¿Estaré equivocado? A veces percibo que en la educación cristiana actual no se enfatizan temas que eran pan diario en las iglesias antiguamente, como en la que asistí de niño y adolescente; uno de los cuales es el que nos ocupa en el programa de hoy. En mi iglesia recibí una enseñanza bíblica muy completa y práctica; ya fuera en la escuela dominical, en los mensajes del pastor, en las actividades de jóvenes y en todo lo que se hacía.
Tal fue así, que años después, al estudiar en el seminario, aprendí Teología, Hermenéutica, Predicación y otras asignaturas imprescindibles para un efectivo ministerio pastoral. También recibí clases de Biblia que me confirmaron que la instrucción recibida en mi iglesia sobre las Sagradas Escrituras fue magistral, pues no escuché en el seminario algo que no hubiese oído antes de mis maestros en la iglesia local. No lo afirmo como crítica a la institución donde mis profesores de Biblia fueron inigualables y los recuerdo con muchísimo amor, admiración y gratitud. Solo que aquel descubrimiento fue impactante y a la vez definió mi propio ministerio. La labor educativa de la congregación local jamás debiera descuidarse.
¿Acaso hemos olvidado que el pasaje bíblico llamado lagrancomisión, no solo dice: Id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándoles en el nombre del Padre, del Hijo y el EspírituSanto(Mateo 28:18)? También afirma: enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado (v.19). En este mundo contradictorio, egoísta y corrupto hasta la médula, las iglesias no pueden descuidar la enseñanza constante de todo lo que la Biblia enseña con respecto a la conducta humana, pues de ello depende también la efectividad de nuestro testimonio cristiano…
El programa Mensajes de Fe y Esperanza se trasmite de lunes a viernes a las 8:55 pm por los 800 AM (Onda media)
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Estamos ante un pasaje bíblico que resulta enigmático, una de las muchas historias imaginarias con las cuales Jesús ilustraba verdades fundamentales. Llamadas parábolas, los sucesos narrados eran tan comunes y habituales que podían considerarse hechos verídicos. Para interpretarlas, urge conocer las costumbres de la época y recordar que no eran narraciones para ser leídas, sino para escucharlas. De ahí su sencillez, fácil desarrollo y el rápido final que muestra una lección impactante.
Su título también dificulta un poco su comprensión. Al leerlo, nuestras mentes etiquetan enseguida al mayordomoinfiel, olvidando que los títulos y subtítulos que aparecen en los capítulos de la Biblia no pertenecen al texto bíblico reconocido como inspirado. Fueron añadidos después para facilitar la búsqueda de pasajes y enseñanzas. Aunque agradecemos mucho esa ayuda —¿imaginas leer la Biblia sin los títulos, subtítulos o la división en capítulos y versículos?—, debe quedarnos claro que fueron adiciones posteriores, no siempre determinantes en la interpretación bíblica.
Según esta parábola, un hombre rico tenía un mayordomo que fue acusado ante él como disipador de sus bienes (16:1), tras lo cual el rico le exigió cuentas y amenazó con despedirlo. Entonces, el mayordomo tomó decisiones que beneficiaron a los deudores, al hombre rico y por ende a él mismo. Lo que más nos sorprende es el análisis de Jesús sobre sus acciones: Y alabó el amo al mayordomo malo por haber hecho sagazmente, porque los hijos de este siglo son más sagaces en el trato con sus semejantes que los hijos de la luz (16:8).
¿Jesús alabando a un mayordomo infiel? Tras leer de su mal trabajo y su trato con los deudores, le consideramos culpable aunque solo sabemos que fueacusado y la historia no narra si fue despedido realmente. Aunque ayudó a sus deudores y agradó a su amo sin recibir él mismo ganancias económicas, asumimos que realizó una acción condenable. Sin embargo, ¿lo sería ciertamente? Notemos que Jesús no usó la palabra infiel, solo calificó su trabajo anterior como malo.
La cancelación de deudas ha sido común en todas las épocas y en Israel se perdonaban muchas en los llamados AñosSabáticos. El mayordomo no las canceló sino las redujo, beneficiando a los deudores y también a su amo. ¿Por qué Jesús no condena su acción? La astucia del personaje —recordemos que es una historia ficticia—, fue hacer bien a todos aunque él podría ser despedido. Había errado en su trabajo, pero al ser confrontado fue sensible a los intereses de los demás. ¡Pudo ofenderse por la acusación y marcharse sin ayudar a nadie o presionar a los deudores para contentar a su amo! Sin embargo, su acción satisfizo a todos mostrando sagacidad.
