Aprender a sufrir

Dejarnos deprimir por nimiedades no solo es absurdo, sino que además no es agradable para las personas que están a nuestro alrededor. Por nuestro bien es necesario que aprendamos a catalogar los sucesos en nuestra vida con una perspectiva realista. Hay grandes problemas y hay problemas menores. La atención que demos a unos y a otros, y los efectos de ellos en nuestro ánimo y bienestar, nunca podrán ser los mismos. Las personas que se relacionan con nosotros respetarán y valorarán nuestra inteligencia emocional, cuando corroboren que nuestros sentimientos y reacciones corresponden con los problemas en que estamos envueltos. Lo contrario ocurrirá cuando descubran que estamos exagerando nuestros males o enfermedades y quejándonos por cualquier cosa constantemente…

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¿Tienes un espíritu afligido?

Debemos cuidarnos de tener un espíritu agligido. Si bien hay momentos y circunstancias que nos afligen y entristecen grandemente, los creyentes no podemos ignorar que aun en los peores momentos Dios está a nuestro lado dispuesto a ayudarnos. Aunque a veces nos corresponda enfrentar grandes sufrimientos, todos tenemos una larga lista de bendiciones que debemos agradeder al Señor. ¡Muchas más de las que merecemos! Nunca olvidemos lo que dijo el salmista: Aunque afligido yo y necesitado, Jehová pensará en mí. Mi ayuda y mi libertador eres tú, Dios mío, no te tardes (Salmo 40:17). Una cosa es afligirse ante una tribulación inesperada y otra es vivir todo el tiempo angustiado sin valorar las bendiciones que constantemente recibimos.

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Tiempos de aflicción

Debemos aprender a mantener la esperanza y la fe cuando estamos en medio de circunstancias difíciles. Los tiempos malos pasan. Normalmente, casi todo en la vida es pasajero y no siempre estaremos en la misma condición. Sea que estemos enfermos, o enfrentando dificultades económicas, o problemas familiares, es bueno agarrarse a la esperanza de que las condiciones actuales de algún modo mejorarán. Es bueno tener ese espíritu porque así nos ayudamos a nosotros mismos y desarrollamos las energías que nos permiten afrontar los problemas con sabiduría y sensatez.

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Sueño de amor: 55 años y una canción

Compositor de música clásica, pianista virtuoso y director de orquesta, Franz Liszt nació en 1811 en lo que hoy es Hungría. Murió en Alemania en 1886 siendo sacerdote, vocación que abrazó cuando tenía 54 años. Estaba en la plenitud de su carrera musical cuando compuso y publicó en 1850 una obra compuesta por tres Nocturnos que hoy conocemos como Sueño de Amor (en alemán Liebestraum). El primero, dedicado a exaltar el amor religioso o sagrado; el segundo, al amor erótico, y el tercero ─el más conocido y famoso de todos─, dedicada al amor incondicional, el amor maduro.

Creo que escuché por primera vez esa obra en las clases de apreciación musical que el inolvidable Dr. René Castellanos impartía en la biblioteca del Colegio Presbiteriano La Progresiva de Cárdenas. ¿Cómo imaginar que dicha obra marcaría etapas muy importantes de mi vida? Años después, en 1962, fui a ensayar para una boda en la que me pidieron participar y resultó que los novios querían que se cantara el Nocturno No. 3, el Sueño de Amor de Franz Liszt. Aunque la letra no era el poema original que inspiró la obra, fue escrita posteriormente para ser usada en ceremonias nupciales. ¿Habré planificado entonces hacerlo también en mi propia boda? No lo recuerdo, era demasiado joven y ni siquiera tenía novia, pero guardé la partitura y la letra como algo muy valioso.

Según la hermana Ormara Nolla, ─pianista de la Iglesia Bautista de Ciego de Ávila y nuestra amiga y hermana muy especial─, yo mismo le entregué esa partitura dos días antes de nuestro matrimonio para que nos acompañara en el piano mientras Miriam y yo la cantáramos durante la ceremonia. ¿Cómo conservé esa copia y de qué forma llegó a las manos de Miriam si yo estaba internado en las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP) desde noviembre de 1965? La única explicación posible es que ella la hubiese recibido en un paquete con mi ropa y algunas pertenencias que mi madre le envió poco antes de nuestro matrimonio.

Novios desde el 23 de octubre de 1963, como Miriam vivía y trabajaba en Ciego de Ávila y yo estudiaba en el Seminario Bautista de La Habana, desarrollamos un noviazgo mayormente epistolar con breves encuentros durante las vacaciones de verano o Navidad. Como todo marchaba bien, planificábamos casarnos inmediatamente después de mi graduación en el verano de 1966.

Pero el 26 de noviembre de 1965 fui internado en las UMAP y solo tres meses después, en las visitas mensuales de una hora o dos que a partir de febrero de 1966 pudimos recibir, comenzamos a planificar casarnos en el primer pase que me dieran. Debido a nuestras condiciones económicas y la infame situación en que estaba, soñar con casarnos era una quimera, y para algunos, una insensatez. Ni siquiera podíamos planificar la fecha. Era un Sueño de amor casi irrealizable que convertido en nuestra única razón para vivir, nos animó en ese tiempo cargado de ignominia.

No obstante, al anochecer del jueves 16 de junio de 1966 sorprendí a Miriam llegando a su casa justo después de que ella canceló todos los planes para casarnos ese fin de semana al saber que me habían cancelado injustamente el pase. Cómo logré salír es otra historia, pero así comenzó una carrera loca, tan cargada de planes e ilusiones como desprovista de dinero y posibilidades para prepararlo todo y casarnos el domingo en la tarde.

El sábado ensayamos la canción que anhelábamos cantar y el domingo a las seis de la tarde llegamos a la iglesia. Miriam desfiló hermosísima con el traje de novia que le prestó Dania Paz, otra amiga especial y hermana de la iglesia, y yo le esperé en el altar vestido con mi único y viejo traje que por haber perdido cuarenta libras de peso en los últimos siete meses parecía ajeno.

Emocionados por realizar nuestro Sueño de amor, éramos inmensamente felices aunque carecíamos de todo. Comenzamos la ceremonia con un temor creciente debido a la famosa y complicada obra musical que cantaríamos, con una tesitura muy alta para ambos. Los sueños de amor suelen ser así, inexplicables, impredecibles… y atrevidos.

Me correspondía cantar la primera estrofa y me sentí en el cielo al hacerlo: El corazón yo vengo a entregarte, lo entrego tan solo a tí. Como una copa vengo a ofrecer, desbordante de amor. Arrodillado estoy, humilde y suplicante yo ruego a Dios que podamos ser siempre amantes, Señor, y ser siempre fiel…

Y Miriam, nerviosa y tensa, pero feliz también, entonó la segunda: Mi alma se extasía y proclama, mi gran, gran amor, amor por ti. Y sobre nos, se extienden nuestros votos, como un sueño de amor…

Entonces la pianista comenzó a interpretar el interludio de la obra  ─la parte más difícil para ella─, pues requiere de una ejecución virtuosa. Aproveché ese momento para decirle a Miriam al oído que justo antes de comenzar la ceremonia, nos regalaron el pasaje en tren para viajar de luna de miel hacia la Habana. ¡Increíble! ¿No? Habíamos llegado a la iglesia sin saber a dónde iríamos esa noche cuando todo terminara. Fue tras esa noticia que cantamos la tercera estrofa juntos: El corazón venimos a entregarnos, con la bendición de Dios. Y prometernos eternal amor, amor, sin par, si lo bendice Dios. Ya es dulce realidad, el sueño de mi amor. Amor, amor, dulce sueño de amor...

Respiramos muy felices mientras oíamos los sollozos en la congregación de quienes escuchándonos y conocedores de los detalles de nuestra historia, se emocionaron hasta lo sumo. No imaginamos en aquel momento que volveríamos a cantar de nuevo el Sueño de Amor de Liszt. Era nuestra canción inolvidable, cuyo recuerdo nos ayudaría a seguir viviendo cuando siete días más tarde nos separáramos de nuevo, ignorando cuándo volveríamos a estar juntos.

