Triunfando en fe

Quién piense y espere siempre que todo en la vida le va a ir color de rosa, en realidad ignora las enseñanzas y las profecías bíblicas. Si algo está claro en la Palabra de Dios es que la condición pecaminosa de la humanidad irá en aumento cada vez más. El evidente desarrollo económico y tecnológico del planeta casi que va parejo con el proceso corruptor de la conducta humana, que cada día se degrada más y se aleja de las normas divinas. Entonces, ¿qué podemos esperar?

Muy bien lo advirtió Pablo: más los malos hombres y los engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados (2 Timoteo 3:13). Es por ello también que en la epístola a los Hebreos se nos advierte: que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin, para plena certeza de la esperanza, a fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia, heredan las promesas (Hebreos 6: 12). 

Entonces, no temamos ante las dificultades, los grandes problemas que enfrentemos o las situaciones en las que nos parezca que no hay solución. Siempre que algo así nos suceda, repitamos como el apóstol: Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó… (Romanos 8:37).

El programa Mensajes de Fe u Esperanza se trasmite de lunes a viernes a las 8:55 pm por los 800 AM (Onda Media)

-Si desea descargar ratuitamente el programa a su PC o móvil, toque los tres puntos a la derecha del archivo de audio.

Triunfando en fe

Cada vez que mi fe es probada, Tú me das el privilegio de crecer un poco más.
Las montañas y valles desiertos y mares que atravieso me acercan mucho más a ti. Las pruebas no son mayores que mi Dios; solo él podrá ayudarme a caminar. Si delante de mí no se abre el mar, Dios me va a hacer andar sobre las aguas.

Coro:

Triunfando en fe, mi vida podrá rebozar de tu poder Triunfando en fe con osadía moveré lo sobrenatural. Voy a luchar y vencer voy a plantar y segar, Y cada día viviré triunfando en fe.

-Si desea compartir esta publicación con otras personas, utilice los botones correspondientes al final de la página. Si este programa le ha sido de bendición, le agradeceremos que pulse el botón *Me gusta. Así muchas más personas se interesarán en escucharlo. ¡Muchas gracias y que Dios le bendiga!

El valor de la fe cristiana

Muchas personas se precian de ser no creyentes, aunque en realidad no puede decirse que sean completamente incrédulas. Ayer conversé casualmente con un vecino que justo al pasar frente a nuestra casa, después de bajarse de un transporte público, se dio cuenta que había sido robado. Como le vi anonadado me le acerqué para ayudarle y animarle. Cuando le mencioné a Dios enseguida me aclaró que tenía sus creencias y me mostró un pulso en su brazo como prueba de ello. Después que le expliqué que era pastor me dijo: todo eso es una mentira.

Entonces me señaló a una iglesia cercana e insistió:

—Los más grandes ladrones del barrio asisten a esa iglesia.

Al preguntarle si sus vidas habían cambiado después de conocer a Cristo, me contestó que eso no lo sabía ni le interesaba. Muchos dudan de la eficacia de la fe cristiana, pero no quieren escuchar a los verdaderos creyentes acerca de su experiencia, ni profundizar en todo lo que la fe en Cristo puede lograr en sus vidas…

El programa Mensajes de Fe y Esperanza se trasmite de lunes a viernes a las 8:55 pm por los 800 AM (Onda Media)

-Puede descargar gratuitamente el archivo de audio a su PC o móvil si toca los tres puntos a la derecha del archivo de audio. Si desea compartir esta publicación con otras personas, utilice los botones correspondientes debajo.

-Si este programa le ha sido de bendición, le agradeceremos que pulse el botón *Me gusta. Así muchas más personas se interesarán en escucharlo. ¡Muchas gracias y que Dios les bendiga!

¡Son tus hermanos!

Por el pastor: Durley López Gómez, Convención Bautista Libre de Cuba

¡Qué nada de lo que esté ocurriendo a tu alrededor te haga olvidar que los que hoy están sufriendo, llorando, o anhelando algún tipo de alivio para sus vidas también son tus hermanos! Quizás no de sangre e incluso ni tan siquiera en la fe, pero son tus hermanos. Son ellos los que hoy despiden a diario a sus familiares en hospitales o centros de aislamientos, por causas justificadas o no, pero ya no le verán más.