¿Conoces el significado de esa palabra? Se refiere a quienes muestran astucia y prudencia en entornos difíciles, logrando bendecir y beneficiar a todos. ¿Te extraña que Jesús dijera que los incrédulos actúan con más sagacidad que los creyentes? El mayordomo, comprendiendo la situacion que enfrentaba, demostró empatía y sensibilidad. A veces los hijosdelaluz olvidamos que para atraer la buena voluntad de los incrédulos al predicarles debemos interesarnos en cuanto les concierne, valorando sus problemas y actitudes. ¿Acaso ignoramos que les urge más atender sus necesidades reconocidas que escuchar un discurso sobre algo que nunca les interesó o lo consideran absurdo? Para alcanzar a los no creyentes con un mensaje sobre verdades eternas, urge mostrar que les entendemos y deseamos ayudarles en las dificultades que enfrentan en la única vida que creen tener. Solo entonces se dispondrán a escucharnos.
También nos inquieta la declaración de Jesús al explicar la parábola: Y yo os digo, ganad amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando estas falten, os reciban en las moradas eternas (v.9). En los tiempos bíblicos la expresión riquezasinjustas se atribuía a todas las posesionesmateriales. Jesús está declarando que en la manera que las usemos —egoístamente o no— ellas harán evidente nuestro destino eterno. No dice que nuestra salvación depende de la manera en que usemos nuestras posesiones terrenales, solo que ello demostrará ante los demás si somos verdaderos creyentes o no. Recordemos que esta parábola fue dicha delante de los fariseos, quienes pretendiendo ser fieles a las Escrituras eran avariciosos y despreciaban a los demás: Y oían también todas estas cosas los fariseos, que eran avaros, y se burlaban de él (v.14). Fue por ellos que Jesús terminó de explicar la parábola diciendo: Ningún siervo puede servir a dos señores; porque aborrecerá al uno y amará al otro, oestimaráa uno y menospreciará a otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas (v.13).
Cuando nuestros intereses materiales y personales van primero que nuestra fe y obediencia a Dios, actuamos con insensatez y avaricia, razones por las cuales él acusó a los fariseos. ¡Eran maestros de la Ley pero no la cumplían a plenitud! No sorprende entonces que Jesús fuera más severo con los religiosos hipócritas que con los pecadores de su época. ¿Comprendes? El único ser perfecto que pisó jamás este planeta, fue tan gentil, paciente y comprensivo con los impíos, como crítico y condenatorio con quienes pretendiendo ser virtuosos, no eran capaces de mostrar amor y sensibilidad humana, como los fariseos. Por ello acusó con fuerza a los insensibles maestros de la Ley, pero siempre mostró una actitud de gracia y bondad inefable para con los pecadores a quienes vino a salvar.
A veces me pegunto cómo queremos ganar al mundo para Cristo si lo que este percibe de nosotros es desprecio, reproches y una urgencia desesperada porque el juicio divino llegue y envíe a los impíos a la condenación eterna. ¿Intentaremos alguna vez ponernos en el lugar de esas personas y pensar cómo perciben nuestras palabras y actitudes? ¿Nos pareceremos más a quienes llevaron ante Jesús a la mujer adúltera —horrorizados por su pecado de adulterio y dispuestos a apedrearla—, que a quien le dijo, sencilla y amorosamente: Ni yote condeno, vete y no peques más (Juan 8:11)?
Hasta para compartir y modelar el evangelio de Cristo en estos tiempos catastróficos es imprescindible ser sagaces. Aunque esa palabra suele percibirse como picardía, tiene que ver más con tratar a nuestros semejantes con discernimiento, agudeza, lucidez, raciocinio, perspicacia, previsión para lo apropiado, lo justo, lo que atrae y bendice a otros, como hizo el mayordomo de la parábola. Debido a que ante circunstancias adversas tendemos a manifestarnos como somos, sin máscaras, hipocresía o simulaciones; la gente ahora puede comprobar cuán real es nuestra fe y veraz nuestra declaración de que odiamos al pecado pero amamos al pecador, lo cual define el impacto real de nuestro testimonio. Si fallamos en ello, nos percibirán como religiosos fanáticos y acomodados —puros fariseos— aferrados a enseñanzas y un discurso que amenaza con la condenación eterna… ¡pero olvidando nosotros mismos que hemos escapado de ella por pura y soberana gracia divina, jamás por nuestras virtudes!