No obstante, el Sueño de amor vino a ser parte inseparable de nuestra historia. Terminó el tiempo de separación, volví al Seminario y me gradué el mismo día en que cumplíamos tres años de casados. Comenzamos nuestro ministerio en San Antonio de Río Blanco y al año siguiente nació nuestro primer hijo. El Sueño de Amor volvió a nuestros labios el día 4 de septiembre de 1971 en la Iglesia Bautista de San Antonio de Río Blanco, en la boda de Isabel Fernandez y Argelio Brito, que fue la primera ceremonia nupcial que realicé en mi ministerio y ambos eran miembros de nuestra iglesia. Dos años más tarde, el 20 de septiembre de 1973 lo cantamos en la Iglesia Bautista El Calvario de la Habana, en la ceremonia nupcial del hoy Rev. Manuel Marcos Delgado y Mayda Cuevas. Él era un joven de nuestra iglesia con quien estábamos muy identificados y quisimos regalarles nuestro mejor recuerdo en el día de su matrimonio.

Tres veces más cantamos el Sueño de amor de Liszt. ¿Cómo no hacerlo en la boda de nuestros hijos si ellos eran el fruto del amor de nuestros sueños? De modo que el 31 de julio de 1992, volvimos a entonarlo en la boda de David y Clara Teresa y dos años más tarde, el 16 de julio de 1994, en la boda de Liliam y Lázaro, ambas en la Iglesia Bautista de Pinar del Río. La última vez, lo hicimos en la boda de Leydis y Elioenay en la Iglesia Bautista McCall, en La Habana, el 5 de junio de 1998. Ese día, casi treinta y dos años después de nuestra ceremonia nupcial agradecimos a Dios que nuestro Sueño de amor se había logrado en demasía. ¡Dios había sido bueno!

No todos los novios pueden cantar en su propia boda y posteriormente en la de todos sus hijos. Tampoco todos los hijos pueden tener en sus propias bodas a sus padres entonando la canción de amor que cantaron en la suya. Además, historias de amor fiel y permanente durante toda la vida ─¡pobre humanidad!─ , cada vez más son una especie en extinción. Desde entonces, no lo hemos cantado más. Dios convirtió nuestro Sueño de amor en una bendecida, larga, feliz y muy fructífera historia de la vida real. ¿Qué más desear?

  Planificando cómo celebrar nuestras Bodas de Esmeralda se nos ocurrió que tal vez podríamos cantarlo de nuevo y lo intentamos. pero no fue posible. Tal realidad, sin embargo, no nos entristece. Los años que debilitaron nuestras voces fueron los mismos que nos otorgaron la dicha del amor incondicional, maduro y completo que inspiró a Franz Liszt escribir su obra maestra casi dos siglos atrás. No dejes de escucharlo ahora al final de este escrito, es una pieza magistral que llega al alma y la enaltece.

Para nosotros es emocionante constatar que de las seis ceremonias nupciales que lo cantamos, la nuestra, la de nuestros hijos y las dos parejas de miembros de nuestra iglesia en San Antonio de Río Blanco ─nuestro primer campo misionero─, todos esos matrimonios han permanecido juntos hasta el día de hoy. ¡Doy gracias al Señor por ello!

Ahora oramos por los sueños de amor de Daniel, Miguel Alejandro, Eliezer, Darío, Noel David, Rubén y Angélica, rogando al Señor que nuestros amados y maravillosos nietos lleguen a ser tan felices y bendecidos como lo hemos sido nosotros y también sus padres. ¡Y esperamos que así sea!  

 

Noctuno No, 3, Sueño de Amor, Franz Liszt

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Fotos tomadas tres años atrás

El desafío del enfoque de género

Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo de diablo, en que están cautivos a voluntad de él (2 Timoteo 2: 24-25).

Un desafío es todo lo que nos obliga a reaccionar, responder o actuar en un momento dado. Es sinónimo de reto, provocación y amenaza. Josué, el sucesor de Moisés, desafió al pueblo en su discurso de despedida: Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quien sirváis; si a los dioses que sirvieron vuestros padres cuando estuvieron del otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová (Josué 24:15).

Otro desafío bíblico es la pregunta de Jesús a los doce, cuando muchos de sus otros discípulos lo abandonaron. Él quiso saber de inmediato que harían aquellos que había escogido para que estuviesen siempre con él y les desafió: ¿Queréis acaso iros también vosotros? (Juan 6:67).

Los capítulos 3 y 4 de la 2da carta de Pablo a Timoteo nos señalan el camino ante el desafío que el enfoque de género presenta a los creyentes en Cristo. Tras hablar de la conducta humana y convencido de que los malos hombres y los engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados (3:13), el apóstol amonesta a su hijo espiritual para que se afirme en lo que ha aprendido y cree. Le explica cómo reaccionar y le comparte que él mismo, a pesar de su fidelidad al ministerio cristiano, sufrió también por el mal actuar de unos y la traición de otros.

Invito a mis lectores a leer y estudiar profundamente los dos últimos capítulos de la segunda carta a Timoteo. Ellos nos ayudan a entender cómo responder ante el enfoque de género, que no solo está presente en nuestro país sino que intentando defender derechos humanos se difunde por el mundo. Para saber cómo reaccionar a tal desafío, aconsejo analizar la estrategia que Pablo recomendó desarrollar a Timoteo con respecto a la conducta humana de los tiempos postreros.

¿Conoces el significado de la palabra estrategia? Es una serie de acciones muy meditadas, encaminadas hacia un fin determinado; y eso es lo que Pablo presenta en este versículo: “Pero tú, sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio (4:5)”. Él no dice a Timoteo que ignore el desafío porque le insta a hablar a tiempo y fuera de tiempo, exhortar, redargüir y reprender. En realidad diseña un plan sobre cómo debe responder un obrero cristiano a la conducta humana de los tiempos postreros. ¡Por supuesto que no existía el concepto enfoque de género en los tiempos en que Pablo escribió! No obstante, como se refiere a conductas humanas ajenas a las enseñanzas bíblicas, pueden ayudarnos a nosotros a reaccionar sabiamente ante los retos que ahora enfrentamos.    

1.- PRIMER PASO DE LA ESTRATEGIA: SER SOBRIO EN TODO.

Como la expresión ser sobrio pareciera que insta a no hacer nada, puede que de entrada pensemos que no es conveniente. Vivimos una época en que todo nos incita a impresionar, llamar la atención, responder o actuar agresivamente. ¿No has visto con qué facilidad en las redes sociales la gente ofende, ataca y denigra a los demás? Como Pablo sabía que Timoteo se enfrentaría a maestros que conforme a sus propias concupiscencias apartarían de la verdad el oído y se volverían a las fábulas (4:3-4) le insiste: sé sobrio en todo. Si consideras que la sobriedad es debilidad o apatía estás cometiendo un error garrafal.  

La palabra bíblica que se traduce por sobrio, significa estar en control de sus fuerzas, sentimientos y emociones. Del mismo modo que un atleta necesita tener control y concentración para desplegar correctamente toda su fuerza y sus capacidades, responder a desafíos importantes requiere que tengamos dominio total de todo lo que decimos y hacemos sin dejarnos llevar por instintos, temores ni impulsos emocionales. El control y la concentración aumentan la fuerza de cualquier argumento, la explosión de sentimientos y temores tienden a desbocarnos, lo cual ante un desafío como este sería trágico porque cerraría los oídos de quienes queremos nos oigan.  

Nunca creas que actuar con sobriedad demuestra cobardía o debilidad. Tampoco significa que demos la callada por respuesta porque no es el sentido de la palabra bíblica que aparece varias veces en el Nuevo Testamento.  Ser sobrios significa ser razonables, sensatos, actuar con dominio propio. Mientras más importante y retador es un desafío, más cordura, más seriedad, más sobriedad, más prudencia.

¿Por qué insiste la Biblia que seamos sobrios? Lo hace porque el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar.» (1 Pedro 5:8); porque el fin de todas las cosas se acerca (1 Pedro 4:7); porque debemos esperar por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado (1 P 1:13); porque debemos vestirnos de una coraza de fe y de amor, y con la esperanza de salvación como yelmo (1 Tes 5:8). ¿No te parecen razones suficientes?

¿Qué implica ser sobrios en un momento como este?

-Implica que aunque sentimos que el enfoque de género es un reto ineludible, debemos reaccionar con cordura. Podemos errar si al ser retados, dejamos que los sentimientos, el instinto o el pánico por lo que creemos que nos viene arriba controlen nuestras reacciones.

-Implica que debemos invertir tiempo en estudiar qué significa el enfoque de género. Uno no puede combatir por ideas preconcebidas. Si al hablar en contra del enfoque de género se hace obvio que ignoramos cuáles son todas las pretensiones expresadas por quienes lo promueven, o manifestamos ignorancia o desinterés por los sufrimientos que muchos han padecido por fuertes y muy ciertas injusticias históricas con respecto a la relación sexo-género, lo único que lograremos es que pierdan fuerza nuestros argumentos ante quienes nos escuchan.