 Son hombres y mujeres igual que tú, que respiran y viven por la gracia de Dios. Son nuestros hermanos los que buscan cambios para sus vidas y familia, los que quieren vivir al menos con el entusiasmo de un sueño como niños chiquitos. Son ellos los que claman a Dios cada mañana para que la salvación divina, esa que llega solo a través de Cristo, pueda intervenir en la mente y en los corazones de tantos que hoy continúan en una posición rebelde ante él.

Son nuestros hermanos los que hoy piden misericordia y perdón para nuestra nación cubana, hemos nacido en la misma tierra, todos nos hemos alimentado de ella, crecido y formado, probablemente en diferentes lugares pero de igual manera. Hoy, no quiero que veas los problemas de otros, el dolor de algunos y mucho menos el desamor de unos pocos como una carga sobre tu espalda. No veas a esos que se desesperan a diario como extraños, no lo son. Las circunstancias por las que atraviesan esos que tú conoces debieras sentirlas como tuyas, el dolor ajeno, provocarte lágrimas y así, poner en práctica lo que la Biblia nos enseña al expresar que: Cuando tengan dificultades, ayúdense unos a otros… (Gálatas 6.2)

¿Entiendes eso? Las dificultades actuales no son propicias para emitir juicios, censuras, críticas y mucho menos para condenar a nadie, haciendo con algunos lo que ni tan siquiera Cristo hizo con nosotros sobrándole motivos. Porque Dios no me envió a esta mundo para condenar a la gente sino para salvarla (Juan 3.17). No creo que son tiempos de juzgar al que hace o no hace, sino de pensar si nosotros estamos haciendo lo que nos toca, lo que debemos y lo que verdaderamente estamos llamados a hacer. Y por supuesto dentro de tal llamado siempre ha de estar el de apoyar, levantar, sí, darle la mano a aquellos que no pueden sostenerse, a los cansados y débiles, a los que muchas veces tenemos que llevar a nuestras espaldas, ya desfallecidos, pero jamás hemos de dejarles solos.

Son tiempos en los cuales necesitamos más apoyo que nunca, pero no en forma de juicio como algunos acostumbran y eso no quiere decir que no nos equivoquemos, sino que seamos empáticos, que aprendamos a entender lo que motiva a cada cual a hacer las cosas que hizo e incluso a cometer los más grandes errores. No olvides que entender a una persona no es consentir lo mal hecho, es ponernos en su pellejo, porque muchas veces la única manera que tendrás para ayudar a alguien será entendiéndole no acusándole.

De modo que pensemos un poquito más en los demás, ellos sienten, lloran, padecen, también se desesperan, logran cosas y se equivocan en otras… y de lograr esto, seremos más fuertes, más unidos…No te enfurezcas, ni lances dardos sobre el que piensa diferente, si Dios hubiera hecho lo mismo contigo me pregunto… ¿Dónde estuvieras hoy?

Respeta el derecho de cada cual a tener un pensamiento o simplemente una opinión, aunque ésta sea totalmente opuesta a la tuya, el respeto nos mantiene unidos, la crítica nos divide. Recuerda, esos también son tus hermanos, unos más bajos o más altos pero son tus hermanos, y cuando se les ama de verdad, siempre se busca la manera, (porque siempre existe) de ayudar, de comprender y sobre todo de sostener los brazos de aquellos que en medio de estos tiempos se sienten frustrados, desamparados y sin aliento.