Nadie me malinterprete: no es que vivamos o proclamemos un evangelio fácil que ignore las terribles consecuencias del pecado o la regeneración total de la conducta tras la conversión. Me refiero a relacionarnos y tratar a las personas —sean quienes fueren—, con una actitud de gracia y empatía que marque la diferencia entre la aceptación o el rechazo que hagan no solo de nosotros mismos, sino del Salvador en quien creemos. Acerquémonos a todos sin pretender superioridad, impecabilidad o justicia propia, intentando comprender sus necesidades y luchas reales, dispuestos a ayudarles como corresponda para bendecirles. Recordemos que los más encumbrados y soberbios pecadores, pueden también ser objeto del amor y la gracia divina. ¿Acaso no lo fuimos nosotros?
Si queremos que las personas se interesen en el mensaje cristiano, deberá ser obvio que nuestras decisiones —más que nunca en las circunstancias actuales— coincidan con las creencias que profesamos y predicamos con insistencia. De otro modo, nunca lograremos impactar a los no creyentes aunque usemos las palabras más hermosas y las historias más impresionantes. Si de algo está cansado el mundo contemporáneo es de las palabras huecas y falsas. ¿Creerás que necesita escuchar más?
Este es un tiempo en que los hijos de la luz, obligatoriamente, debemos ser muy sagaces.
Conocido es por todos que las relaciones familiares experimentan en estos tiempos situaciones críticas. ¿Tienes problemas con los tuyos? Para nadie es extraño que vivimos en un mundo altamente egoísta, corrupto y contradictorio. Muchas de las instituciones tradicionales que sostenían el entramado social —entre ellos la familia— hoy son atacadas y cuestionadas como nunca antes lo fueron. Conceptos que la mayoría de la humanidad sostuvo durante siglos son vilipendiados por muchos y acusados de ser los culpables en gran parte de todas las injusticias y los sufrimientos humanos. ¿Cómo es posible?
Aunque es indudable que la Biblia enseña que la propia corrupción de la humanidad provoca todo ello, pues hablando palabras infladas y vanas, seducen con concupiscencias de la carne y disoluciones a los que verdaderamente habían huido de los que viven en error (2 Pedro 2:18); la actitud cristiana hacia los incrédulos o nuestros familiares no creyentes no debe ser de desprecio ni condenación.
Pablo enseñó claro a los filipenses que aunque vivían en medio de una generación maligna y perversa, debían mantenerse irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha… (Filipenses 2:15). Frente a nuestros familiares no creyentes no debemos no debemos mostrarnos agresivos, constantemente ofendidos ni tampoco ser acusadores constantes. Ese no es el camino para realmente ayudarles. Debemos amarles mucho, orar por ellos, y vivir de tal manera que ellos puedan comprender cuán beneficioso es seguir a Cristo…
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Basado en materiales elaborados por el Ministerio Esperanza para el Corazón, usados con permiso del Ministerio Hope to the Heart de Dallas, Tx, los primeros diez programas explicarán en qué consiste la consejería que se basa en principios bíblicos y cómo aplicarlos a la variedad de situaciones que enfrentamos en nuestra vida de familia. Cada programa tendrá una duración de quince minutos. Más adelante desarrollaremos temas como familia disfuncional, falta de comunicación en la familia, cuidado de ancianos, la soltería, la depresión… ¡y muchos más! A partir del programa 52 también hablaremos sobre ADORACIÓN. Los programas Nuestro Hogar serán publicados en este sitio con una frecuencia semanal.
A los oyentes cubanos les recomendamos descargar el programa a su PC o Móvil tocando los tres puntos que se encuentran a la derecha del archivo de audio y escucharlo cuando le sea más oportuno. También puede compartirlo con otras personas usando los botones correspondientes debajo. Agradeceremos sus comentarios sobre el programa y también sus sugerencias de temas a tratar. ¡Dios les bendiga!