-Implica que no podemos caer en el mismo error de quienes nos acusan por rechazar dicho enfoque. Nos quejamos de que ellos nos atacan más bien por presuposiciones debido a que no conocen –y tampoco quieren oír- qué es lo que realmente pensamos y enseñamos. ¿Podrías leer esa última oración otra vez? Si nos molesta que traten de imponernos sus criterios sin conocer a profundidad que creemos nosotros, no podemos caer en lo mismo. A su vez, cuando vayamos a expresar nuestros criterios, recordemos que el espíritu con que hablemos y el respeto que mostremos a los demás es importante aunque a nuestro entender sus opiniones sean erradas. Nuestra actitud puede abrir o cerrar oportunidades.

-Implica que al expresar nuestras creencias, no podemos trasmitir odio, desamor o desprecio hacia ninguna persona. Nos gusta mucho decir que odiamos al pecado y amamos al pecador. Pero a veces nuestras actitudes y expresiones muestran lo contrario. El amor hacia los pecadores no puede ser etéreo, tiene que demostrarse en nuestra interacción diaria con ellos. Aunque apreciar a una persona si despreciamos su conducta sea una tarea muy difícil, ¿acaso no es eso lo que Dios hizo con nosotros? No olvidemos que la Biblia enseña que nosotros le amamos a él porque él nos amó primero (Juan 4:19).

2.- SEGUNDO PASO DE LA ESTRATEGIA: SOPORTAR LAS AFLICCIONES.

En ningún momento podemos olvidar que el sufrimiento es inevitable: estas cosas os he hablado para que en mi tengáis paz, en el mundo tendréis aflicción, más confiad yo he vencido al mundo (Juan 16:33). No es extraño que ahora suframos por el enfoque de género. No nos engañemos: es posible que a muchísimas personas no les agrade en lo absoluto esa teoría, pero de ahí a que tomen una posición en contra, o que estén dispuestos a sufrir por ello, es otra cosa. Y más todavía, estemos conscientes de que hay personas que se consideran cristianas que a ese respecto no piensan igual que nosotros, por lo cual, también nos acusan de  “fundamentalistas” o “iglesias retrógradas”, etc; lo cual nos hiere mucho más. Aunque consideremos no merecer esos calificativos, como creemos que la Biblia es la Palabra de Dios y nuestra única regla de fe y práctica, no tenemos otra opción que oponernos al enfoque de género. Recordemos que el llamado a seguir a Cristo incluye cargar una cruz. El creyente que crea que siendo fiel a Dios se liberará de todo sufrimiento no ha entendido la fe ni conoce la historia cristiana.

¿Qué implica la expresión soportar las aflicciones?

Implica aferrarnos a lo que creemos que es la verdad de Dios, aunque ello nos cause problemas, sabiendo que el consuelo divino nunca nos faltará.

-Implica que Dios nos dará fuerzas y sabiduría no solo para enfrentar el sufrimiento sino para evitarlo cuando sea posible, porque también creemos que todo lo que sucede en nuestras vidas tiene un propósito aunque no lo entendamos.

-Implica que sufrir por nuestra fe es un privilegio. Porque a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no solo que creáis en él, sino que también padezcáis por él (Filipenses 1:30).

-Implica que el sufrimiento no nos libera de vivir santa y piadosamente. Los creyentes en Cristo podemos ser maltratados, heridos, vilipendiados y despreciados, pero no podemos maltratar, herir, vilipendiar o despreciar a nadie. ¿Acaso Cristo no es nuestro ejemplo supremo? No tenemos autorización para tirar piedras. ¿Recuerdas su respuesta cuando un agresivo, exaltado y justiciero grupo de acusadores quería apedrear a una mujer adúltera? El que de vosotros esté sin pecado… sea el primero en arrojar la piedra (Juan 8:7). ¿Entonces?

3.- TERCER PASO DE LA ESTRATEGIA: HAZ OBRA DE EVANGELISTA.

Cuando Pablo le escribe a Timoteo que prediques la Palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina (2 Tes 4:1-2), se refiere a la enseñanza de toda la doctrina cristiana. Además, le especifica: haz obra de evangelista, o sea, que se preocupe por predicar el evangelio a los pecadores.

Aunque haya diferentes ministerios en la iglesia, y los dones personales definan qué tanto se ocupa una persona de un ministerio u otro, hacer obra de evangelista es un deber común. Ahora bien, al ser desafiados por el enfoque de género, es primordial que estemos muy claros sobre el concepto bíblico de pecado. Cuando la Biblia dice: por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios (Romanos 3:23), se refiere a todo tipo de pecado y no exclusivamente a los pecados sexuales. Las personas pueden tener una conducta sexual correcta y estar bajo el juicio de Dios por su avaricia, idolatría, egoísmo o su corrupción en otras esferas de su comportamiento. Si hay conductas sexuales catalogadas como pecaminosas en la Biblia, en la misma lista aparecen otras que nada tienen que ver con el sexo. Por lo tanto, no es correcto que nos horroricemos en la iglesia por ciertos pecados sexuales y le pasemos la mano o convivamos con otros que la Biblia condena en la misma medida. Si así hacemos, estamos corrompiendo el evangelio y olvidando que si la gracia de Dios ha cubierto nuestros pecados, bien podemos ser generosos con todos los pecadores sin distinción, porque el perdón de Dios puede alcanzar a todos si se arrepienten.

¿Qué implica hacer obra de evangelista en estos tiempos?

-Implica que debemos ser consistentes con el concepto bíblico de pecado. Como todos los pecados demuestran rebelión contra Dios, todas las personas necesitan que les presentemos el evangelio con el mismo amor y buena voluntad; incluidos quienes nos están atacando, acusándonos de fundamentalistas, misóginos y reaccionarios. Si no les presentamos a ellos el evangelio, estamos desobedeciendo al Señor.

-Implica que nuestro rechazo total al enfoque de género, no indica rechazo a las personas que lo promueven y a quienes practican la diversidad sexual. Según la Biblia, pueden recibir el perdón y ser regenerados como cualquier otro ser humano. Que pequen en el área de la sexualidad o en los propósitos que están llevando adelante, no impide que sean valiosos para Dios. ¿Cómo podemos odiarles? ¿Quién era Saulo de Tarso cuando Dios le llamó en el camino de Damasco? ¿Quiénes eran los publicanos Mateo y Zaqueo, María Magdalena y otras personas con quienes Jesús se sentaba a compartir y comer? La gente los odiaba y despreciaba, pero él les amó e invitó a seguirle. ¿Por qué dijo a los principales sacerdotes y a los ancianos del templo: “De cierto os digo que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios (Mateo 21:31)”. Nunca debiéramos olvidar que Jesús fue más crítico con los religiosos recalcitrantes e hipócritas, que con los pecadores más depravados.

-Implica que no podemos olvidar que la principal misión de la iglesia es alcanzar a los pecadores con el evangelio de Cristo. Podemos debatir y expresarnos contra el enfoque de género y otros problemas sociales, siempre que no olvidemos ni abandonemos nuestra principal misión (Mateo 28:19-20). Nuestro mayor esfuerzo debe encausarse en lograr que las personas se arrepientan y busquen al Señor para su propio bienestar terrenal y eterno. Cualquier otra lucha podrá ser valiosa, pero la predicación del evangelio es prioritaria.

4.- CUARTO PASO DE LA ESTRATEGIA: CUMPLE TU MINISTERIO. Pablo aconseja a Timoteo a hablar a tiempo y fuera de tiempo, pero a la vez, que sea sobrio y sufrido. Le insiste que como conoce las consecuencias de todo pecado humano haga obra de evangelista y cumpla su ministerio. Temo que algunos no tengamos un concepto claro de lo que la palabra bíblica ministerio significa. Para muchos es solo un cargo de dirección, una posición privilegiada donde quien ministra recibe el cuidado, la atención y la aprobación de todos. ¡Nada más ajeno a la enseñanza bíblica!

