Un refrán muy común en nuestro idioma es: “Pueblo chiquito, infierno grande”. Con él pretendemos decir que en una comunidad pequeña, donde todos se conocen bien, ante cualquier acción o conducta se generan juicios y comentarios sobre la vida de cualquiera; los cuales no siempre son del todo ciertos, aunque tengan parte de razón.
En un pequeño pueblo cubano vivía una mujer cuya vida siempre estaba en boca de todos. Había quedado viuda muy joven debido a circunstancias muy dolorosas y estaba criando sola a sus pequeños hijos. Bastó que uno o dos hombres se acercaran a ella para que adquiriera una terrible reputación y fuera censurada y despreciada por todos.
Cuando mi esposa y yo le conocimos, descubrimos que era una mujer angustiada que solo estaba buscando apoyo en quien se lo brindara. Su lucha por la vida y su necesidad de compañía le habían conducido a una situación muy vulnerable psíquica y emocionalmente. Estaba al borde de un colapso nervioso, buscaba sostén en cualquier camino posible y estaba cayendo lentamente en un resquebrajamiento moral. Cuando le presentamos el evangelio de Cristo, comprendió lo que podría significar para su vida y se entregó al Señor con todo su corazón…
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Es muy difícil encontrar la fuerza interior para abandonar las costumbres y hábitos que nos han dañado o dominado por mucho tiempo. ¿Hay esperanzas para alguien que viviendo una vida desordenada desee enderezar su camino? Un refrán que se repite mucho en Cuba y en algunos países de Latinoamérica pretende enseñar que no: “Árbol que nace torcido, jamás su tronco endereza”. Tanto se repite que tiende a aceptarse como una verdad absoluta y sin remedio. Otras veces las personas porfían “yo soy así” o peor aún: “Dios me hizo así” indicando con ello que todos, incluso ellos mismos, deben aceptarse como son porque la posibilidad de cambio es inexistente.
Si bien es cierto que dejar hábitos y costumbres de vida es un proceso difícil y a veces doloroso, no hay dudas de que sí es posible. Nadie, absolutamente nadie, debe pensar que no hay posibilidad de mejorar la conducta y abandonar costumbres que han desviado la vida del buen camino. Sin embargo, millones de personas en este mundo, al arrepentirse de sus pecados y aceptar a Cristo han iniciado un proceso que les conduce a vivir una vida diferente. Muchas de estas personas tienen historias impresionantes que te contarían con agrado si te acercas a ellas y les preguntas…
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Parque José Marti en la ciudad de Cienfuegos, Cuba
Algunas personas que escuchan el mensaje del Evangelio, piensan que ya no tienen posibilidad de recibir el perdón de Dios. Pero lo cierto es que la Biblia enseña que Dios es rico en misericordia. El Salmo 103 nos asegura que Él es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias, el que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y misericordias (3-4). Asegura además que: Misericordioso y clemente es Jehová; lento para la ira y grande en misericordia; no contenderá para siempre ni para siempre guardará el enojo (8-9).
El apóstol Pablo, al escribir su primera carta a la iglesia de Corinto, hablando de conductas desviadas y pecados escandalosos, les dice: Y esto erais algunos; más ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios. Con ello pretendía explicar que cualquier conducta humana podía ser perdonada y transformada por el poder del Espíritu de Dios…
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¡Cuán dura es la prueba que estamos atravesando a causa de la pandemia que nos azota! Sin lugar a dudas, podemos afirmar que la COVID-19, se ha tornado en una prueba típica de los principios de dolores que vendrían sobre la humanidad, tal como fue profetizado por el Señor Jesucristo. La horrible pandemia ha afectado al mundo entero, provocando no solo muertes e infecciones; sino también bancarrotas, desempleos, disturbios sociales, trastornos psicológicos, distanciamiento familiar, cierre de los templos con sus actividades públicas. Al menos de modo temporal, se han frenado nuestros proyectos más importantes.