Solo quiero que reflexionemos hoy, en la necesidad que tenemos como hermanos, como amigos, como pueblo, de apoyarnos, de unirnos en un clamor, en un mismo sentir, en una misma obra. ¡Apoyémonos más! ¡Dejemos a un lado tantas diferencias! Guardemos por un tiempo las lanzas y las flechas ¡Son tus hermanos! No se conviertan en jueces de los demás, y así Dios nos los juzgará a ustedes. Si son muy duros para juzgar a otras personas, Dios será igualmente duros con ustedes. Él los tratará como ustedes traten a los demás. ¿Por qué te fijas en lo malo que hacen otros y no te das cuenta de las muchas cosas malas que haces tú? Es como si te fijaras que el ojo del otro hay una basurita y no te dieras cuenta que en tu ojo hay una rama. (Mateo 7: 1-3)

Dios te bendiga

Oración por Cuba

Por Zenia Medina, Buenavista, VC.

Nuestra Cuba te ha ofendido, 
Se ha envuelto en mucho pecado.
Señor de ti se ha apartado 
En un camino torcido.
Por ella ahora te pido, 
Oh Dios, desde el corazón,
Que quites la maldición 
Y caiga la fortaleza
De pecado y de vileza: 
¡Bendice nuestra nación!

Conoces lo que ha ocurrido 
En estos días Señor.
Sé tú nuestro sanador 
Y libera al detenido.
No más odio Dios te pido, 
Tu juicio manifestado
A quien el mal ha buscado, 
Mi Señor, queremos ver.
Danos Dios buen proceder, 
No más maldad ni pecado.

Rogamos tu intervención 
Pues nos has dicho: Pedid.
Y el enfermo de Covid 
Reciba tu curación,
Salud, alimentación, 
Vacunas, medicamento.
Borra Dios el descontento 
Y sana el alma dolida,
Tú la verdad y la vida, 
Tú el consuelo al sufrimiento.

Señor tu Espíritu Santo 
Traiga a Cuba avivamiento
Que se sienta como el viento 
La salvación y el quebranto,
Que se perciba ese llanto 
De espíritu arrepentido
Y un genuino latido 
Del corazón humillado.
Y tu pueblo sea guiado 
A cumplir lo que has pedido.

Dios pido tu intervención 
En toda la sociedad
Pido tu amor, unidad, 
Tu gracia, paz, salvación,
Un fuerte obrar de tu unción 
Sobre este pueblo cubano
Que no se aparte tu mano 
De perdón y sanadora.
Tu mano restauradora, 
Tu mano, Padre, tu mano.

Queremos ser pueblo unido, 
Una sangre, una raíz,
Igual color y matiz 
Igual tono de latidos,
Que no estemos divididos 
Que sea un mismo corazón.
Derriba Dios toda acción 
Que a nuestra Cuba divida,
Nos unimos por la vida, 
Por la paz de la nación.

Zenia Medina, Buenavista, VC, 2021

Dios es nuestro amparo

Por el pastor: Raúl C. Fraguela, San Miguel del Padrón, Cuba.

“Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros” (1 Pedro 5:6-7)

Una de las más importantes promesas que Dios nos otorga, es su presencia constante. Y es que el Señor siempre se encontrará tan lejos como nosotros queramos estar de él. Si es nuestra voluntad buscarlo continuamente en oración, su presencia y cuidado serán constantes.

A pesar de esta grandiosa verdad, las angustias y problemas pueden nublar nuestra percepción de las cosas y hacer que nuestra elección sea el preocuparnos por una prueba que debemos enfrentar. Al hacerlo, olvidamos también que la preocupación sólo significa una cosa: estamos tratando de resolver por nuestros propios medios ese problema que nos aqueja, y pensamos inconscientemente que nuestras maneras tendrán mejores soluciones que las que Dios puede proveernos.

Siempre vamos a tener problemas en la vida y ahora más que nunca necesitamos en Cuba estar apegados a Dios y descansar en él. Tengo mi opinión personal de lo que está pasando en nuestro país y tú tienes la tuya, pero es Dios Todopoderoso quien tiene el control de todo. El Señor dijo en Juan 14:27: La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.

Una vida libre de angustias y preocupaciones sólo podrá tenerse en la medida en que asumamos otra de las promesas del Señor, la paz genuina y de calidad que únicamente él puede brindarnos. Una paz de la que gozaremos luego de poner en sus manos, de corazón, todas nuestras angustias, confiando plenamente en su poder y capacidad para ayudarnos a sobrellevar cada una de nuestras cargas.