¿Cómo debe actuar un creyente en Cristo cuando tiene que convivir necesariamente con personas que no creen lo mismo y tienen diferentes costumbres? Es obvio que deseemos que los familiares con quienes convivimos y la gente con quien nos relacionemos tengan nuestra misma fe, pero ello no siempre ocurre. Algunos logran que toda su familia y muchos de sus amigos les sigan en su experiencia de fe, pero a otros se les hace imposible o muy difícil lograrlo…
Además, suele suceder que a nuestros familiares y amigos no creyentes no les agrade que les hablemos de Cristo. No olvidemos que hasta el apóstol Pablo escribió que no es de todos la fe (2 Tesalonicenses 3:2). ¿Será entonces imposible desarrollar con ellos relaciones significativas?
El hecho de que seamos cristianos no significa que debamos despreciar a quienes no lo sean. Como el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado (Romanos 5:5), aun a las personas más difíciles debemos mostrarles el amor de Dios y relacionarnos respetuosa y afectosamente con ellas… Mucha gente que al principio reniega y prefiere ignorar la fe, un día termina abrazándola…
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Cuando Jesús oró al Padre con respecto a sus discípulos, dijo: Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No te ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en tu verdad, tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo (Juan 17:14-18).
Esa oración de Jesús revela revela verdades que los cristianos siempre debiéramos tener en cuenta:
La primera es que, lógicamente, debemos esperar el desprecio del mundo, pues tenemos creencias y conductas muy diferentes, algunas de las cuales pueden hacer sentir incómodos a los no creyentes o juzgados fuertemente por parte nuestra.
La segunda es que ¡Jesús no espera que nos apartemos totalmente del mundo, como si no tuviésemos nada que ver con las demás personas! Solo que no compartamos sus creencias ni sus costumbres pecaminosas, por eso el ruego de: santifícalos en tu verdad, tu palabra es verdad.
La tercera es que nuestra misión siempre será… ¡atraer el mundo! Por lo tanto, aunque no compartamos sus creencias ni costumbres, nos urge mantener una relación amorosa y sincera con todas las personas, tal como el mismo Jesús hizo. Si solo nos relacionamos con cristianos, el mundo percibirá que le despreciamos. ¿Está claro?
Por eso, aunque es normal experimentar el desprecio de los no creyentes, nosotros nunca podremos despreciarles aunque sus creencias y costumbres sean diferentes a las nuestras. Tenemos el deber de presentarles el evangelio, por lo cual será necesario establecer relaciones como las que Jesús desarrolló con publicanos y pecadores…
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Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a los otros entrañablemente, de corazón puro; siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre (1 Pedro 1:22-23).
Cuando la primera pareja humana violó la única limitación que entre tantas bendiciones paradisíacas que podían disfrutar Dios les impuso, comenzó el proceso corruptor de la raza humana y pronto la maldad se adueñó de la tierra: Y se corrompió la tierra delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia (Génesis 6:11). De modo que para la ética cristiana, la corrupción es la consecuencia de no aceptar las normas divinas como legítimas y absolutas para la conducta. ¿Dudas de que cada día la corrupción sea mayor? ¿Alguna esfera social se libra de ella? ¿Alcanza a los creyentes, las instituciones y las organizaciones cristianas?
Aunque la única respuesta posible a la última pregunta no nos agrade; y ahora haya incluso más peligro de contaminarnos, la corrupción ha sido un mal constante desde los tiempos bíblicos. Como Jesús rogó al Padre: no te ruego que los quites del mundo, sino que les guardes del mal (Juan 17:15), usualmente cumplimos nuestros deberes cristianos rodeados de ambientes potencialmente corruptos. Ello nos presenta dos grandes retos: evitar que las costumbres corruptas nos penetren; e impedir que su influencia dañe o afecte nuestras relaciones con los hermanos y hermanas en Cristo. ¡Es tan difícil mantenerse aséptico en un medio contagioso!