Como líder evangélico, siento la carga que pesa sobre nuestros hombros, al tratar de dar respuesta a la ansiedad que provocan estas jornadas en el corazón de nuestros obreros y miembros de las congregaciones. Todos estamos ávidos por saber cuándo acabará esta tormenta.
Envuelto en este panorama, he comprendido que nuestro deber, no es buscar el “por qué”, sino el “para qué”; es decir, el sentido de la prueba. Siguiendo esta idea, encontré 10 sentidos de la prueba, que revelan la manera en que la misma está obrando en nuestro medio:
1. Llenando de paciencia a los creyentes, cualidad tan necesaria para la vida presente; así como para la espera del día del Señor.Y no sólo esto, sino también nos gloriamos en nuestras tribulaciones, sabiendo que la prueba produce paciancia; y la paciencia; prueba; y la prueba, esperanza (Romanos:5:3-4). Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna (Santiago 1:2-4).
2. Mostrando a los fieles el poder de Dios para sostener; sanar y suplir toda necesidad, en un mundo lleno de carencias de alimentos y medicinas.Porque los brazos de los impíos serán quebrados; mas el que sostiene a los justos es Jehová (Salmo 37:17). Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús (Isaías 53:5).
3. Enseñando a cada uno a amar al prójimo y a compartir con sus hermanos, tal como hacían los primitivos cristianos.En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir (Hechos 20:35). Y de hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios (Hechos 13:16).
4. Impulsando a los líderes a utilizar nuevas formas de predicar, para acelerar la evangelización del mundo.Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin (Mateo 24:14) Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura (Matel 16:15).
5. Probando nuestra integridad en lo íntimo y en lo secreto, en un momento cuando no tenemos vida cristiana pública.Y Jehová dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal, y que todavía retiene su integridad, aun cuando tú me incitaste contra él para que lo arruinara sin causa? (Job 2:3). Porque sol y escudo es Jehová Dios; gracia y gloria dará Jehová. No quitará el bien a los que andan en integridad (Salmo 84:11).
6. Zarandeando el trigo perteneciente al granero de Dios, para extraerle la cizaña.Su aventador está en su mano, y limpiará su era; y recogerá su trigo en el granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará (Mateo 3:12). Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero”. (Mateo 13:30).
7. Eliminando dentro del pueblo de Dios, todo sentido de competencia y arrogancia.Unánimes entre vosotros; no altivos, sin asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión (Romanos 12:16). Y tal confianza tenemos mediante Cristo para con Dios; 5no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios (2 Corintios 3;4-5).
8. Confundiendo a los necios, que han vivido jactándose en sus vanos razonamientos y huecas filosofías.Dice el necio en su corazón no hay Dios (Salmo 53: 1). Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido (…) Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen (Romanos 1:21;28).
9. Forjando líderes maduros, sensibles y pasados por el fuego, los cuales trabajarán en la última hora de la cosecha, previo al levantamiento de la iglesia.Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo (2 Timoteo 2:3). Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas (2 Corintios 4:17-18).
10. Preparando a la iglesia para el día glorioso del encuentro en las nubes con su Señor, quien viene a librarla de la hora de prueba que ha de venir sobre el mundo entero.Luegonosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor (1 Tesalonicenses 4:17). Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra (Apocalipsis 3:10).
Moisés Rodríguez Matos, Pastor de la Iglesia Pentecostal “Confianza en Dios” en el Reparto Vieja Linda, La Habana
Recordemos que, a más prueba, más gloria, más paciencia, más fe, más esperanza; por tanto, vivamos la etapa actual con estabilidad plena, pues a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien. Éste es el verdadero sentido de la prueba. Peter Marshal, pastor y capellán del senado nortemamericano (1902-1949), dijo:
«Mientras suspiramos por una vida sin dificultades, nosotros debemos recordar que el roble crece fuerte a través de los vientos contrarios y que los diamanres están formados bajo presión».
Baracoa, la Ciudad Primada de Cuba, al fondo la montaña del Yunque, y a lo lejos, la Sierra Cristal.