Cuando Pablo ordena a Timoteo cumple tu ministerio le recuerda que es un servidor de Dios y de la gente, no un empresario, un dirigente, o un ser superior a todos. Por lo tanto, no puede ser dominado por la soberbia, sino por la humildad, debe amar a las personas, sean como sean porque intenta rescatarlas. Olvidándose de sí mismo debe servir a los demás por obediencia a Dios. La palabra ministro es tan grande que en vez de enorgullecer a quien la lleva, debiera aplastarlo. Es penoso que la cualidad esencial del ministerio cristiano parezca brillar por su ausencia en muchos lugares: nada hagáis por contienda o por vanagloria, antes bien en humildad…(Filipenses 2:3). ¿Te extraña que las palabras contienda y vanagloria aparezcan juntas en este versículo? Ambas se alimentan una de la otra. Es significativo que antes de perfilar la estrategia paulina que hemos presentado en esta conferencia, Pablo haya recordado a Timoteo: que el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizás Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad (2 Timoteo 2:24-25).

¿Qué implica cumplir con nuestro ministerio en este tiempo?    

-Implica que aunque nuestro desacuerdo con el sistema de pensamiento que provoca el enfoque de género es ineludible, debemos manifestarnos en los términos en que nos corresponde como ministros de Cristo. Tanto nuestro vocabulario como nuestras actitudes, nuestras reacciones y las acciones que desarrollemos, deberán mostrar siempre el inmenso amor de Dios por la humanidad perdida. Tenemos que experimentar, como expresó Pablo el sentir que hubo también en Cristo Jesús (Filipenses 3:5).  

-Implica que en todo momento recordemos que nuestra posición no es contra personas, sino a favor de ellas y por su bienestar. Nuestro interés es advertir sobre conceptos y acciones que consideramos nocivas y destructivas para la sociedad en general. Nuestros profesionales, pastores y especialistas deben estudiar sobre las consecuencias del enfoque de género en otros países para instruir a los creyentes y que a su vez, estos puedan hablar con autoridad y conocimientos suficientes dónde y cuándo sea pertinente.

-Implica que como servidores de Dios y de la sociedad, nos asesoremos legalmente con nuestros hermanos abogados y personal jurídico y aceptemos su dirección. Teniendo en cuenta los grandes y diversos problemas que enfrentamos en estos momentos, es muy importante que todas las acciones que realicemos estén dentro de la legalidad. Intentemos, al menos, no propiciar situaciones que en vez de ayudar a nuestras mejores intenciones provoquen lo contrario. No permitamos que nadie tergiverse las razones y el propósito del mensaje cristiano del amor de Dios, salvación y redención por medio de Cristo.

CONCLUSIÓN

Me emociona comprobar cómo Pablo termina su pedido a Timoteo de que sea sobrio en todo, soporte las aflicciones, haga obra de evangelista y cumpla su ministerio: Porque yo ya estoy para ser sacrificado y el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabad la carrera, he guardado la fe, por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no solo a mí, sino a todos aquellos que aman su venida (2 Timoteo 4: 6-8). Aunque ha tenido fieles seguidores a su lado, varios versículos después nos sorprende con una declaración espeluznante: En mi primera defensa nadie estuvo a mi lado, sino que todos me desampararon. (1 Timoteo 4:16) ¿Cómo pudo suceder? Los que estaban junto al gran Pablo, el amado y súper admirado apóstol de los gentiles, ¿le abandonaron en el momento que más les necesitaba?

Recordemos que la conducta humana ─incluyendo la nuestra─, puede ser impredecible si presionados por acontecimientos que nos desconciertan, actuamos fuera de control. ¿Por qué el apóstol al hablar de quienes le abandonaron pide que no les sea tomado en cuenta? ¡Se refiría a hermanos que lo habían abandonado cuando él más los necesitaba! Él, no obstante, como no había perdido el control, como sabía que el sufrimiento es parte de la vida, creía en la suprema bondad del evangelio de Cristo y se consideraba solo un servidor de los demás, mostró misericordia y liberó así de culpa y juicio de otros a quienes le abandonaron. Eso es gracia, la misma que Dios muestra para con todos nosotros.

Es crucial que al explicar las razones por las cuales nos oponemos radicalmente al enfoque de género, no nos dejemos llevar por ningún otro motivo que no sea el de enseñar y compartir la verdad de Dios y las posibles y terribles consecuencias de ignorarlas.

¡Que el Señor nos ayude para que todos, impregnados del sentir de Cristo, ante este enorme desafío y actuando como corresponde, podamos declarar como Pablo: 

Pero el Señor estuvo a mi lado y me dio fuerzas para que por mí fuese cumplida la predicación, y que todos los gentiles oyesen. Así fui librado de la boca del león. Y el Señor me librará de toda obra mala y me preservará para su reino celestial. A él sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.  


ACLARACIÓN: Este artículo es una edición de la conferencia «El enfoque de género: desafíos que representa para las iglesias», el cual fue presentado por el autor mediante Telegram, en la noche del 16 de junio 2020 durante la campaña de orientación bíblica sobre el género del Ministerio juvenil de la ACBCOCC.


Las reglas del juego (1)

Aunque por mi incultura futbolística nunca entiendo qué sucede en el terreno cuando veo un juego, me sorprende que la intensa actividad desplegada por los jugadores se detiene ipso facto ante el pitazo de los jueces. Al comentar a mi familia tal percepción, se rieron de mí y me recordaron que como todos los juegos tienen reglas, se necesitan personas capacitadas y con autoridad para decidir sobre la legalidad o no de las acciones de los jugadores. 

Las reglas o normas son imprescindibles en cualquier actividad humana. Las investigaciones científicas, los ensayos clínicos o actuaciones médicas exigen un protocolo estricto para que puedan ser reconocidas como válidas. La aviación es otro campo donde las reglas dominan toda actividad. ¿Crees que los aviones vuelan por dónde, cómo y cuándo los pilotos deciden?

Regresando de Madrid a Miami tras nueve horas de vuelo, esperando ya el aterrizaje, me sorprendió el anuncio del capitán:

—Señores y señoras, debido al intenso tráfico aéreo en el Aeropuerto Internacional de Miami no podemos iniciar el proceso de aterrizaje. Estaremos sobrevolando la Florida y esperamos poder aterrizar aproximadamente en una hora. Relájense y disfruten del vuelo.

¿Imaginas? Después de tantas horas de viaje debíamos relajarnos y esperar una hora más. Si bien el capitán nos mantuvo informados todo el tiempo, la autorización para aterrizar llegó una hora y diez minutos más tarde. Por la seguridad de todos, los pilotos están obligados a someterse a las normas del control de tráfico aéreo.   

Toda actividad humana necesita sujetarse a normas. ¿Cómo pretender que la sexualidad pueda expresarse sólo sujeta a elecciones personales, preferencias o los deseos de cada cual? ¿Estaremos concediendo a la sexualidad una libertad imposible de admitir en cualquier otra esfera de la vida? Toda relación de los seres humanos entre sí y con su entorno presupone normas indispensables. ¿Podrá la sexualidad expresarse de forma satisfactoria sin la interacción armónica de los diferentes factores que la propician?

El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (RAE) define la sexualidad como el conjunto de fenómenos emocionales y de conducta relacionados con el sexo, que marcan de forma decisiva al ser humano en todas las fases de su desarrollo. De modo que al hablar de ella no solo nos referimos al disfrute del placer sexual o a la función reproductiva, ya que nuestra sexualidad se manifiesta en todo lo que somos y en nuestras reacciones a las propias normas que la sociedad establece. A los fines de este artículo definimos la sexualidad como las condiciones biológicas, psicológicas y sociológicas que caracterizan el desempeño sexual de los seres humanos.

En ese sentido la condición biológica se referirá a los atributos anatómicos-fisiológicos que nos identifican desde antes de nacer: el sexo. Pero hay otros factores que inciden en nuestro desarrollo sexual: las condiciones psicológicas y sociológicas. A partir de entonces ya no solo se habla de sexo, sino de identidad sexual y de género. La identidad sexual es el reconocimiento que la propia persona hace de su sexo biológico así como su satisfacción o no con este. Cuando se habla de género, se refiere a un proceso de construcción social en el cual la cultura dominante asigna a cada género un patrón de comportamiento.

