¿Creemos en la justicia de Dios?

(Traducción libre de un fragmento del libro Filters, de Robert Barriguer)

Billy Graham, quien llegó a ser uno de los grandes hombres de integridad del evangelio en el último siglo, dijo tener como norma en su vida: Ni ataco, ni me defiendo. ¿Puedes imaginarte cuántos ataques habrá recibido él a lo largo de su vida y ministerio? Sin embargo, tomó la decisión de nunca atacar a nadie ni defenderse.

Hay personas que cuando leen en sus Biblias: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor (Romanos 12:19) en realidad interpretan: El Señor me dijo que la venganza es mía. Entonces deciden tomar el asunto en sus manos, lo cual siempre es una mala decisión. Cuando te ataquen, deja que Dios te defienda y así mostrarás que confías en que sus juicios son justos.

En verdad, ¿será justo ser atacados y no defendernos? A veces sentimos que alguien nos lanza un dardo por la espalda y queremos responder rápidamente, ya sea a través de las redes sociales o como hacen algunos pastores, a través de una prédica. Sin embargo, cuando desempeñemos algún liderazgo eclesiástico será bueno tener presente que todo el mundo no va a estar siempre contento. ¡Hasta a Jesucristo le atacaron! Todos no estarán felices con lo que uno haga y habrá veces en que nos atacarán.  

Entonces, da por cierto que algunas veces enfrentarás fuego amigo. Aunque estés haciendo tu mayor esfuerzo y ganando gente para Cristo, es posible que a la vez recibas ataques de otras iglesias, de tus mismos hermanos y hermanas en la fe, o de tu propia familia, todo lo cual es muy doloroso. Cuando así suceda confía en que Dios tiene todo bajo control. No olvides que la Biblia dice que la venganza no es tuya, es del Señor.  

Isaías profetizó de Jesús: angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció y no abrió su boca (Isaías 53:7). No es fácil portarse con mansedumbre cuando sentimos que alguien quiere crucificarnos, pero no ataques ni te defiendas. ¡Confía en Dios y en sus planes perfectos! Las personas tienen diferentes niveles de comprensión y a veces por un mal entendido, o precisamente por falta de madurez, están dispuestos a prender una chispa que, si contraatacas y le agregas gasolina… ¡puede convertirse en un incendio forestal! Recuerda lo que expresó Salomón: Sin leña se apaga el fuego, y donde no hay chismoso cesa la contienda. El carbón para las brasas, y la leña para el fuego; y el hombre rencilloso para encender las contiendas (Proverbios 16:20-21).

No ataques a nadie, ni siquiera a quienes te ataquen a ti. Tampoco te defiendas. Concéntrate en tu ministerio y en el trabajo que Dios te encargó, y Él te defenderá. Además, nunca debemos atacar porque no hemos sido llamados para señalar el pecado de otros. Puesto que todos hemos pecado, el pecado ajeno es muy fácil de encontrar. Se dice que entre otras, hay dos aves muy diferentes en los desiertos: los buitres y los colibríes. Cada día se despiertan y salen a buscar comida. Cada día los colibríes buscan dulce néctar, y los buitres animales muertos para comer. ¡Las dos aves encuentran siempre lo que buscan! La enseñanza es obvia: siempre encontrarás aquello que buscas, tanto en la vida como en las personas. No quiero ser alguien que busque carne muerta, como el colibrí, prefiero buscar algo dulce. Enfoquémonos en buscar y promover lo bueno de la gente.

En algún momento todos seremos tratados de manera injusta y eso duele… Sin embargo, nosotros no sabemos todas las circunstancias que puede estar atravesando la otra persona, y solo Dios conoce las intenciones del corazón. ¡Confiemos en Dios, y demostremos nuestra confianza en él al no atacar a nadie ni defendernos! Hoy en día esto es muy difícil, ya que las redes sociales han proporcionado a las personas una plataforma desde la cual pueden expresar lo que tienen en su corazón, sin filtros, sin analizar bien, ni mucho pensamiento previo.

Podemos notar que el mundo está lleno de odio… ¡pero sabemos que el amor puede vencerlo! La Biblia dice que no paguemos a nadie mal por mal. No agreguemos nuestra voz a la voz del odio que cunde en las redes, y no caigamos en la tentación de usarlas para atacar a otros, ni para defendernos. Solo el amor de Dios puede cambiar el mundo: No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal (Romanos 12:21).

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