Si tal como Jesús enseñó la calidad de la vida del hombre no depende de sus posesiones, algo anda mal en muchos de nosotros, ya que consideramos que no tener todo lo que deseamos es un verdadero motivo de infelicidad. Está claro que vivir en la pobreza no es motivo de dicha alguna. ¡Todo lo contrario! El gran problema es que a veces todas las metas de la vida están concentradas en el logro de cierto estatus económico y el esfuerzo por conseguirlo consume totalmente nuestro tiempo y nuestras fuerzas. ¿Cómo hallar el balance necesario que nos permita vivir una vida mejor, con condiciones dignas y confortables, sin caer en el exceso o la sobrevaloración de lo material o económico?
Cuando Jesús dijo: “Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” estaba advirtiéndonos que centrar nuestra vida en el dinero o las posesiones solo logra volvernos cada vez más avariciosos. Fuimos creados para algo más que llenarnos de muebles u objetos por muy convenientes que sean. Fuimos creados para Dios, y lo único que llena nuestro corazón es una profunda relación con Él…
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Le conocí en 1966 en un campamento UMAP en “Las Marías” donde estábamos siete alumnos del Seminario Bautista de La Habana. Paradójicamente, expulsado de la universidad en 1965 y truncados sus anhelos de ser médico debido a su fe, fue designado como sanitario a cargo del local de la enfermería para cuidar la salud de los allí confinados.
Líder nato como era, enseguida se convirtió en el mentor de nuestro grupo. No lo logró por ser un poco mayor que nosotros ni por su audacia intelectual, la cual fascinaba a todos. Nos cautivó más todavía su espiritualidad profunda y eminentemente bíblica; a veces atrevida, sí, un poco pragmática e irreverente. No obstante, tales características suyas nos ayudaron mucho a conservar nuestra fe en aquel lugar horrendo.
Con él aprendí a jugar ajedrez y leí por primera vez a Don Miguel de Unamuno. En dicho campamento estuvimos juntos apenas un año, en el cual desarrollamos una amistad profunda. Allí ambos planeamos casarnos con nuestras respectivas novias en la misma fecha cuando nos dieran el primer pase. Él y María lo harían en San Luis (antigua provincia de Oriente) y nosotros en Ciego de Ávila, antigua Camagüey. Viajaríamos de luna de miel a La Habana y coincidiríamos al otro día en el Hotel Riviera. Tales sueños nos permitieron sobrevivir durante la larga y terrible zafra de 1966, cuando los reclutas UMAP trabajábamos desde el amanecer hasta la media noche.
Cuando llegó la fecha del pase, en el cual el grupo de bautistas esperábamos salir juntos, el jefe de la unidad canceló el mío la tarde anterior, aunque sabía de la boda programada. No averiguó cuán cierta o no era la acusación que un recluta me hizo. Me humilló frente a toda la tropa y destruyó la ilusión de casarme tres días después. Algunos reclutas ─Rubén el primero de ellos─, intentaron defenderme, pero no se les permitió. Más tarde, cuando cerca de la media noche daba vueltas angustiosas en mi litera sin poder dormir, él se acercó y me dijo:
─Duerme tranquilo, todos los oficiales dicen que es injusto. Ten fe. Verás que mañana se arregla.
Me dormí, pero no se arregló. Imposible olvidar el abrazo silencioso de Rubén y la angustia de su mirada cuando nos despedimos al amanecer. Le rogué que llamara a Miriam y le informara lo sucedido. Y viví la mañana más horrenda de mi vida trabajando en el campo después que mis compañeros salieron de pase. ¿Cómo era posible que una acusación infame impidiera sueños tan largamente acariciados?