Para los cristianos el sexo es una creación de Dios. La identidad sexual es algo que la propia persona debe reconocer —y que de acuerdo a lo que creemos diseño divino—, se orientará hacia el sexo opuesto. Pero cuando algunos creyentes escuchan o leen la declaración de que el género es una construcción social, la rechazan inmediatamente. A mi entender, en este punto debiéramos ser cuidadosos para no ser tildados de ignorantes. Aceptar que el género es una construcción social no implica que los cristianos neguemos la realidad del sexo biológico. Tal concepto significa que la sociedad ha ido asignando a los sexos conceptos como que las mujeres son necesariamente menos inteligentes y capaces que los hombres; que los niños al nacer se visten de azul y las niñas de rosado; que los varones no lloran; que los hombres trabajan en la calle y las mujeres en la casa, creando estereotipos que para muchos se han vuelto de obligatorio cumplimiento. ¿Entiendes? Hay muchísimos más, como la injusta incomodidad o disgusto varonil si el primer hijo no es varón, etc. Tales pretensiones se elaboraron como construcciones sociales, no basadas en la realidad biológica, sino en la cultura que las impone. Por ejemplo, con siete años de edad le dije a mi padre que quería estudiar piano.

—¡Los hombres no estudian piano! —gritó airado. Y añadió rápidamente:

—Lo que vas a estudiar es Saxofón y tu hermana estudiará piano.

Así ella estudió piano durante nueve años y yo, obediente, comencé a estudiar Saxofón. Mi hermana terminó, colgó su diploma y no tocó piano jamás. En mi caso, con el piano de mi hermana en casa y los conocimientos musicales que adquirí estudiando Saxofón, pues… ¡terminé tocando piano!

Muchas de esas construcciones sociales imponen a los sexos criterios ajenos al diseño biológico, pero es imposible negar que existen y que algunas han sido crueles.

Fue el psicólogo y sexólogo John Money quien en 1955 habló por primera vez del papel de género, aunque tal nomenclatura no se popularizó hasta dos décadas después. Por lo tanto, la RAE define a la identidad de género como el conjunto de rasgos propios de un individuo o de una colectividad que los caracterizan frente a los demás. Así mismo se reconoce la identidad etaria; la identidad étnica o la identidad religiosa, etc., referida a las creencias y prácticas que diferentes grupos sociales pueden sustentar. Que hay conceptos sociales construidos a través de los siglos adicionándolos a las características biológicas de cada sexo resulta innegable. En dependencia a si son acordes o no con la realidad biológica, podríamos aceptarlas o negarlas. No obstante, declarar que no existen no es sabio ni justo. Para nosotros, el problema radica en que la lucha contra algunas construcciones sociales injustas, pretende imponer conceptos ajenos a la realidad biológica con los cuales jamás podremos estar de acuerdo.

Como pastor evangélico cubano siento una carga inmensa en estos tiempos. Estoy consciente de que estamos frente a la misma batalla que desde el huerto del Edén intenta apartar a los hijos de Dios del propósito para el cual fueron llamados. Por lo tanto, nuestra lucha no es contra quienes no nos comprenden, hablan mal de nosotros o nos acusan de ser lo que no somos, no es contra sangre y carne, sino contra los gobernadores de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes (Efesios 6:12). Si bien no somos el único país donde los creyentes enfrentan semejantes cuestionamientos, si estamos sujetos a condiciones que nos impiden dar a conocer a todo al pueblo cubano lo que en realidad pensamos. Mientras tanto, quienes nos atacan y profieren toda clase de acusaciones y epítetos que no califican con justicia a la mayoría de los evangélicos cubanos lo hacen desde los medios masivos de comunicación. ¿Será justo?   

Confieso, no obstante, que mi mayor preocupación no son tales acusaciones sino nuestras respuestas.  La acusación falsa o malintencionada, el mal trato o la injusticia no podrán evitar que si tomamos toda la armadura de Dios, podamos resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estad firmes, ceñidos nuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el evangelio de la paz (Efesios 6:15). No debemos callar porque es justo defendernos de acusaciones falsas explicando cuáles son nuestras verdaderas creencias. Eso sí, haciéndolo como dice la Palabra: Sino santificad al Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que demande razón de la esperanza que hay en vosotros (1 Pedro 3:15).

¿Qué quiso decir Pedro con santificad al Señor en vuestros corazones? Solo conscientes de la santidad de Dios defenderemos nuestra fe con mansedumbre y reverencia, sin caer en los mismos errores de quienes nos calumnian. Algunos comentaristas creen que Pedro alude a este pasaje del profeta Isaías: No llaméis conspiración a todas las cosas que este pueblo llama conspiración; ni tengáis miedo. A Jehová de los ejércitos, a él santificad; a él sea vuestro temor, sea él vuestro miedo (Isaías 8:11-12). ¿Comprendes? Santificar al Señor es hacerlo todo como Dios manda. Cuidémonos de no caer en lo mismo que tanto nos hiere y ofende de otros. Si respondiéramos en el mismo espíritu impositivo y sin generosidad alguna, desobedeceríamos al Dios de amor que envió a su Hijo para rescatarnos de nuestros pecados; y a quien nos envió a predicar su evangelio a todas las naciones, prometiéndonos: He aquí yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo (Mateo 28:20).  

¿Recuerdas que en 1976 la anterior constitución cubana estableció en su Artículo 38 que el Estado fundamenta su política educacional y cultural en la concepción científica del mundo, establecida y desarrollada por el marxismo leninismo? Tras aquella declaración constitucional las iglesias continuaron trabajando en condiciones paupérrimas y padeciendo un rechazo social casi férreo. Nunca olvidaré como éramos invisibles a vecinos que vivían en la misma cuadra del templo y no nos veían cuando intentábamos saludarles. Diezmadas además las congregaciones por la emigración de miembros, pastores y el abandono de muchos que se apartaron, confiamos en las palabras de Jesús: No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre os ha placido daros el reino (Lucas 12:32). No fue fácil lo que se sufrió, pero seguimos predicando el mismo evangelio, contra viento y marea y apenas sin recursos, pero confiando en el Señor. ¡Nada impidió que menos de 20 años después experimentáramos en Cuba un avivamiento espiritual sin precedentes! Nuestras iglesias se llenaron principalmente de jóvenes a quienes la concepción científica del mundo que recibieron desde niños en las escuelas, no les evitó que vinieran a Cristo arrepentidos de sus pecados! Muchos que abandonaron por la misma causa las iglesias volvieron a ellas. Jamás olvidaré el gozo que sentí bautizando a personas del barrio para quienes fuimos invisibles durante muchos años. ¿Dudamos del Dios en quién creemos?

Por lo tanto, ruego al Señor que en medio de este complicado escenario, ninguna batalla nos complique y envuelva demasiado, al punto de apartarnos de la única misión que nos es insoslayable. Defendamos con mansedumbre y reverencia nuestros principios confiados en que el evangelio es poder de Dios para salvación a TODO AQUEL que cree; al judío primeramente y también al griego. Porque en el evangelio, la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo vivirá por la fe (Romanos 16-17). Dios hará lo demás. Prediquemos y vivamos de tal manera que muchos de los que hoy nos atacan, lleguen a conocer a Cristo. Esa es nuestra principal misión. ¿Lo crees imposible?

Seguiremos explicando en las siguientes publicaciones nuestras convicciones sobre la sexualidad y lo que en Cuba se denomina enfoque de género.

 Continuará…

En cualquier presentación del cristianismo y en cualquier argumento en defensa de la fe, no debe faltar el acento del amor. El único argumento convincente es el de la vida del cristiano. Actúe cada uno de tal manera que tenga limpia la conciencia. Oponga a las críticas una vida que no esté expuesta a ellas. Tal conducta hará callar la calumnia y desarmar la crítica. Un santo -como ha dicho alguien- es la persona cuya vida le hace más fácil a los demás creer en Dios.

William Barclay

-La publicación de hoy es la primera parte del capítulo cuarto del libro Vivir la Sexualidad, el cual continuará en las posteriores publicaciones.

Este mundo nuestro (3)

“Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro (Romanos 6:23)”

Probablemente has oído hablar de la Revolución Sexual, un movimiento que en la sexta década del siglo pasado pretendió ser una batalla contra la hipocresía, la doble moral y las inhibiciones sexuales. Quienes la promovieron proclamaban que el amor debía ser libre y sin restricciones, que los niños debían encarar las realidades de la vida lo más temprano posible y que un nuevo orden de cosas debía establecerse. ¿Cómo creer sagradas las instituciones del matrimonio y la familia tradicional, si quienes decían creer en ellas escondían tantas historias ocultas e inconsistencias como las que narré en la anterior publicación?

