces los más preocupados por la fe y la preservación del cristianismo, parecieran no darles importancia. Por lo tanto, al expresar nuestros criterios jamás debiéramos olvidar que no podemos odiar ni despreciar a los pecadores porque Dios quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad (2 Timoteo 2:4). Si bien todos pecaron y están destituidos de la gracia de Dios (Romanos 3:23); la buena noticia es que Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros (Romanos 5:8).

Sí, vivimos en un mundo corrupto, cada vez más dividido y en peligro. ¿Alguien lo duda? Defender nuestros principios cristianos se está volviendo difícil y comprometedor. ¿No sabíamos que sería así? Urge enfrentar la realidad de que la mayor defensa que podemos hacer de dichos principios es vivirlos a plenitud; ¡aunque sea difícil, pues incluyen la máxima insoslayable de negarse a sí mismo y tomar la cruz! Dios nos ayude, al predicar el evangelio a un mundo en tinieblas, a recordar siempre que los hechos hablan más que nuestras palabras…   

(Continuará)

-Esta publicación, es una selección, condensación y edición del segundo capítulo de Vivir la Sexualidad, titulado: Las estadísticas del desastre. Por su extensión será publicado en varias partes.  

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