La experiencia actual con la pandemia lo demuestra. Lavarnos las manos, conservar las distancias, usar mascarillas y otras molestas medidas sanitarias nos recuerdan a diario que el peligro acecha y al menor descuido no solo nosotros, sino las personas que amamos pudieran resultar contagiadas. ¡Lo mismo puede ocurrir con la corrupción de la conducta cristiana y nuestros valores espirituales si no somos cuidadosos! Por ello el apóstol Pedro nos recuerda que somos: linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios para que anunciéis las virtudes de aquél que os llamó a su luz admirable (1 Pedro 2:9).
Es maravilloso haber sido redimidos por Cristo y transformados por la obra del Espíritu Santo. No obstante, abandonar nuestras conductas erradas toma tiempo. No basta conocer las verdades bíblicas, debemos aplicarlas para que sean efectivas.
Refiriéndose a los Judíos, Pablo escribió: Tú, pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo? Tú que predicas que no se ha de hurtar, ¿hurtas? Tú que dices que no se ha de adulterar, ¿adulteras? Tú que abominas a los ídolos, ¿cometes sacrilegio? Tú que te jactas de la ley, con infracción de la ley deshonras a Dios? Como está escrito, el nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por causa de vosotros (Romanos 2:21-24). .
Bajo el pretexto de que hoy todo ha cambiado, algunos creyentes se permiten licencias que nos recuerdan el pasaje anterior. ¡Qué penoso! A la vez, es necesario reconocer que muchísimos cristianos todavía preferirían morir antes de traer vergüenza a su iglesia o al nombre de Dios. Conscientes de que no son perfectos, se esfuerzan cada día en agradar a su Señor sin importarles la opinión de los demás. ¿Eres uno de ellos? Gente así demuestra que es posible resistir y vencer el acoso la corrupción.
El proceso corruptor entre los cristianos no solo ocurre cuando caemos en pecados escandalosos. Es imperativo ser incorruptibles tanto en nuestra vida personal como en nuestra interacción con los hermanos en Cristo. Por eso Pedro insiste en que habiendo purificado nuestras almas en obediencia a la verdad (1:22), también debemos desechar toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones (2:1-3). Esta última palabra, usada en la Reina Valera de 1960, significa detraer, denigrar, quitarfama, honrayprestigioaalguienoalgo. Las versiones actuales de la Biblia prefieren traducirla por comentarioshirientes (NTV); toda clase de chismes (DHH); todadifamación (LBA); y maledicencia (BHTI).
Nunca debiéramos hacer uso de comentarios hirientes, chismes, difamaciones, proferir maldiciones o denigrar públicamente a quienes aman a Dios aunque sepamos que, como nosotros, son imperfectos. De hacerlo, los impíos se gozarían comprobando que quienes pretendemos ser el cuerpo de Cristo en la tierra, somos tan corruptos como ellos, lo cual destrozaría nuestro testimonio. Tampoco podemos denigrar a creyentes por diferencias de criterios doctrinales o sociales. ¿No es Dios, acaso, el único que conoce los corazones? Muchos hemos actuado mal o asumido alguna vez posiciones equivocadas y Dios nos perdonó. Es a él a quien corresponde el juicio, no a nosotros. Un famoso predicador norteamericano decía que en la eternidad recibiríamos muchas sorpresas, pero dos de ellas nos impactarían muchísimo. ¿Sabes cuál sería la primera? Algunas personas que nosotros esperábamos encontrar allí no estarán. La segunda es que allí veremos a algunos que nunca esperábamos encontrar. ¿Comprendes? No nos es permitido Juzgar severamente a las personas porque a veces esa actitud es una evidencia clara de que algo no anda muy bien en nosotros mismos.
Es tan común la conducta maliciosa y detractora en cualquier esfera de la sociedad que es fácil hacer lo mismo si nos descuidamos. La corrupción no solo daña a los creyentes cuando ocurre un escándalo moral. Está presente también cuando desobedecemos la Biblia al tratar a los hermanos, cediendo a la tentación de denigrar el prestigio o el testimonio de alguien o de una comunidad cristiana porque no concuerden en todo con nuestros criterios. ¿Ignoramos que las apariencias pueden engañarnos porque no vemos el corazón de las personas? Atentar contra el compañerismo cristiano es un acto que corrompe la belleza y la fuerza transformadora del evangelio de Cristo.