Pero Dios… ¡es Dios! Y ocurrió el milagro. No por bondad de los jefes sino por sucesos imprevistos, sorprendí a Miriam llegando a su casa justo después de que ella recibiera la llamada de Rubén. ¡Apenas podía creerlo! Nos casamos en la fecha fijada y al día siguiente, ya instalados en el Hotel Riviera, llamé al cuarto de Rubén y María. Minutos más tarde estábamos juntos tal como planeamos, muy felices y riéndonos de los trabajos y aflicciones que sufríamos en Camagüey. Sabíamos que pese a todo, los planes de Dios nunca pueden ser estorbados.
Después de las UMAP, ellos emigraron a España y nosotros quedamos en Cuba. Allá él se hizo médico y marcharon luego hacia Estados Unidos. Nuestros encuentros posteriores fueron pocos, breves e impredecibles, más la distancia física jamás borró la cercanía afectiva que nos permitió forjar sueños e ilusiones comunes, vencer frustraciones, injusticias y desesperanzas. Entre los incontables valores que iluminaron la vida del Dr. Deulofeu, brilló el de ser un fiel amigo, abierto, franco, generoso, leal y disponible. Envejecimos encontrándonos esporádicamente con varios años de por medio, pero su abrazo, como aquel del día nefasto en Las Marías, no necesitaba palabras para demostrar sus sentimientos. Seguro estoy de que muchos concuerdan conmigo: ¡él sabía ser amigo!
Del mismo modo que un himno antiguo proclama que no hay amigo como Cristo; los que tuvimos el privilegio de ser amigos del Dr. Deulofeu, también podemos decir igual: no hubo amigo como él. La amistad con Rubén nos ayudó a ser mejores.
A un año ya de su partida el 13 de abril del 2020, continúo agradeciendo a Dios la fructífera vida de mi inolvidable amigo y amado hermano en Cristo. Como muchos de nuestra generación ya están marchando uno tras otro a la casa del Padre, ¡cuán bueno es saber que un amigo como él también nos espera tras las puertas eternas!
Cuando el apóstol Pablo llegó a la ciudad de Atenas, ya era famosa por el interés en el arte y la intelectualidad que se respiraba en la ciudad. Atenas era como la capital universitaria del mundo y todo el que tenía ansias de saber anhelaba llegar a allí. En esa época, la ciudad era lo que son hoy Nueva York, París, Londres y otras más para el mundo contemporáneo.
Con las ansias que todos tenían en Atenas de escuchar algo nuevo, las primeras palabras de Pablo fueron bien acogidas. Pero cuando habló del arrepentimiento, del juicio venidero y otras doctrinas cristianas, los atenienses perdieron todo interés. Realmente la visita a Atenas, comparando con otros lugares donde Pablo predicó fue un fracaso. Allí solo unos pocos creyeron. Los atenienses estaban interesados en todo tipo de conocimiento, pero no en el sencillo evangelio de Cristo y las enseñanzas de la Palabra de Dios.
Algo del espíritu de Atenas merodea en nuestra sociedad contemporánea… Deslumbrados por la tecnología, la libertad para seguir cualquier estilo de vida y la búsqueda interminable de nuevas sensaciones, hoy casi todos andan detrás de ideas nuevas y aunque estamos en un mundo secularizado, el placer, la riqueza, millares de aparatos electrónicos y la realización personal del individuo, sobre todo esto último, son como dioses que reclaman la adoración de muchos…
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La conocimos recién llegados a Pinar del Río, en agosto de 1974, para servir en la Iglesia Bautista Nazareth. Al visitarla por primera vez, no imaginamos que su hija menor, aún en la cuna, llegaría a ser esposa de David, nuestro hijo mayor. No obstante, ella y sus hijas fueron nuestra familia desde entonces. Dámaris y Clara Teresa crecieron junto a nuestros hijos, sentados juntos en los bancos de la iglesia, siempre identificados, al tanto unos de los otros, como presintiendo que seríamos una verdadera familia no solo por la fe, sino por sangre, cuando compartiéramos hijos y nietos en común.