Han pasado sesenta años del inicio de ese movimiento y ahora la gente habla más abiertamente del sexo y practica una sexualidad mucho más desinhibida. Con total ausencia de pudor, todo puede observarse en las múltiples pantallas que tenemos a nuestro alcance, a todo color y en cualquier lugar. Se muestran imágenes explícitas, tratadas de manera profesional y con cuerpos tan esculturales, perfectos, apasionados y bien entrenados, que quien las observa ni siquiera piensa que tales escenas son actuaciones que pueden ofrecer una versión tan idílica como distorsionada, irreal y comercial de la sexualidad. Lo peor es que debido a tanta carnalidad expuesta, pareciera que el verdadero amor es asunto del pasado y lo mejor ahora es buscar el disfrute corporal y desechar los compromisos.

Leí un artículo muy interesante que intentaba calcular la cantidad de material erótico que un espectador promedio puede ver durante su adolescencia y juventud. Aunque creí exageradas sus conclusiones,  concuerdo conque las relaciones sexuales que se presentan y la manera como se desenvuelven, ofrecen una imagen que bien pudiera causar frustraciones en el propio desempeño sexual posterior de quienes las observan. Los autores insistían que la rapidez y explosividad que el propio medio exige a dichas escenas, promueve un sexo animal carente del tratamiento y los valores que permiten a la intimidad sexual humana un verdadero disfrute; el cual solo se logra con la identificación plena de las personalidades. Por lo tanto, tales escenas pueden ser tan dañinas como la antigua doble moral que mantenía el desenfreno sexual a la sombra.

Antes se sabía lo que andaba mal pero se ocultaba y no se hablaba de ello, salvo en círculos muy delimitados. Ahora los poderosos medios masivos de comunicación han terminado espectacularmente con el reino de lo oculto. Por lo tanto, también las personas han aprendido a hablar abiertamente de temas, gustos y preferencias sexuales sin darse cuenta de cómo su propia conducta va respondiendo al desenfreno circundante. ¿Se equivoca acaso la Biblia? Ella advierte que las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres (1 Corintios 15:33). De modo claro insiste: Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos (Efesios 5:3).

Sin respetar uno de los valores primordiales de la sexualidad humana, que es la intimidad, hombres y mujeres adictos a hablar —a veces mintiendo y alardeando hasta lo sumo— sobre sus experiencias sexuales personales, olvidan que así exponen públicamente a sus parejas degradándolas y degradándose a sí mismos. No comprenden que así desvirtúan la verdadera belleza de la entrega sexual privándola de su unicidad y sentido de exclusiva pertenencia mutua. ¡Pobre humanidad, tan prepotente, engañada y al final tan infeliz y terriblemente vacía!

No hizo más que comenzar la revolución sexual y sus resultados salieron a la palestra. Veinte años después, el número de divorcios se había duplicado. En 1962 el 50% de los padres involucrados en matrimonios difíciles procuraban tratar de salvar la relación por el bien de los hijos, pero dos décadas después, solo el 20% pensaba igual. Más del 50% de la generación que emergió en plena revolución sexual creció sin que los dos padres biológicos vivieran con ellos en la misma casa. En 1987 se reveló que más del 50% de los hijos de padres divorciados habían visto a su padre sólo tres veces o menos en un año. Se cree también que durante esa época, el índice de homicidios de infantes y niños menores de cuatro años se incrementó en un 50%, el número de denuncias de casos de abuso infantil se elevó al cuádruple.

Creer que la revolución sexual produjo un mundo mejor es más absurdo e ingenuo que el de las cigüeñas que traían a los bebés desde París. Una de las desgracias más dramáticas es la cantidad de hogares donde el padre está ausente, pues se puso de moda lo que se llamó producción independiente. Muchas mujeres creyeron que el padre sólo era imprescindible para la fecundación. Tal aberración, así como el creciente número de divorcios, ha provocado varias generaciones de hijos sin padre. Por ello, la Academia Norteamericana de Psiquiatría Infantil y Juvenil declaró que los hijos en cuyos hogares no hay un padre representan: el 63% de suicidios juveniles; el 71% de los embarazos adolescentes; el 90% de los niños sin hogar o que han huido de casa; el 70% de los jóvenes en instituciones sociales; el 85% de todos los niños que presentan desórdenes en su comportamiento; el 80% de los violadores; el 71% de todos los que abandonan la escuela secundaria antes de tiempo; el 75% de todos los pacientes adolescentes consumiendo drogas; el 85% de todos los jóvenes encarcelados. También declaró que los hijos sin padre tienen un riesgo muchísimo mayor de suicidio.  

Si el mundo anterior a la revolución sexual era hipócrita y falso, el posterior no ha venido a ser mejor. ¡Con qué facilidad los humanos desvirtúan y abandonan las normas que proveen a la sexualidad humana de dignidad y seguridad! El resultado es una frustrante madeja de relaciones rotas y sentimientos heridos que cada vez se vuelve más decepcionante. Me abstengo de publicar en estos artículos más estadísticas sobre las redes de comercio sexual, la proliferación de sitios web pornográficos, la cantidad de visitas que reciben y el negocio millonario que resultan porque son datos que cualquiera puede encontrar facilmente en Internet.

¿Cómo se siente el corazón de Dios cuando mira a esta humanidad tan terriblemente descarriada? El Dios de amor no es insensible al dolor humano ni huye despavorido ante su depravación. Conoce el precio del pecado y la magnitud de sus consecuencias, por ello envió a su Hijo a morir en la cruz con tal de salvar y redimir su creación caída. Cada día nos sorprende y maravilla más la inmensidad de su amor, su misericordia eterna y su paciencia infinita. Si tú y yo fuésemos Dios, es muy probable que ya hubiésemos destruido el mundo en un arrebato de airada justicia. Dios no merece una humanidad como la nuestra ni nosotros merecemos un Dios como él. Pero esa es precisamente su gloria: siendo excelso en majestad Dios quiere que seamos semejantes a él. Por lo tanto, cuando nos ve perdidos, lucha a nuestro lado a fin de que recuperemos la dignidad y grandeza que nos otorgó en la creación. Dios se conmueve al ver una humanidad degenerada. Por ello fue capaz de derramar la sangre inagotable de Jesús.

Ante la miseria humana es mucho más admirable la bondad de Dios. Con él nada está irremisiblemente perdido aunque los caminos del pecado proclamen la destrucción inevitable.

¡Él puede hacer nuevas todas las cosas! 


-Esta publicación es la tercera parte y final (condensada) del tercer capítulo del libro Vivir la Sexualidad. En la próxima comenzaremos con el capítulo 4, titulado: ¿Quién pone las reglas del juego?

Retos de la Covid-19: planes truncados

“Porque sé que por vuestra oración y la suministración del Espíritu de Jesucristo, esto resultará en mi liberación, conforme a mi anhelo y esperanza en nada seré avergonzado; antes bien con toda confianza, como siempre, ahora también será magnificado Cristo en mi cuerpo, o por vida o por muerte. Porque para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia (Filipenses 1:12-21)”.

Nunca imaginamos vivir una experiencia como la pandemia Covid-19. De saber que vendría, hubiéramos clamado: ¡Oh no, Dios, no lo permitas. Ten piedad de nosotros y muestra tu gloria destruyendo esta enfermedad de una vez por todas.

Así recibimos el 2020 esperando un año mejor que el anterior, desarrollando actividades habituales y nuevos proyectos. Y estaba bien: trabajar por llevar adelante nuestros planes resulta un deber ineludible. Pero, ¿y si nuestros proyectos de pronto se van al piso?

Cuando Pablo comprendió que la obra de Dios seguía avanzando aunque él no continuara plantando iglesias, aceptó que el plan divino podía incluir también su prisión aunque ello no estuviera en su proyecto de vida. Entonces exclamó con fe: conforme a mi anhelo y esperanza de que en nada seré avergonzado, antes bien, con toda confianza, como siempre, ahora también será magnificado Cristo en mi cuerpo, o por vida o por muerte (1:20).

¿Vivimos para glorificar a Cristo o solo para lograr nuestros planes y deseos? ¿Perseguimos la gloria de Dios o el triunfo nuestro? ¿Buscamos nuestra satisfacción personal o cumplir la voluntad del Padre? ¿Será que ahí radica el problema fundamental del cristianismo contemporáneo? Cuando Pablo escribió para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia (Filipenses 1:21) no imaginó que tal frase llegaría a ser tan amada por todos los cristianos y que sería parte de lo que llamaríamos La Biblia o las Sagradas Escrituras. Solo expresaba su sentir a una iglesia que le ayudaba en la prisión. En espera del juicio que podía condenarle a muerte, solo pensaba en obedecer y glorificar a Cristo. Tal como lo hizo viajando por el mundo plantando iglesias, lo mismo haría si continuaba en prisión, salía libre o enfrentaba una condena letal. Sus circunstancias podían cambiar, pero su razón de vivir permanecería intacta: obedecer y glorificar a Cristo.