¡No se trata de callar nuestra opinión por el miedo a la opresión o al qué dirán! Se trata de tener una posición ante la vida delante de quienes nos confrontan, pero sabiendo que es Dios el que tiene que hacer nuestra guerra. No tengo temor a expresar mi posición como cubano acerca de lo que está aconteciendo en nuestra patria, pero mi batalla la libra el Señor.

Toma esa decisión y camina confiado de la victoria que te espera junto al Señor. Declara hoy: descanso todas mis cargas en Dios porque él cuida de mí.

Recuerda… ¡Estamos bajo su amparo!

Dios les bendiga abundantemente.

Día Mundial de Ayuno y Oración por Cuba

Julio 21, 7:00 am – 7:00 pm

«Un abismo llama a otro a la voz de tus cascadas; todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí. Pero de día mandará Jehová su misericordia, y de noche su cántico estará conmigo, y mi oración al Dios de mi vida (Salmo 42:8)»

«Inclina, oh Dios mío, tu oído y oye; abre tus ojos, y mira nuestras desolaciones, y la ciudad sobre la cual es invocado tu nombre; porque no elevamos nuestros ruegos ante tpi confiados en nuestras justicias, sino en tus muchas misericordias (Daniel 9:18)»

¿Crees en las profecías bíblicas?

Por el Rev. Rodolfo Rodríguez Matos. Presidente de la Iglesia Evangélica Misionera

“El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán (Mateo 24:35

Amados en Cristo, hoy meditaremos la manera en que el mundo, su comportamiento y las decisiones humanas, van cumpliendo lo profetizado en las Escrituras; de manera que, para los cristianos, el rumbo que lleva la humanidad no debe constituir una sorpresa, y sí una confirmación de que la Biblia dice la verdad. Por lo tanto, en lugar de vivir bajo alarma, debemos estar preparados para hacer frente a las circunstancias adversas, para la consumación del fin de los tiempos y para la venida de Cristo por los suyos.

Todo el legado profético del Antiguo Testamento se ha cumplido a lo largo de la historia. Todas las palabras que los profetas declararon de parte de Dios a reyes y otros personajes de su tiempo se cumplieron. Todas las profecías sobre reinos y acontecimientos de tiempos posteriores, se cumplieron. Todas las profecías sobre la persona y obra de Cristo, el Ungido de Dios, se cumplieron.

Nuestro texto de hoy forma parte del mensaje profético de Jesús para los últimos tiempos, en el cual describió el rumbo que llevaría el mundo, y el ser humano en particular: Como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre (Mateo 24:37-39). A lo cual el evangelio de Lucas añade: Asimismo como sucedió en los días de Lot; comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban; más el día en que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y los destruyó a todos. Así será el día en que el Hijo del Hombre se manifieste (Lucas 17:28,30).

Jesús también profetizó que los fieles, en lugar de recibir un trato amable, tendrían que padecer; y es lógico, pues un mundo viviendo en desenfreno, bajo el dominio de satanás, no mira con buenos ojos a quienes sirven con fidelidad a Dios y viven con dignidad ante sus semejantes: Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre (Mateo 10:22). Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre. Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán. Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos; y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se resfriará. Más el que preservare hasta el fin, éste será salvo (Mateo 24:9-13).

Las palabras de Cristo, dichas dos mil años atrás, pintan un cuadro exacto del mundo en que vivimos hoy; y eso nos demuestra la veracidad de la profecía bíblica. Lo que él dijo se está cumpliendo al pie de la letra: un mundo en absoluto descuido de los valores espirituales, en desenfreno moral, la gente aferrada a todo lo temporal y perecedero y caminando hacia una tragedia final.

