Imposible olvidar el legado que nos dejas

¿Cómo definirte, mi abuelo, Nilo Eliacín Medina Delgado? Seriedad, respeto, amor, dedicación, consagración, fidelidad. Tenías todas esas virtudes que caracterizan a un verdadero siervo de Dios. No podría decir cuántas vidas inspiraste con tu ejemplo. Difícil medir la magnitud de tu dedicación. Imposible olvidar el legado que nos dejas. Si duro es que no estarás más para seguir indicándonos el camino, nuestra tranquilidad tras tu partida es saber que estás con nuestro Señor, lo cual nos impulsa a seguir adelante. No dudes que te amamos y seguiremos tus pasos. Te fuiste tranquilo, como un buen siervo fiel, y tu galardón es grande en los cielos. Es imposible no llorarte al pensar en quienes no tendrán el privilegio de conocerte e imitarte. Más Dios te llamó a su lado y su voluntad es agradable y perfecta.  

Descansa, entra en el gozo de tu Señor. Te recordamos con tristeza pero en paz, sabiendo que ya no sufres las aflicciones del tiempo presente. Te decimos: ¡hasta pronto! Nuestra familia de nuevo estará siempre contigo. Gracias por todo, Pipo. Te recordaremos siempre.

Juan Cárlos Díaz Medina, junio 4, 2021

Pocos minutos después de saber que Nilo Eliacín Medina Delgado fue llamado a la presencia del Señor, al mediodía del 4 de junio 2021, leí en Facebook el escrito anterior, publicado por su primer nieto, Juan Carlos Díaz Medina. No lloré, lo confieso, al saber de la partida de Eliacín, diácono y tesorero de la iglesia con quien trabajé totalmente identificado durante veintitrés años. Me consoló saber que Dios le liberó de su cuerpo enfermo y lo revistió de eternidad. Él no merecía sufrir más. No obstante, mis lágrimas sí brotaron espontáneamente momentos después, al leer las palabras de quien para mí será siempre Juancarlito. Un niño tierno, respetuoso, tranquilo y obediente que no solo vi crecer, sino que esperé su nacimiento, tan nervioso como su abuelo y la familia en el Hospital Materno de Pinar del Río, la madrugada del 30 de septiembre de 1984. ¡Cuántas experiencias me unen, Dios mío, a la vida de Eliacín, su esposa, sus hijos y toda su familia!

Esas vivencias, algunas tan profundas y solo compartidas entre nosotros y Dios, me confirman la imposibilidad de olvidar su legado. He sido pastor por más de 60 años desde que al llamado de Dios, renuncié a los planes que concebí para mi vida. ¿Cuántos creyentes no habré conocido desde entonces? Eliacín fue un cristiano espectacular y único. Muy diferente a quienes se precian de serlo pero no lo son, él era inigualable sin jamás alardear de ello. De pocas palabras y respetuoso hasta la médula, encarnó virtudes hoy escasas hasta en ambientes eclesiales: integridad, lealtad, sensibilidad, sensatez y una modestia acrisolada. Sin desatinos, imprudencias ni excesos, sabía cómo acercarse tanto para servir como para dar el consejo o la opinión adecuada; sin que nadie jamás escuchara de él lo que por gracia, compasión y amor cristiano quedara cubierto por el perdón divino. ¡Qué caballero de Dios tan humano, respetuoso y ejemplo de espiritualidad genuina, sin alardes ni dobleces. A su lado, siempre se sentía seguridad y bendición.

En un tiempo muy difícil para los cristianos en nuestro país ─quienes llegaron después a las iglesias no conocen de la misa la mitad─, su fe y activa militancia cristiana no le impidió ser auditor del Banco Nacional de Cuba aunque a muchos creyentes se les negara posiciones de responsabilidad y prestigio. De padres cristianos, bautizado en la iglesia bautista de San Luis, ya era tesorero en la Iglesia Bautista Nazareth de la ciudad de Pinar del Río cuando ocupé el pastorado de dicha congregación. ¡Cuánto aprendí de él sobre el manejo de las finanzas! Fue tesorero por cinco pastorados sucesivos durante cinco décadas. Nadie crea que se imponía o se negaba a abandonar el cargo. Lo fue porque todos confiábamos en él y creíamos que nadie podría hacerlo mejor.     

Al saber de su muerte, vino a mi mente el famoso poema que inspiró el libro ¿Por quién doblan las campanas? del también ya fallecido, Ernest Hemingway.

Poema:: Las campanas doblan por tí, John Donne, poeta inglés, (1572 – 1631), fragmento.

El 4 de junio pasado debieron haber doblado las campanas en todo el mundo, porque cada vez hay menos hombres de tu estirpe, Eliacín Medina. Como jamás te consideraste grande, por lo mismo fuiste inmenso. ¡El vacío que nos dejas es colosal, hermano! Sin embargo, siempre que te recordamos se llena de luz nuestro corazón. Gracias por haber sido parte de nuestras vidas y ministerio. Tal como escribió tu nieto: ¡Imposible olvidar el legado que nos dejas!

Alberto, Miriam y familia, La Habana, junio 5, 2021.

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