El apóstol Pedro relacionó la pureza de nuestra alma con la calidad de las relaciones fraternales que somos capaces de mantener con los demás creyentes. Pablo, a su vez, hablando a los colosenses de las características esenciales que evidencian una nueva vida en Cristo, escribió lo siguiente: Vestíos pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a los otros y perdonándoos unos a los otros si alguno tuviera queja del otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros (Colosenses 3:12-13).
Sí, la corrupción es un mal que tiene varias caras. Como es común y está tan extendida en el mundo contemporáneo, cuidémonos de asumir actitudes que por ser ajenas al espíritu de Cristo, dañan a su iglesia y siembran enemistades entre los hijos de Dios. Tales hechos debemos evitarlos porque cuando ocurren, afectan el testimonio de amor y gracia que debiéramos dar a fin de que el mundo crea.
Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí (Salmo 51:10).
Por el Rev. Rodolfo Rodríguez Matos, Iglesia Evangélica Misionera, La Habana
¿Puede un cristiano sufrir los embates de la tristeza y la depresión emocional? ¿Acaso tal experiencia solo la padecen los no creyentes? ¿Implican tales sentimientos falta de fe o pérdida de confianza en Dios? Cuándo nos sentimos así, ¿será que Dios está lejos y su misericordia falta?
El Salmo 42, escrito por un líder espiritual que supo guiar a su pueblo hasta la casa de Dios en adoración y alabanza, nos revela los sentimientos de su autor: Me acuerdo de estas cosas, y derramo mi alma dentro de mí; de cómo yo fui con la multitud, y la conduje hasta la casa de Dios, entre voces de alegría y de alabanza de pueblo en fiesta (v.4).
Notemos que habla en pasado: me acuerdo…, yo fui… conduje; mostrándonos que su estado actual es muy diferente a aquellos tiempos. Es importante considerar este salmo con cuidado para no arribar a conclusiones precipitadas y simplistas a partir de análisis superficiales. ¿Cómo entender que un líder de tal calibre pueda entrar en un estado de desánimo y depresión? ¿Acaso los líderes espirituales no son humanos? Como tales, también podemos ser afectados emocionalmente por las situaciones difíciles.
La Biblia está llena de grandes hombres de fe que en determinadas circunstancias se vieron igual que el salmista… ¡y la historia reciente también! Quizás usted y yo ya lo hayamos experimentado. Quizás en este mismo instante, alguien que lee, está pasando por ese momento. Entonces, veamos la situación del salmista poniéndonos nosotros en su lugar, y así lo entenderemos mejor.
Cuatro declaraciones nos revelan su estado presente. Primero nos dice: Mi alma tiene sed de Dios…” (v.2), aclarándonos que es tan profunda su necesidad de él que se compara con un ciervo jadeante que, desesperado, brama mientras busca las aguas (v.1). Después nos testifica: fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche” (v. 3), describiendo la realidad de que solo atinaba a llorar, mientras los que le veían cada día le increpaban con una pregunta punzante: ¿Dónde está tu Dios? (vv.3,10). A su vez confiesa con toda sinceridad: Mialma está abatida dentro de mí (v.6); y lo corrobora cuando dos veces se pregunta a sí mismo, como si dialogara con otro: ¿porqué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí? (vv.5,11). También describe dramáticamente: Todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí (v.7), lo cual nos revela que, en su turbación, llegó a ver a Dios como castigándole.
Es en ese momento tan difícil cuando el salmista recapacita y experimenta la misericordia de Dios: Pero de día mandará Jehová su misericordia, y de noche su cántico estará conmigo, y mi oración al Dios de mi vida” (v.8). Volver en sí, en su reflexión interna, le lleva a descansar en Dios como siempre ha creído. No se trata entonces de que hubiera perdido la fe, sino de que estaba cegado y desalentado por tantos problemas. Notemos que durante todo el Salmo menciona trece veces a Dios, pues sabe que en él está la solución que necesita. De la misma manera que con honestidad nos dejó conocer su depresión en medio del sufrimiento, también nos permite ver su confianza en la bondad divina: ¿Por qué te abates, oh alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, salvación mía, y Dios mío” (vv.5,11).
Así cuando recapacita y se vuelve a Dios experimenta la resurrección de su ánimo perdido al enfrentar sus situaciones adversas. ¡Dios no es la causa de sus problemas, sino la solución de los mismos! Tal convicción le permite pasar de un estado de desaliento y desesperación a uno de confianza y reposo en la misericordia divina.