Respecto al mundo de la fe, Jesús y los apóstoles describen este tiempo final como de apostasía, signada por falsos profetas que arrastrarían a multitudes desconectadas de la verdadera doctrina e interesadas en oír cosas novedosas; he aquí algunas declaraciones: Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios (1 Timoteo 4:1). Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que, teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído, y se volverán a las fábulas” (2 Timoteo 4:3-4). ¡Ay de ellos! Porque han seguido el camino de Caín, y se lanzaron por lucro en el error de Balaam, y perecieron en la condenación de Coré. Estos son murmuradores, querellosos, que andan según sus propios deseos, cuya boca habla cosas infladas, adulando a las personas para sacar provecho (Judas 11, 16). 

También estas palabras proféticas se han venido cumpliendo sin faltar una sola. Esto corrobora que la Biblia es la verdad de Dios y digna de toda confianza. Lo que en ella está escrito es para nuestra orientación y amonestación, por lo tanto, lo mejor que podemos hacer es prestarle atención.

Creo que en materia de concepto no hay grandes problemas en la cristiandad para declarar y hasta defender con argumentos que todo lo que dice la Biblia es verdad y se cumplirá. Ahora bien, debemos asegurarnos de acoplar concepto con comportamiento y práctica. Si estamos convencidos de que la Biblia dice la verdad, ¿por qué nos alarman los acontecimientos del mundo y el rumbo que llevan las sociedades, como si nos tomaran por sorpresa? ¿Acaso no está profetizado?

La idea de un mundo mejor, hecho posible por medio del mejoramiento humano, además de ser falsa, no es bíblica; entonces los cristianos no podemos vivir como si fuera eso lo que esperamos. ¡Cuidado que nuestro comportamiento y actitudes no contradigan nuestros credos!

Amados hermanos, no hay dudas de que el mundo va de mal en peor, y nos duele que así sea porque eso no es el deseo de Dios. Pero, en lugar de alarmarnos y correr en desesperación como si algo raro estuviera aconteciendo, afiancémonos en la Palabra de Dios, la cual es digna de toda confianza.

Vivamos conscientes de que todo lo que está escrito en la Biblia se ha de cumplir, tal cual dijo Jesús: El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. 

Su hermano en Cristo, Rodolfo Rodríguez Matos, pastor

Cuando nuestra salud peligra

Llevamos más de año y medio bajo la amenaza de la pandemia del Covid 19. La permanencia del azote y el surgimiento de nuevas cepas más peligrosas del virus aumenta la posibilidad de que muchas más personas padezcamos la enfermedad. Escuché a alguien decir hace poco:

─Esto se acabará cuando todos nos enfermemos. ¡Dichosos los que sobrevivan!

La realidad es que la gente no solo se enferma y muere por contagiarse de Covid 19. Las enfermedades pueden alcanzarnos a todos y la muerte también. Incluso podemos sanar milagrosamente de una enfermedad grave por la intervención divina, pero algún día moriremos de otra. La enfermedad y la muerte son parte de la vida y debemos estar preparados tanto para enfrentarlas con buen ánimo y luchar por nuestra salud, como para aceptar la realidad de la muerte cuando ya es inevitable…

El programa Mensajes de Fe y Esperanza se trsmite de lunes a viernes a las 8:55 pm por los 800 AM (Onda Media)

-Si desea descargar el programa, puede hacerlo gratuitamente tocando los tres puntos a la derecha del archivo de audio. Si quiere compartir con otras personas esta publicación, utilice los botones correspondientes debajo. ¡Dios le bendiga!

La oración de Daniel

Daniel es uno de los personajes bíblicos más impresionantes porque su historia, desde el principio, resulta contradictoria. Por ser hermoso, de linaje real, íntegro, fuerte, preparado e inteligente, sufrió la peor tragedia de su vida. De haber sido un muchacho común, pobre, sin atractivo y alta capacidad intelectual, al ser sitiada y tomada Jerusalén por Nabucodonosor probablemente hubiera permanecido en su nación sin padecer el destierro.