¿Sucede así con nosotros? Predicando en un retiro para pastores en Cali, Colombia pregunté cuál era la mayor aspiración de ellos en sus ministerios. Todos hablaron con pasión sobre estrategias, proyectos futuros, la obtención de títulos académicos y también bienes materiales. Durante media hora escuché a siervos de Dios compartir proyectos muy ambiciosos y bien elaborados. Al recordarles la expresión paulina: para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia, exclamaron:

– Ah.., por supuesto, pastor, ¡claro que eso también!

Para Pablo, obedecer y glorificar a Cristo no era claro que eso también, ¡lo era todo! ¿Recuerdas Gálatas 2:20?: Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. Él jamás hubiera dicho frases tan comunes ahora como las siguientes: es mi vida y tengo derecho a vivirla; este lugar es muy pequeño para mí; ya me he sacrificado bastante y merezco vivir mejor; aquí no tengo posibilidad de superarme y estoy perdiendo oportunidades y otras por el estilo. ¿Imaginas al apóstol hablando así? 

Sus expresiones eran diferentes: lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí y yo al mundo (Gálatas 6:14). Su enorme poder espiritual y la fuerza de sus enseñanzas radicó en su actitud cautiva a la cruz de Cristo. Hoy nos fascinan las celebridades, los sueños ambiciosos –¡piensa en grande, hermano, piensa en grande!–, la tecnología de punta, la planificación estratégica empresarial, los ministerios globales y todo lo que demuestre potencial para desarrollar un liderazgo de impacto. ¿Olvidamos que debemos cargar la cruz de cada día, obedeciendo y glorificando a Cristo?  

¿Habremos fallado al no desarrollar generaciones de creyentes para los cuales la razón de vivir sea obedecer y glorificar a Dios aunque enfrentemos las peores circunstancias? Hasta las mayores aflicciones adquieren sentido cuando podemos servir de bendición e inspiración a otros cuando nos sorprenden pruebas o sufrimientos inimaginables.

De la misma forma, si obedecer y glorificar a Dios lo es todo, hasta nuestra muerte pierde su cara horrenda. Así podrán verla quienes no conocen de Dios y aquellos que dejemos atrás o dependan de qué somos y hacemos, pero nunca nosotros mismos a menos que ─a pesar de ser inteligentes─, olvidemos que morir es la única experiencia de la cual tarde o temprano nadie escapa. Por ello Pablo insiste: Para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia (1:21). Para quienes creemos que tras nuestro último suspiro vamos al encuentro con Dios, ¡nada mejor podría ocurrirnos!

No nos desanimemos. La Covid 19 en algunos aspectos nos ha abierto los ojos. A pesar del progreso alcanzado por un mundo en el cual muchos se creen invencibles, un virus invisible puede hacer caer en crisis al planeta. Además, para herir más nuestro orgullo, todavía a año y medio de su aparición la comunidad científica no puede darnos explicaciones probadas y contundentes sobre su verdadero origen; de modo que las teorías conspirativas continúan proliferando con matices inimaginables. ¿Acaso ello no ratifica una verdad bíblica que nuestros contemporáneos prefieren ignorar? Es obvio que hoy muchos creen que borrando la palabra pecado de nuestro vocabulario actual, la bondad humana florecería y todos seríamos felices para siempre. ¡Pobre humanidad! ¿Qué le espera?

Por eso nada debiera apartarnos de continuar predicando a todos el evangelio de Cristo: Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro (Romanos 6:23). Y esta es la condenación; que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas (Juan 3:19).

Nada de lo que está sucediendo puede sorprender a los hijos de Dios. Más bien refuerza nuestro compromiso de continuar proclamando el evangelio de amor, perdón y transformación de vida por la obra de Cristo y el poder del Espíritu Santo.

Además, es el único proyecto que ningún acontecimiento, por terrible que sea, podrá cancelar. Solo Dios lo hará a su debido tiempo.

Imposible olvidar el legado que nos dejas

¿Cómo definirte, mi abuelo, Nilo Eliacín Medina Delgado? Seriedad, respeto, amor, dedicación, consagración, fidelidad. Tenías todas esas virtudes que caracterizan a un verdadero siervo de Dios. No podría decir cuántas vidas inspiraste con tu ejemplo. Difícil medir la magnitud de tu dedicación. Imposible olvidar el legado que nos dejas. Si duro es que no estarás más para seguir indicándonos el camino, nuestra tranquilidad tras tu partida es saber que estás con nuestro Señor, lo cual nos impulsa a seguir adelante. No dudes que te amamos y seguiremos tus pasos. Te fuiste tranquilo, como un buen siervo fiel, y tu galardón es grande en los cielos. Es imposible no llorarte al pensar en quienes no tendrán el privilegio de conocerte e imitarte. Más Dios te llamó a su lado y su voluntad es agradable y perfecta.  

Descansa, entra en el gozo de tu Señor. Te recordamos con tristeza pero en paz, sabiendo que ya no sufres las aflicciones del tiempo presente. Te decimos: ¡hasta pronto! Nuestra familia de nuevo estará siempre contigo. Gracias por todo, Pipo. Te recordaremos siempre.

Juan Cárlos Díaz Medina, junio 4, 2021

Pocos minutos después de saber que Nilo Eliacín Medina Delgado fue llamado a la presencia del Señor, al mediodía del 4 de junio 2021, leí en Facebook el escrito anterior, publicado por su primer nieto, Juan Carlos Díaz Medina. No lloré, lo confieso, al saber de la partida de Eliacín, diácono y tesorero de la iglesia con quien trabajé totalmente identificado durante veintitrés años. Me consoló saber que Dios le liberó de su cuerpo enfermo y lo revistió de eternidad. Él no merecía sufrir más. No obstante, mis lágrimas sí brotaron espontáneamente momentos después, al leer las palabras de quien para mí será siempre Juancarlito. Un niño tierno, respetuoso, tranquilo y obediente que no solo vi crecer, sino que esperé su nacimiento, tan nervioso como su abuelo y la familia en el Hospital Materno de Pinar del Río, la madrugada del 30 de septiembre de 1984. ¡Cuántas experiencias me unen, Dios mío, a la vida de Eliacín, su esposa, sus hijos y toda su familia!

Esas vivencias, algunas tan profundas y solo compartidas entre nosotros y Dios, me confirman la imposibilidad de olvidar su legado. He sido pastor por más de 60 años desde que al llamado de Dios, renuncié a los planes que concebí para mi vida. ¿Cuántos creyentes no habré conocido desde entonces? Eliacín fue un cristiano espectacular y único. Muy diferente a quienes se precian de serlo pero no lo son, él era inigualable sin jamás alardear de ello. De pocas palabras y respetuoso hasta la médula, encarnó virtudes hoy escasas hasta en ambientes eclesiales: integridad, lealtad, sensibilidad, sensatez y una modestia acrisolada. Sin desatinos, imprudencias ni excesos, sabía cómo acercarse tanto para servir como para dar el consejo o la opinión adecuada; sin que nadie jamás escuchara de él lo que por gracia, compasión y amor cristiano quedara cubierto por el perdón divino. ¡Qué caballero de Dios tan humano, respetuoso y ejemplo de espiritualidad genuina, sin alardes ni dobleces. A su lado, siempre se sentía seguridad y bendición.

En un tiempo muy difícil para los cristianos en nuestro país ─quienes llegaron después a las iglesias no conocen de la misa la mitad─, su fe y activa militancia cristiana no le impidió ser auditor del Banco Nacional de Cuba aunque a muchos creyentes se les negara posiciones de responsabilidad y prestigio. De padres cristianos, bautizado en la iglesia bautista de San Luis, ya era tesorero en la Iglesia Bautista Nazareth de la ciudad de Pinar del Río cuando ocupé el pastorado de dicha congregación. ¡Cuánto aprendí de él sobre el manejo de las finanzas! Fue tesorero por cinco pastorados sucesivos durante cinco décadas. Nadie crea que se imponía o se negaba a abandonar el cargo. Lo fue porque todos confiábamos en él y creíamos que nadie podría hacerlo mejor.     