Foto realizada cuando estudiaba en la WBU
Con su sonrisa, la serenidad y la paz habitual de su rostro, ella jamás faltó ─ni sus dos hijas─ a ninguna actividad de la iglesia, que eran casi diarias. Y como no le agradaba mucho salir a otros lugares, permitió que las niñas crecieran yendo con nosotros dondequiera, al campamento, a excursiones, reuniones y actividades en todas partes. Siempre sentimos su cariño inalterable, su respeto y su confianza. Si sus hijas estaban con nosotros, ella era feliz y nosotros también.
De joven, partió a estudiar en los Estados Unidos y regresó a Cuba graduada de Wayland Baptist University en agosto de 1959. A pesar de que profesar la fe cristiana y ser educador en Cuba llegó a ser una proeza casi imposible, ella logró desempeñar su magisterio en lengua inglesa hasta su retiro; siendo una teacher muy respetada y querida. Como su fidelidad al Señor fue incuestionable, jamás ocultó su fe ni su compromiso con la Iglesia Bautista Nazareth de Pinar del Río. Allí fue líder indiscutible, cantó en el coro, fue maestra de la Escuela Dominical tanto en el templo como en el Reparto Galeano cuando se inició allí la obra. También sirvió como diaconiza y atendió el ministerio de la Tercera Edad. Miembros como ella ─que no eran pocos en aquella bendita iglesia─, son una bendición inigualable para sus pastores. Su espíritu apacible pero firme y la vez pacífico y confiado, siempre brilló. Aun en los peores momentos.
¿Cómo olvidar la tarde en que, desesperado y temeroso, corrí al hospital al conocer que Dámaris había sido arrollada por un tractor y tenía pocas posibilidades de sobrevivir? ¿Cómo consolar a Zoila? ¿Qué decirle ante la posible muerte de su hija de doce años? Al encontrarla sentada completamente sola, esperando cerca de la sala de cirugía, confieso que me angustié. Apenas atiné, llorando como un niño, a abrazarla fuertemente. Zoila, con su paz y serenidad habitual… ¡me consoló!:
─Tranquilo, pastor, no se ponga así. Por un tiempo pensé que no tendría hijos y tuve a Dámarita siendo mayor. Por lo tanto, al nacer se la entregué al Señor. Estoy confiada. Si él quiere, sobrevivirá a la operación. Si no, le daré gracias por el tiempo que me la dio. Y repitió: Jehová dio y Jehová quitó. Sea el nombre de Jehová bendito (Job 1:21). Quedé mudo ─¿y por qué no decirlo?─, avergonzado. Ella tenía más fe y comprensión de los designios divinos que su joven, inexperto y presuntuoso pastor; pues conocía y seguía a Cristo desde antes de que yo naciera. Dámaris sobrevivió para sorpresa y gozo de todos.
Como su pastor durante muchos años, siempre la vi actuar con la misma sencillez, entereza, serenidad, paz y espíritu cristiano ante todos los acontecimientos de su vida. Así afrontó la la enfermedad y muerte de su madre, de su esposo, de una hermana y la separación de otras dos de ellas, a quienes amaba mucho y emigraron desde muy jóvenes. Su profunda y vital fe le permitía afrontar la vida y sus problemas con serenidad.
Ya anciana y con 93 años, su salud perdida y tras dos meses encamada, un día advirtió a sus hijas:
─No le pido a Dios que me lleve porque eso sería un pecado, pero ya no tengo fuerzas…
Ella creía que llegamos a este mundo con los días contados y que nadie muere la víspera. Por lo tanto, siguió afrontando sus últimas, largas y difíciles semanas de vida con la paz y serenidad conque siempre vivió. Si es cierto aquello de que cada cual muere como vive, Zoila lo hizo. Con tranquilidad admirable, sin quejas ni lamento alguno, esperó su día. ¡Qué mujer de Dios! Cuando le leían la Biblia repetía versículos de memoria a pesar de no tener fuerzas suficientes ni para conversar o quejarse, tras haber sufrido daños cerebrales. ¿Cómo se explica? Solo la fe y el Espíritu Santo.