Sin embargo, fue uno más en la terrible caravana de hombres y jóvenes encadenados que realizó el cruento y larguísimo viaje desde Judea a Babilonia. Al llegar, por su buen parecer y evidentes posibilidades fue escogido entre los destinados a lograr una total asimilación a la cultura caldea. Nadie piense que a partir de entonces tuvo una vida fácil aunque llegara a ocupar posiciones tan prominentes en el reinado de Nabucodonosor y sus sucesores, pues su desempeño provocó la envidia de otros funcionarios reales que no soportaban que un judío desterrado fuera tan influyente. ¿Te imaginas?

Viviendo en la corte de los reyes babilónicos, ¿habrá sido bien visto por sus compatriotas que sirviera al imperio que les desterró? Estuvo todo el tiempo como sobre una cuerda floja, rodeado de enemigos y exponiéndolo todo, hasta su reputación entre los suyos, con quienes apenas podía relacionarse. ¿Por qué Dios permitirá que algunos caigan en circunstancias que pueden parecer tan contradictorias? Él sirvió al imperio medo-persa por más de 60 años y aunque una tradición rabínica afirma que regresó muy anciano a Jerusalén, no hay evidencias históricas de ello. Es probable que sus contemporáneos hebreos desconfiaran del rol que jugó durante el cautiverio y hasta de sus habilidades proféticas. Sin embargo, si alguien dudara sobre su integridad y compromiso de fe con Dios y con su pueblo, su oración en el capítulo nueve de su libro lo aclara todo. He aquí sus palabras:   

4Ahora, Señor, Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto y la misericordia con los que te aman y guardan tus mandamientos. 5Hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho impíamente y hemos sido rebeldes, y nos hemos apartado de tus ordenanzas. 6No hemos obedecido a tus siervos los profetas que en tu nombre hablaron a nuestros reyes, nuestros príncipes, a nuestros padres y a todo el pueblo de la tierra.

7Tuya es oh Señor la justicia, y nuestra la confusión de rostro, como en el día de hoy lleva todo hombre de Judá, los moradores de Jerusalén, y todo Israel, los de cerca y los de lejos, en todas las tierras adonde los has echado a causa de su rebelión con que se rebelaron contra ti. 8Oh, Jehová, nuestra es la confusión de rostro, de nuestros reyes, de nuestros príncipes y de nuestros padres; porque contra ti pecamos.

15Ahora, pues, Señor Dios nuestro, que sacaste tu pueblo de la tierra de Egipto con mano poderosa, y te hiciste renombre cual lo tienes hoy; hemos pecado, hemos hecho impíamente. 16Oh Señor, conforme a todos tus actos de justicia, apártese ahora tu ira y tu furor de sobre tu ciudad Jerusalén, tu santo monte; porque a causa de nuestros pecados, y por la maldad de nuestros padres, Jerusalén y tu pueblo son el oprobio de todos en derredor nuestro.

17Ahora pues, Dios nuestro, oye la oración de tu siervo y sus ruegos; y haz que tu rostro resplandezca sobre tu santuario asolado, por amor del Señor. 18Inclina, oh Dios, tu oído y oye; abre tus ojos y mira nuestras desolaciones, y la ciudad sobre la cual es invocado tu nombre; porque no elevamos nuestros ruegos ante ti confiados en nuestras justicias, sino en tus muchas misericordias. 19Oye, Señor; oh Señor, perdona; presta oído, Señor; y no tardes, por amor de ti mismo, Dios mío, porque tu nombre es invocado sobre tu ciudad y sobre tu pueblo.

¡Cuánto me impresiona esta oración de Daniel! La considero una de las plegarias más hermosas de toda la Biblia por varias razones:  

Cuando la escribe, probablemente llevara cerca de setenta años o más lejos de su tierra, sirviendo al imperio que le arrancó de su nación aunque después le enseñó las letras y la lengua de los caldeos (Dan 1:4), expresión que refiere a la clase más alta y culta de sacerdotes caldeos y hombres instruidos o magos. Dicha instrucción le permitió llegar a ser muy influyente no solo en el tiempo de Nabucodonosor sino también durante el reinado de Belsasar y Darío. No obstante, como se evidencia en su oración, jamás dejó de amar a su pueblo, sus costumbres, su fe y su cultura. Siguió siendo hebreo en cuerpo y alma, creencias, compromiso y lealtad absoluta a su Dios aunque vivió inmerso en una cultura pagana, la cual jamás pudo conquistar al adolescente fiel que decidió no contaminarse con ella.