Al saber de su muerte, vino a mi mente el famoso poema que inspiró el libro ¿Por quién doblan las campanas? del también ya fallecido, Ernest Hemingway.

Poema:: Las campanas doblan por tí, John Donne, poeta inglés, (1572 – 1631), fragmento.

El 4 de junio pasado debieron haber doblado las campanas en todo el mundo, porque cada vez hay menos hombres de tu estirpe, Eliacín Medina. Como jamás te consideraste grande, por lo mismo fuiste inmenso. ¡El vacío que nos dejas es colosal, hermano! Sin embargo, siempre que te recordamos se llena de luz nuestro corazón. Gracias por haber sido parte de nuestras vidas y ministerio. Tal como escribió tu nieto: ¡Imposible olvidar el legado que nos dejas!

Alberto, Miriam y familia, La Habana, junio 5, 2021.

Retos de la Covid 19: ejercicio de paciencia

“Por lo tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús el autor y consumador de la fe, el cual, por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio. Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar (Hebreos 12:1-2)”.

Cuando en marzo del 2020 tuvimos los primeros casos de Covid-19 en Cuba, nadie pensó que en junio del 2021 estaríamos todavía afectados por la pandemia porque Dios contestaría nuestras oraciones y todo terminaría rápido. Era lógico, sensato y cristiano pensar así. Los cubanos tampoco imaginamos que el tan anunciado como retardado reordenamiento económico, ocurriría en el momento más crítico. Cuando se anunció casi a las puertas de un nuevo año, supimos que sería traumático pero inevitable. Así entramos al 2021 con la esperanza ─¿acaso no es lo último que se pierde?─, de que el nuevo año viniera con mejores aires. Lo que llegó fue el recrudecimiento de la pandemia con números de enfermos y fallecidos nunca antes vistos, incremento de los precios, una carencia de medicamentos que aterra y una inseguridad económica muy preocupante. Como que el 2020 no fue tan malo, ¿no crees? Hasta el día de hoy, a pesar de las buenas noticias de las vacunas y el enorme esfuerzo desplegado para ello, así en la atención a los enfermos, seguimos sufriendo un alto nivel de contagios. Ahora recuerdo el chiste que alguien publicó en Facebook a finales de diciembre:  

─Si alguien llora el día 31 porque se va el 2020, ¡lo mato!

¿Creíamos que el virus macabro desaparecería milagrosamente al terminar el año? Aunque ser positivos, esperar lo mejor y levantar plegarias fervorosas confiando en el poder y el amor de Dios era lo mejor que podíamos hacer, ¡qué ilusos fuimos! Otro chiste ingenioso fue el del gato que mirando para el exterior de la casa, decía:

─Este 2020 no lo tomaré en cuenta porque no he podido vivirlo.

Así llegó el esperanzador nuevo año y pareciera que se abrió la caja de Pandora. Números crecientes de enfermos y muertos cada día y aunque guerra avisada no mata soldados ─sabíamos que venía llegando porque al igual que la pandemia sucede igual en muchos países─; ahora resulta que los cristianos somos los culpables y los promotores del odio, la violencia de género y la mentalidad extremista, discriminatoria y opresiva. ¡Vivir para ver! Cuando en noviembre de 1965 me vi cómo sardina en lata sobre un camión cargado de homosexuales, cristianos, testigos de Jehová, otros religiosos y personas de disímiles maneras de pensar y actuar ─clasificados todos lacra social─, ¿cómo imaginar esto que viviríamos seis décadas después?

Al llegar al campamento UMAP, fuimos amenazados que no saldríamos de allí a menos de que abandonáramos nuestra conducta errada. ¡Cuánto me agradaría que los homosexuales con quienes compartimos aquella experiencia, pudieran contar cuán buena amistad hicimos! Cuando después de tres meses se nos permitió recibir visitas, sin ningún reparo invitábamos a nuestros amigos a compartir con nuestros familiares sin la menor sombra de desprecio o discriminación. Trabajamos juntos codo a codo hasta que ellos fueron internados aparte en campamentos exclusivos para ellos; y no fuimos los cristianos quienes les apartamos así. De verdad, ¿ahora queremos garantizar todos los derechos para todas las personas? Cierto es que no hay derecho para discriminar, maltratar o agraviar a alguien aunque no compartamos la ideología en la que fundamenta su conducta. Pero ¿cuál es el derecho de acusar públicamente a algunos cristianos de extremistas y fundamentalistas sin permitirles siquiera explicar, también públicamente, lo que en realidad creen?

Nadie piense que me he desviado del tema de la paciencia en tiempos de pandemia pues todo forma parte del mismo escenario. De modo que la palabra paciencia en el pasaje de Hebreos 12:1-2 citado al principio de esta reflexión, es traducción de una palabra griega que anima a permanecer de modo invariable ante las pruebas, las aflicciones, las persecuciones o incluso bajo la disciplina de Dios por causa de nuestros errores y pecados. Por lo cual se puede traducir también como perseverancia. En este pasaje la palabra paciencia no se refiere a aceptar y sufrir las circunstancias tal como son sino a dominarlas. Ser paciente no es paralizarse ante los obstáculos sino enfrentarlos con esperanza y fe, incluso en los peores momentos. Es la constancia inalterable ─perseverancia─, que se mantiene hasta alcanzar la meta.

Todos hemos sufrido enfrentando tanta enfermedad, riesgos, aislamientos y carencias múltiples; no solo de alimentos y medicamentos necesarios sino de facilidades que nos permitan una mejor vida. Por demás, la permanencia de la pandemia junto a otras condiciones que enfrentamos desde hace tiempo lo vuelve todo más agobiante. Es por eso que nos preocupa muchísimo escuchar desde los medios masivos reiteradas acusaciones por nuestra posición ante el enfoque de género, sin que podamos explicar en las mismas plataformas cuál es en realidad nuestra opinión al respecto. Una verdadera cultura de diálogo es una asignatura todavía pendiente, incluso dentro de los mismos cristianos, ya que a veces lo que exigimos de otros no estamos dispuestos a hacerlo nosotros mismos. Necesitamos aprender a presentar nuestros criterios y escuchar qué piensan y opinan los demás en un ambiente libre de acusaciones y faltas de respeto.     

El texto bíblico citado presenta a los creyentes actuales batallando por la fe mientras desde las gradas de la historia nos observan los héroes bíblicos de antaño. ¿Qué querrá decir despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia (12:1)? En tiempos como estos, solo viviendo en santidad y total dependencia de Dios es posible llegar a la meta victoriosos, conscientes de lo que Jesús hizo por nosotros. Encuentro fabulosa la frase contradicción de pecadores contra sí mismo refiriéndose a Cristo. Otras traducciones dicen: quien soportó una oposición tan fuerte de parte de los pecadores. Ignoro por qué nos extrañamos y ofendemos cuando enfrentamos oposición por nuestra fe. ¿Acaso no dijo el Señor si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán (Juan 15:20)? ¿Queremos el aplauso del mundo? Si ese es nuestro interés, estamos en el bando equivocado.

Tampoco podemos olvidar que la paciencia, junto al amor, gozo, paz, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza, constituye lo que la Biblia llama fruto del espíritu (Gálatas 5:22), En este caso, el significado de paciencia es longanimidad, y se refiere a nuestra actitud para sobrellevar, valorar, tolerar y relacionarnos con los demás. Aunque seamos maltratados, criticados, odiados o perseguidos, el Señor Jesús dejó bien claro lo que sus seguidores deben hacer: Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir el sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos (Mateo 5:44-45). ¿No te gusta este versículo bíblico? Te entiendo perfectamente porque a mí tampoco. No obstante, pienso que no puedo agarrar de la Biblia lo que me conviene y echar a un lado lo que no. ¿Sabes qué creo? Con frecuencia proclamamos ser seguidores absolutos de Cristo… cuando solo somos caricaturas. Nos falta mucho todavía. Por lo tanto, debiéramos ser más generosos con quienes nos critican.  

Puedo confesar que al menos, lucho por aprender a orar sincera y amorosamente por quienes me ultrajan y persiguen antes del día en que Dios me llame a su presencia. Si en verdad lográsemos orar así, tanto por nuestros acusadores como por las situaciones que nos atormenten y agoten nuestra paciencia ─como esta pandemia y sus consecuencias─, sentiremos que poco a poco iremos creciendo en gracia e imitando a aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas (Hebreos 6:12b).

Los cristianos tenemos grandes pretensiones, pero nos miramos muy poco en el espejo de Cristo.