Hoy, 21 de abril, antes de alcanzar su lecho los primeros rayos del sol, Dios llenó de gloria el amanecer de Zoila llevándola a Su Presencia. ¿Por qué lloro mientras escribo estas líneas si durante tantos días le pedí al Padre le concediera el descanso merecido? Sí, siento gratitud por su vida y también por su partida, y toda nuestra familia también. La despedida, no obstante, siempre es desgarradora, sobre todo si quien parte deja tras sí una estela tan larga y digna, una vida de fe, amor y obediencia sin límites.
¡Gracias, Señor amado, por la hermosa y bendita vida terrenal de Zoila Rodríguez Alonso!
Al venir Jesús nos veremos a los pies de nuestroSalvador. Reunidos todos seremos un redil con nuestro buen pastor.
Cuando mis luchas terminen aquí y ya seguro en los cielos esté.Cuando el Señor mire cerca de mí, ¡por las edades mi gloria será!Esa será gloria sin fin, gloria sin fin, gloria sin fin, Cuando por gracia su faz pueda ver, por las edades mi gloria será.
Cuando por gracia yo pueda encontrar en sus mansiones moradas de paz.Y que allí siempre su faz pueda ver ¡por las edades mi gloria será!Esa será gloria sin fin, gloria sin fin, gloria sin fin, Cuando por gracia su faz pueda ver, por las edades mi gloria será.
Gozo infinito será contemplar aquellos seres que yo tanto amé. Más la presencia de Cristo gozar, ¡por las edades mi gloria será! Esa será gloria sin fin, gloria sin fin, gloria sin fin, Cuando por gracia su faz pueda ver, por las edades mi gloria será.
HImno: Cuando mis luchas terminen aquí, letra y música de Charles H. Gabriel
Parque Central de la ciudad de Manzanillo, provincia Granma, Cuba
Hoy narraré otra historia que como las anteriores, es el relato de alguien que creyó en Dios en su juventud y después profesó incredulidad. La diferencia es que Rosa no esperó los últimos momentos de su vida para tomar el camino de regreso. Su decisión fue costosa y difícil, pero le permitió expresar su fe y gozar no solo de una comunión renovada y vital con su Dios, sino del compañerismo cristiano que tanto necesitaba.
Rosa fue creyente muy activa durante su adolescencia. Según contaba más tarde, esos fueron los años más felices y hermosos de su vida. Pero se enamoró de un hombre incrédulo y abandonó la fe casándose con él. Poco a poco fue introduciéndose en un ambiente de incredulidad total, rechazo a la religión y especialmente a los cristianos.
Maestra de profesión, fue directora de una secundaria donde se destacó no solo por su capacidad y eficiencia sino porque era dura con sus jóvenes alumnos que manifestaban ser creyentes. Se burlaba de ellos públicamente, y como decimos los cubanos, “les ponía la cosa difícil” a los cristianos en su escuela.
Pero la historia de Rosa cambió un día…
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La entrada de la bahía de Santiago de Cuba. A lo lejos las montañas de la Sierra Maestra
José fue el único hijo de un pastor evangélico. Creció corriendo en los salones de la iglesia, escuchando predicar a su padre y observando las oraciones de su madre. De niño, asistió semanalmente a la escuela dominical y se educó en un famoso colegio presbiteriano. Al igual que mi padre y muchos más, José abandonó la fe en los primeros años de su juventud. Cuando le conocí ya era adulto y yo desconocía su historia personal. Para mí, él era un hombre de bien, estudioso y amante de la historia, muy de su casa y su familia, pero se declaraba totalmente incrédulo.
Cuando supo que estudiaba en el Seminario, José me invitó a su casa. Me contó su origen evangélico y las razones por las que abandonó la fe. Me enseñó muchos libros cristianos que aún conservaba, y me dijo:
–Llévate los que desees, ya que para mí no significan nada.
Años más tarde, cuando José ya era anciano, fui a verlo porque me sorprendió escuchar que visitaba con cierta frecuencia una de nuestras iglesias…
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