Sin ser culpable de ninguno de los pecados que llevaron a su pueblo al destierro, devino en víctima inocente, padeciendo por los pecados que generaciones anteriores a la suya cometieron. Emociona que al orar lo haga con un sentido de pertenencia total al pueblo de Dios. Es admirable cuando dice: hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho impíamente. Si revisas su oración no encontrarás una palabra de crítica mordaz para los suyos. El prefiere orar en primera persona del plural, incluyéndose en los pecados de su nación, demostrando su piedad y un compromiso incondicional con su gente.

Aunque es evidente su dolor por el sufrimiento nacional debido a la desobediencia, nunca se expresa como el judío impecable que culpa a otros de todo su sufrimiento. Asume sin resentimientos su responsabilidad social y espiritual por ser parte de ese mismo pueblo, aunque llevaba décadas viviendo aparte de ellos. ¿Nos enseña algo su actitud? Él pudo haberles acusado diciendo ellos han pecado; pero dijo hemos pecado; demostrando su grandeza de alma y su infinito amor por los suyos. ¿Fue injusto para consigo mismo al manifestarse así? No. Más bien fue grande, generoso, compasivo, fiel, comprensivo, espiritual y consciente de la fragilidad humana: nadie puede confesarse libre de errores y pecados en este mundo, aunque no haya caído tan bajo como otros. Puesto que todos somos pecadores, el juicio inmisericorde a los demás con frecuencia resulta totalmente injusto.

Su oración recibe una inmediata y especial respuesta de Dios: aun estando hablando en oración, cuando el varón Gabriel ─el enviado de Dios a quien él había visto antes en su visión profética─, volando con presteza, vino a mí como a la hora de la tarde y me hizo entender; y habló conmigo diciendo: Daniel, ahora he salido para darte sabiduría y entendimiento. Al principio de tus ruegos fue dada la orden, y yo vengo a enseñártela, porque tú eres muy amado (Daniel 9:23).

¡Cuán dulces serían estas últimas palabras al corazón del anciano profeta! El ángel Gabriel le dice que Dios le ama mucho y le dará más sabiduría y entendimiento. ¡Cuánto necesitamos todos lo mismo! Para mí, esa respuesta demuestra el gozo y beneplácito divino con el espíritu de la oración de Daniel, al pedir a Dios perdón por el pecado de su pueblo, pero considerándose parte de él.

¿Cómo querrá Dios que oremos nosotros? Un texto bíblico muy conocido puede aplicarse a cualquier nación de la tierra y conviene recordarlo: si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde lo cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra (1 Crónicas 7:14). ¿Conocería Daniel ese texto? No es posible si Esdras, tal como la tradición rabínica sostiene,  fue el autor de 1 de Crónicas. Daniel conocía que el pueblo de Dios es quien debe humillarse y por eso oró de esa manera. Los creyentes en todas partes del mundo oramos porque nuestros gobernantes se humillen y ¡claro que sería fabuloso y de seguro nos haría mucho bien a todos! Pero la Biblia insiste que es el pueblo de Dios quien debe hacerlo y además orar por sus gobernantes para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad (2 Timoteo 2:2). Es claro el propósito, ¿no? Sin duda la tranquilidad y el bienestar de los pueblos depende muchísimo de la actuación de sus gobernantes. Si en verdad creo que Dios está por encima de toda institución humana, con independencia de quelos obernantes crean en él o no, nos gusten o no debemos orar por ellos porque es una enseñanza biblica muy clara.