Otras dos declaraciones en el libro de los Salmos nos permiten apoyar esta enseñanza: Desde la angustia invoqué a Jehová, y me respondió Jehová, poniéndome en lugar espacioso (Salmo 118:5). Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento (Salmo 23:4)
Vivimos tiempos muy difíciles. ¡En estas condiciones a cualquiera se le decae el ánimo! Si así nos sucediera, renovemos nuestra visión de Dios, descansemos en él y dejemos que su misericordia fluya en nosotros. Eso cambiará nuestro valle de lágrimas en fuentes de bendición.
Bienaventurado el varón que tiene en ti sus fuerzas, en cuyo corazón están tus caminos. Atravesando el valle de lágrimas, lo cambian en fuentes, cuando la lluvia llena los estanques. Irán de poder en poder, verán a Dios en Sion (Salmo 84:5-7).
Durante la pandemia del Covid 19 uno de los grandes retos que muchos hemos enfrentado es la necesidad de quedarnos en casa para evitar el contagio. Al suspenderse las clases en las escuelas y mucha gente pasar a un régimen de trabajo en casa, es esfuerzo para lograr una diaria convivencia familiar armoniosa, sin tensiones ni conflictos, requiere de todos un compromiso mayor. Mucho más todavía para quienes habitan viviendas o apartamentos muy pequeños como es tan común en nuestro país.
Es posible que durante las primeras semanas, al ofrecernos el hogar familiar un entorno más seguro para librarnos del peligro de contagiarnos, asimiláramos las incomodidades de la nueva experiencia con mejor espíritu; pero al paso del tiempo todos comenzamos a percibir —y sufrir— muchos inconvenientes. ¡Nunca creímos que las actuales circunstancias se extenderían por tanto tiempo! ¿Cómo lograr que diferentes generaciones encerradas en una pequeña vivienda convivan armoniosamente día tras día si todos están preocupados por la pandemia y padeciendo múltiples carencias e incomodidades? Las preocupaciones, las malas noticias y las dificultades del diario vivir aumentan diariamente. ¿Cómo manejar los muchos inconvenientes y malos entendidos que pudieran presentarse?
Un conocido y antiguo refrán nos aconseja que a mal tiempo buena cara —pues un buen espíritu nos ayudará siempre a enfrentar lo mejor posible las circunstancias difíciles. A su vez, la Biblia nos recuerda que el amor todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta (1 Corintios 13:2). Peleando o criticándonos unos a otros constantemente solo aumentaremos los inconvenientes y disgustos que ahora padecemos. Ante cualquier rozamiento o incomprensión, hagamos caso al proverbio que dice: La blanda respuesta aplaca la ira; más la palabra áspera hace subir el furor (Proverbios 15:1)…
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Algunas personas a veces dudan sobre la sinceridad de quienes asisten regularmente a las iglesias. Sobretodo si nunca han visitado un templo, es lógico que no tengan la menor idea de lo que significa la fe cristiana o tengan prejuicios y conceptos muy errados. A la vez, los que se han criado en ambientes en los cuales cualquier creencia religiosa es vista con desprecio o desconfianza —o se considere atrasada e inútil—, fácilmente pueden concebir ideas totalmente desacertadas sobre lo que la asistencia a la iglesia significa para los creyentes.
Como comprobarán al escuchar el programa de hoy, al ver que la asistencia a las iglesias cristianas en Cuba había aumentado radicalmente en los últimos tiempos, un oyente me escribió preguntándo si todas las personas que asisten a las iglesias pueden considerarse cristianas.
Confieso que medité muchísimo en cómo responderle su carta. Hay cosas que están muy claras para aquellos que ya conocemos o llevamos años en la fe. Sin embargo, nos es difícil comprender cuánto pueden desconocer otras personas de lo que para nosotros es obvio y claro debido a nuestra experiencia de fe y comunión cristiana. De modo que traté de ponerme en el lugar de ese oyente y espero que nadie se asuste cuando me escuche responderle categóricamente que no todos los que asisten a la iglesia pueden considerarse cristianos… ¡pero sí todos pueden llegar a serlo si escuchan y asimilan lo que en ellas se enseña y se predica!
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