En los últimos tiempos vivimos una situación muy difícil debido a la pandemia del Covid-19. Además de muchísimos enfermos y fallecidos, hay demasiada confusión, sospechas, acusaciones, divisiones, controversias en un planeta que se precia de albergar ─aunque haya muchísimos problemas─, la civilización más inteligente, desarrollada y mejor preparada de la historia. Aun así, ¿qué no hemos oído o visto en las redes sociales y en los noticieros del mundo durante el pasado año y medio? He observado y escuchado muchas grandes verdades pero también a médicos anunciando remedios milagrosos y sencillísimos que evitaban el contagio; lo cual, si fuera cierto, ya todo hubiese acabado. He visto profetas declarando el inminente fin de la pandemia y también a algunos negando con total convencimiento que no era cierto que tantas personas murieran, alegando que todo era propaganda malévola. ¿Recuerdas? Y solo son dos ejemplos. Sin duda hay muchos más.

En mi país ahora nos aterra el número de muertos y enfermos diarios y vivimos de cerca experiencias semejantes a las que otros países han sufrido en otras ocasiones, no solo con respecto a la pandemia sino por conflictos sociales. ¿Lo dudábamos entonces? ¿Orábamos y clamábamos por esas naciones o nos sentíamos tranquilos porque aquí no sucediera lo mismo? Todos debiéramos pedir a Dios un espíritu como el que mostró Daniel en su oración y rechazar sentimientos que corrompen el alma, ofenden al Padre y nos posibilitan males peores. Es lógico que la condición moral de la civilización contemporánea nos haga pensar que estamos en los últimos tiempos y que la venida del Señor está a las puertas. Pero no olvidemos que así mismo pensaron los escritores bíblicos y recordemos que para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. El Señor no retarda su promesa, sino que es paciente para con todos… (2 Pedro 3:9). 

Insisto humildemente en que a todos nos haría mucho bien orar ─y vivir─ con el mismo espíritu que Daniel mostró, tanto al afrontar la tragedia de su vida como al orar al Señor por los suyos. ¡Dios nos ha perdonado tanto a todos que cualquier juicio inmisericorde que hagamos sobre las conductas humanas solo demuestra cuánto nos falta a todos para llegar a ser como debiéramos. La suprema enseñanza de la oración de Daniel, a mi entender, es que Dios ama mucho a quienes viven y oran con su espíritu, y manda emisarios a la tierra para mostrarles su amor, contestar sus oraciones y también… para hacerles entender los acontecimientos y darles sabiduría y entendimiento.

¡Cuánto necesitamos de todo ello en estos momentos!

El camino hacia Dios

Muchas personas que dicen creer en Dios en realidad no le conocen. Una cosa es creer o suponer que Dios existe y otra es conocerle y tener relación con él. Es interesante también que muchos que dicen no creer en él y viven ignorándole completamente, cuando se ven atacados por una enfermedad o enfrentan un problema difícil piden a los creyentes que oren por ellos.

He conocido a muchísima gente que vive como si Dios no existiera hasta el día en que impactados por situaciones muy difíciles, comienzan a clamar a él o nos piden que oremos por ellos. ¡No creo que a Dios se ofenda cuando eso ocurre sino todo lo contrario! Por ello debemos predicar el evangelio a todos. A veces pienso que no hay nadie completamente ateo porque al fin y al cabo quienes manifiestan no creer en Dios en el fondo siempre creen en algo aunque no lo reconozcan públicamente.

La realidad es que aunque digan no creer en nada y hasta se vanaglorien de ello nunca sabemos qué puede suceder con el tiempo. ¡La vida suele darnos muchísimas sorpresas! Por eso jamás debemos despreciar a nadie aunque ataque nuestra fe y sí orar por todos para que un día entiendan que Dios les ama y puedan encontrar el camino hacia él…   

El programa Mensajes de fe y esperanza se trasmite de lunes a viernes a las 8:55 pm por los 800 AM (Onda Media)

-Puede descargar gratuitamente el archivo de audio a su PC o móvil si toca los tres puntos a la deracha del archivo de audio. Si desea compartir esta publicación con otras personas, utilice los botones correspondientes debajo.

-Si este programa le ha sido de bendición, le agradeceremos que pulse el botón *Me gusta. Así muchas más personas se interesarán en escucharlo. ¡Muchas gracias y que Dios les bendiga!